07 junio 2013



Rachid Maimouni, zejelero en volandas.



                              Por: Ahmed Mgara

En segundas nupcias, un zejelario vuelve a reincidir en los vergeles expresivos de uno de los zejeleros más verticales e incisivos de la actualidad. Cada cual dice lo que le place, cada loco con su tema y otras metáforas similares resumen una producción nacida del alma y llena de movilidad e inquietudes variopintas. Rachid Maimouni vuelve a deleitarnos con un segundo zejelario, un nuevo ramillete plagado de mensajes, vivencias, moralejas y testimonios, poesía breve pero con signos de perdurabilidad y rasgos de eternidad por el fulgor de la expresión y la musicalidad en los perfumados sentimientos.
Rachid Maimouni suelta las riendas a sus sentirmientos sacando la sensualidad de sus entrañas al coso de la realidad con lúcidas expresiones. Nos deja descubrir grandes valores e innumerables vivencias de eras pretéritas en un reencuentro con épocas  ya desfasadas por las olas de la edad. Pero actualizando su mugriento olvido poniéndolo en pedestales de metales preciosos con diestra y nata maestría, propia de los seres sinceros.
La sublime sencillez del léxico delata los valores altivos del zejelero tetuaní al emplear un iris de musicalidades expresionales que nacen en el recuerdo y en la nostalgia, para atar amarras en reconciliaciones del lector con su propia identidad, o lo que es lo mismo, nuestro poeta compone por y para nosotros, haciéndonos descubrir nuestro propio pensamiento, nuestras propias vivencias de tiempos lejanos y de instantes actuales.
Más que zejelario, este pergamino del alma es un abanico de recuerdos, una ocasión para dispersar sobre el tapete blanco del zejelario toda una serie de vivencias efímeras. También delata los momentos actuales del entorno de nuestro poeta desde su perspectiva de miras. Todo ello, lleno de espiritualidad, sencillez y sufismo caudaloso.
Maimouni derrama sentimientos hacia el entorno, reconocimientos a quienes se los merecieron, denuncia injusticias sociales, celebra con euforia logros de otros, agradece los mínimos detalles de quienes le rodean, entona sus románticas visiones del entorno…y, en definitiva, ahonda en las alturas del sentimiento con connotaciones plausibles.