30 junio 2015

SEQUEMOS LAS ESPALDAS.

 Por Ahmed Mgara / del libro "Réquiem en Tetuán"
 / Estrechando 2014.

Al alma de cuantos perdieron la vida intentando cruzar de una orilla hacia la de enfrente durante trece siglos. Al alma fresca de los «espaldas mojadas » del Estrecho.


Soltad al mar las amarras
y dejad en las olas sus negruras.
Decídles a quienes me esperan
que no han de esperar,
que en la mar las olas mandan
en quién desea regresar.
A lomo de nubes el sol se aleja,
mi « PATERA» ataúdes ensancha.
denle a mi novia esta alianza
y el juramento que le di al esposarla,
que, tantas olas y tanto rugir en la mar,
no me gustan nada.
Dejad que los remos abran caminos
sobre la espumosa ira del Estrecho,
que nos alejen de las  rocas y arenas
de Africa y de los acechos.
Decidle a mi madre, si no vuelvo,
que bendiga, de mi ataúd, cada clavo.
Y, si llego, la enviaré a la Meca

para que rece por mi destino.

29 junio 2015

MUJERES Y POETISAS DE AL-ANDALUS.
                                            Por ANA HERRERA.

II parte.

Elegía de Boabdil a la pérdida de la Alambra (1492)
                                   Último suspiro de la Lírica arábigo andalusí

                                   Alambra amorosa, lloran tus castillos
                                   o Muley Vuabdeli, que se ven perdidos.
                                   Dad mi cavallo, y mi blanca adarga
                                   para pelear y ganar la Alambra;
                                   dadme mi cavallo y mi adarga azul
                                   para pelea, y librar mis hijos.
                                   Guadix tiene mis hijos, Gibraltar mi mujer.
                                   Señora Malfata, hecisteme perder.
                                   En Guadix mis hijos, y yo en Gibraltar;
                                    señora Malfata, hecisteme errar.

 Historia de Aixa(o Fátima) apodada “la Horra”(“la Honesta”), madre del último rey de Granada. Es sin duda, una de las personalidades femeninas más célebres de la historia de al-Andalus. Procedía de la familia real y debía de gozar de considerable patrimonio y prestigio por si misma, que explicarían su notable influencia pública posterior. Fue durante unos veinte años la sultana consorte del rey Abul-Hasan Alí, con el que tuvo dos hijos varones y una hija. Pero el sultán se enamoró de una esclava cristiana con la que tendría dos hijos varones, hasta tal punto que acabó por desbancar a Fátima de la condición de sultana y confinarla en habitaciones menos regias. Los celos, la rivalidad entre las dos mujeres, el temor por la sucesión de sus hijos llevaron a Aixa a participar con la facción aristocrática de los Abencerrajes en una conspiración para destronar a su esposo y poner en su lugar a su hijo Boabdil. Tras liberar a éste de una de las torres de la Alhambra, donde su padre lo tenía preso, Aixa incitó a Boabdil y su hermano a huir a Guadix, donde el primero fue proclamado rey. Poco después, tras una sangrienta guerra civil, Boabdil era proclamado rey de Granada. Aixa volvió a intervenir con tenacidad y firmeza, cuando su hijo cayó prisionero de los cristianos, y ella negoció su liberación. Frenó las pretensiones al trono de El Zagal, su cuñado, y se convirtió en el alma de la resistencia contra las tropas cristianas. Cuando la ciudad se rindió a los Reyes Católicos el 2 de enero de 1492, Aixa partió al exilio con su hijo, primero a la Alpujarra, y después, a la ciudad marroquí de Fez, donde seguramente le sobrevendría la muerte. En suma, Aixa luchó por sus derechos y los de sus hijos con una firmeza inusual en una mujer del siglo XV. La leyenda le atribuye la famosa frase de recriminación contra su hijo: “Llora como mujer lo que no supiste defender como un hombre”.

A mediados del siglo VIII ya se pueden describir las bases de la sociedad hispanomusulmana, que estaría estratificada más o menos así:
-El elemento sirio-árabe, que ocuparía la cúspide de la pirámide social andalusí.
-El elemento bereber, que, procedente del Magreb, ocupaba el escalón inmediatamente inferior en la jerarquía social.
-Los mawali, un grupo bastante heterogéneo, donde se mezclaban individuos autóctonos de la Península con libertos procedentes del Este europeo o del África subsahariana. Fueron protegidos de los poderosos, a quienes apoyaban a cambio de su protección.
-Los judíos, que formaban una clase muy poderosa económicamente y controlaban importantes sectores del comercio y de la industria.
-Los muladíes(individuos de ascendencia hispana convertidos al Islam) superaban abrumadoramente en número a las mozárabes (que conservaban su religión y costumbres cristianas).
-Los esclavos: son de procedencia étnica muy diversa.
-Los moriscos: esta palabra designa comúnmente a los habitantes del reino de Granada que fueron obligados a convertirse al cristianismo. Este nombre sería igualmente aplicado a los mudéjares castellanos (término del siglo XV) convertidos al cristianismo. “Morisco” es un término que remitirá a todos los cristianos nuevos. Se quedaron en España hasta la expulsión definitiva a principios del siglo XVII.

En este conglomerado étnico, el amor por la lectura y por los libros han sido dos pasiones de los andaluces. Pensaban que se podía confiar en un libro como en un verdadero amigo. Los orígenes de la literatura árabe son orales. La poesía, la narrativa, la prosa rítmica se transmitían por medio de “rapsodas” que se sabían los textos de memoria. A través de la enseñanza superior: el maestro leía la obra, la comentaba e incluso la dictaba. Y en las tertulias literarias se leían y se recitaban las obras. También se cultivó la escritura. Si hablamos de la psicología del andaluz, a las virtudes de fuerza y acción (ideal islámico) le sustituyen en al-Andalus las cualidades de dulzura, humildad, ternura, reflexión, ensueño y gusto por las cosas del espíritu; sentido de la mesura y digna serenidad; y  estoicismo senequista. A través de la creación poética se reflejarán muchas de estas cualidades. El pueblo árabe es un pueblo de poetas. El campesino canta para olvidar las duras faenas del campo y ello da a la poesía un carácter bucólico que la relaciona con el género geórgico a anacreóntico de Grecia y Roma. Entre las clases altas la poesía sirve como evasión de las preocupaciones, inquietudes, o como reflejo de una sensualidad que todo lo impregna (los soberanos celebraban tertulias con los poetas de su corte). La poesía en al-Andalus será, en un principio imitadora del modelo oriental, ligada al poder como instrumento de propaganda; los poetas se convertían en una especie de funcionarios del estado. Los primeros poemas árabes son todavía el canto del camellero. Destaca un amor profundo por la naturaleza, que se transforma en tema predilecto de los poetas de al-Andalus. Los poetas hispanomusulmanes describieron, además, los lugares en los que transcurrió su infancia o aquellos que recorrieron durante su vida errante. Se podría hacer un itinerario poético por toda una geografía urbana de ciudades. Son los poetas del ambiente, del atardecer, de la noche, de la aurora. Y en este universo literario, la palabra poética ha creado a la mujer y al amor, temas preferentes en la lírica de al-Andalus. La mujer, pese a las coacciones religiosas, ocupaba un lugar preponderante. Gozaba de más libertad que en otros países sujetos al Islam, fruto del influjo de las costumbres cristianas (ejemplo Wällada). Esta libertad nos permite comprender mejor la existencia de poemas en los que se canta, junto a la belleza física, en descripciones llenas de sensualidad, las cualidades morales de la mujer. A la mujer se le compara con la gacela, el antílope, la duna, el arbusto o el suelo arenoso. En todos ellos, se observa un verdadero culto a la mujer. Pero el poeta andaluz también se lamenta  ante los desdenes de la amada. Sufre dolor de amor. La mujer se convierte muchas veces en un ser inalcanzable, y el amor en un deseo insatisfecho. Estamos ante una concepción del amor cortés que alcanzará su plenitud en el siglo IX en la élite de una sociedad refinada, convirtiéndose en claro precedente de la lírica provenzal. En conclusión la variedad temática de la poesía amorosa era muy extensa: desde la pasión que consume hasta simple juegos eróticos; desde manifestaciones de sumisión a la amada, hasta la más espontánea sensualidad o idealismo. El sentimiento amoroso se asocia al tema de la albada o aurora, que interrumpe los amores, y a los poemas llamados “gazal” donde la descripción de jardines, los árboles, los arbustos, los surtidores, la  primavera… se convierten en el escenario imprescindible que rodea al poeta. Hacer alusiones a la fiesta y al vino, sexo, música, diversiones…(temas báquicos), se convierte en otro de los grandes temas de la poesía andalusí. También se supo expresar el amor divino a través de la poesía mística. La poesía se acerca también a la vida laboral de los distintos grupos sociales, a los juegos y a los deportes (el ajedrez y la caza) y a los dramas personales del poeta(abandono de la amada, exilio…). Todos estos temas se articularon en esquemas, que ya existían en la época anteislámica, como la “casida”. La casida era un largo poema de versos monorrimos e independientes, divididos en dos hemistiquios. Su tema principal era el panegírico o la glorificación de la propia persona o de la tribu. Constaba de un preludio erótico, seguido del tema del viaje (vida del desierto), y por último el tema principal o panegírico, en el que se exaltaba la hospitalidad de los beduinos. La poesía evolucionó a una poesía estrófica que acogía todos los temas anteriormente mencionados. Por otra parte la moaxaja y el zéjel son, sin duda, contribuciones originales de al-Andalus a la poesía arábigo-andaluza. La moaxaja  se atribuye al poeta Ciego de Cabra, quien sentó sus bases en el siglo IX, y se fueron perfeccionando hasta llegar al siglo XI, en que el Ciego de Tudela las completó con unas cancioncillas escritas en romance, denominadas jarchas, y que según Dámaso Alonso es la “primavera temprana de la lírica europea”. En cuanto al zéjel se desconoce su origen, parece que fue inventado a finales del siglo XI o principio del XII. Era una poesía estrófica para ser recitada o cantada, que no incluía jarcha y en la que cabían todos los temas. Otros géneros eran la elegía, el adab(temas humanistas), y la poesía epigráfica que se cultivó durante el último periodo de la historia de al-Andalus. y que se usaba para decorar y engalanar los palacios nazaríes del siglo XIV(descripciones de los lugares, elogios para el soberano).



  POETISAS DE AL-ANDALUS

Cuando, en 1905, Luis Gonzalvo publicó su “Avance para un estudio de las poetisas musulmanas en España”, señalaba en primer lugar la escasez de los datos de que se dispone a la hora de hacer un estudio sobre este tema. Las fuentes son parcas, las biografías son brevísimas y apenas ofrecen una muestra de su quehacer literario. Las fuentes árabes(al-Maqqari) no son mucho más ricas. Salvo en el caso de Wallada y en el de Hafsa ar-Rakuniyya, casi nada que permita emitir un juicio sobre las cualidades literarias de estas poetisas. Casi todas las antologías y los libros de biografías clásicos dedican una sesión  a las mujeres célebres poetisas, o no; pero también aquí los datos son pocos. A las fuentes clásicas hay que añadir algunas obras recientes, como un diccionario biográfico de mujeres publicados en Beirut  que proporciona una información relativamente importante. Por tanto no es posible realizar un estudio serio, en profundidad, de las poetisas de al-Andalus con los escasísimos materiales, tanto biográficos como literarios, que han llegado hasta nosotros. Si hay que insistir, en opinión de Louis di Giacomo, es en “el papel importante que ha desempeñado la mujer en todas las manifestaciones del espíritu y particularmente en las producciones poéticas”.
No es de extrañar que los siglos XI y XII sea la época en que tenemos noticias de más poetisas, pues son, en general, los de mayor producción literaria en al-Andalus.
La gran mayoría de las poetisas son mujeres libres, con frecuencia de familias importante o nobles (Wallada, Hafsa ar-Rakuniyya). Otras, también mujeres libres, son de origen más humilde (Muhya, hija de un vendedor de higos). Hay bastantes que proceden de hombres de letras o escritores, como la misma Butayna. Y también hay esclavas entre las poetisas(al-Abbadiyya).
Las fuentes árabes ofrecen pocos datos sobre el estado civil de estas poetisas. De algunas nos dicen que no se casaron nunca, como Walläda. De otras se sabe que en un momento dado estaban solteras. La mayoría debió de casarse, que es lo más frecuente en el mundo islámico.
La mayoría de estas poetisas son de Córdoba, Sevilla y Granada o desarrollan su actividad en esas ciudades. Es lógico pues son las ciudades más importantes de al-Andalus. Sólo en un caso las fuentes árabes hablan de una poetisa iletrada(al-Ballisiyya); sin embargo, en bastantes ocasiones se menciona que las mujeres que nos ocupan recibieron una educación especial que las formó como poetisas, a base de gramática, estudio del Corán y lectura de clásicos. Casi todas aprenden con su dueño; otras tienen maestros; y muchas de ellas reciben la enseñanza de sus padres, de sus abuelos y de sus tíos maternos. Muchas de ellas eran expertas en medicina, aritmética, métrica y coleccionaban libros y tenían bibliotecas. Se indica que algunas de estas poetisas tenían una hermosa letra, que sabían caligrafía, ocupación que parece bastante frecuente entre las mujeres.
En cuanto a su actividad social o pública, puede decirse que es muy escasa, debido fundamentalmente a las restricciones impuestas a la libertad de las mujeres en el mundo islámico y medieval. La función básica de la poesía árabe, el panegírico suponía recitar el poema en presencia del príncipe a quien se dirigía el elogio, es decir una audiencia pública. De algunas de estas poetisas se dice que elogiaron a los reyes de su tiempo. Se conservan además panegíricos de otras poetisas que no los recitaron ante los respectivos príncipes. Una de las constantes en las biografías clásicas, es hablar de los encuentros entre poetas, los intercambios en versos a propósitos de visitas a los lugares de recreo de las ciudades: jardines, riberas de los ríos, o reuniones en casa de algún señor amante de la literatura. Como señalaba M. Marín en su ponencia “La mujeres en las clases sociales y superiores”, las mujeres no podían relacionarse libremente con hombres que no fueran de su familia, en cuyo caso se retiraban detrás de una cortina, y hay casos de mujeres que reciben clases detrás de una cortina, aunque en la mayoría de los casos no era necesario su uso dado que eran los parientes varones quienes enseñaban a las mujeres. Además, en otros casos, la actuación de las poetisas parece haberse producido dentro del ámbito familiar. A veces mantenían, por escrito, relaciones con poetas contemporáneos. Queda todavía otra actividad a la que se dedicaron las mujeres: la enseñanza. Algunas de estas poetisas también se dedicaron a ella. Las poetisas que eran esclavas estaban destinadas a distraer a sus amos y a dar esplendor a las fiestas, y las vemos en reuniones en las que son ellas quienes sirven el vino y deleitan con su canto, o tocando distintos instrumentos a los invitados.
Las fuentes árabes han transmitido 102 poemas que se atribuyen a 35 poetisas. El panegírico, el género más cultivado de la poesía árabe, él género donde mejor se refleja la función social y política de esta poesía, también está representado en estos poemas escritos por mujeres. Hay otros poemas que, si bien no son panegíricos propiamente tales, están dirigidos a los emires o califas para reclamar justicia o pedir algún favor, por lo que también reflejan la función política de la poesía. Después del panegírico, el tema más tratado es el amoroso, y en él encontramos las figuras tópicas que, en poesía árabe, aparecen rodeando a los amantes: calumniadores, espías, etc. En algunos se expresa el sentimiento de los celos. En general, todos estos poemas expresan la queja, típicamente femenina, por la ausencia o tardanza del amado, la añoranza de las horas pasadas en su compañía, el deseo de hablar a solas con él; también pondera su belleza. Los poemas de Hafsa ar-Rakunyya y de Wallada forman parte de una correspondencia con sus amantes, con los que conciertan una cita o insisten para que no tarde en volver a verlas. La sátira, uno de los géneros más importantes de la poesía árabe, también está representada entre las poetisas de al-Andalus. La poesía cumplía también la función de juegos de sociedad, propio de las clases educadas, y los hombres y mujeres de letras siempre estaban dispuestos al intercambio de saludos o insultos en versos. A veces un poeta completaba un verso que había iniciado otro. Sólo hay un poema religioso; es el caso del rey poeta al-Mutamid, que se enamoró de la esclava al-Rumaykiyya cuando se la encontró por casualidad y supo dar fin al segundo hemistiquio de un verso. También son pocos los poemas sapienciales sobre los efectos del tiempo, de la edad, de la soledad, de la añoranza, de la nostalgia. Sólo hay un par de poemas dedicados a describir la naturaleza. Y también hay otros que parecen expresar  autoalabanza, tema muy frecuente en la poesía árabe (Walläda). Y resulta sorprendente no encontrar ninguna elegía entre las poetisas. en conclusión, es interesante señalar la curva de la evolución literaria en al-Andalus a través de estos poemas escritos por mujeres. Curva que parte de los versos compuestos a la manera antigua de los poetas omeyas o tribales, pasando por la poesía destinada al canto en metros breves, muy musicales, llena de gracia y ligereza, muy propias de las esclavas cantoras, hasta la poesía neoclásica, imperante a partir de mediados del siglo IX para la expresión del panegírico. Con los siglos XI y XII la poesía parece más libre. Dominadas tanto la tradición moderna como la neoclásica, las poetisas dan la impresión de moverse más espontáneamente y quizás a ello obedezca la gracia de algunos poemas, especialmente de amor, y la abundancia de poetisas. El siglos XIII marca un brusco final para estos dos siglos de euforia literaria.


21 junio 2015

A Cristina y al verso de su poesía… después de su muerte

Creció la ausencia de tu poesía en el regazo del sentimiento dejando vagar el rumor de tu memoria sobre el llanto del rocío.
Renegó la madrugada de tu mortaja cruzando su destino con una yaga oxidada.
Irreverente, el sol, te nombró con algarabía desmesurada, llenando la oquedad de tu no presencia con nardos de luz y esperanza.
Suenan tristes alegorías que emanan del susurro gris de las rosadas palabras de tus versos.
Toda tu ausencia vive en nuestro abismal vivir, catando del dulce amargor que la vida sembró en el reposo de tu vivir.
Insertarán las cumbres tu ausencia en las nubes y repartirán sus quejidos por las tenebrosas urbes de la utopía.
Nadarán las olas en la mar de tus rimas, con el frío burbujear de sus estrellas.
Alada, tu poesía pervivirá, y llevará tu muerte a hombros hasta el paraninfo del vergel.
                                                      Ahmed Mgara
                       Tetuán, antes de cierto amanecer.

19 junio 2015

MUJERES Y POETISAS DE AL-ANDALUS

                                                                                  Por: Ana Herrera.
1.        EL MARCO HISTÓRICO

       Al comienzo del siglo VIII, el reino godo de Hispania se encontraba en una grave crisis en la que, a un periodo continuado de sequía y malas cosechas con su secuelas de hambre y miseria para la población, se sumaba una crisis política en forma de guerra civil entre el rey elegido por la nobleza, Roderico(Rodrigo), y los partidarios de Agila, hijo del difunto rey Witiza. Aunque se impuso Rodrigo, los partidarios de Agila no aceptaron su derrota y resolvieron pedir ayuda al nuevo poder que acababa de hacer su aparición al otro lado del Estrecho: los árabes. Así, después de una primera expedición de reconocimiento, Tariq ibn Ziyad, gobernador de Tánger, a las órdenes de Musa ibn Nusayr, gobernador árabe de Túnez, desembarcó en abril del 711 con un reducido ejército de árabes y bereberes y, con la ayuda del bando witizano derrotó al ejército de Rodrigo en la batalla de Guadalete.
       A este respecto, tenemos la leyenda de la Cava:
       Cuentan que al llegar la primavera el rey D. Rodrigo contemplaba desde una ventana sus jardines y estanques y que un día vio bañarse en ellos a una doncella entre las cuales llamó su atención la Cava, hija del conde D. Julián, gobernador  de Ceuta, que había sido enviada a Toledo para completar su educación, hasta el punto de enamorarse perdidamente de ella. Enterada ésta de su amor, rechazó las razones amorosas de D. Rodrigo.
       A su vez el rey vivía preocupado por algo que le sucediera poco antes de conocer a la Cava. Existía en Toledo un palacio encantado llamado la Cueva de Hércules. Entró allí D. Rodrigo y vio extrañas figuras de árabes en los tapices que lo decoraban. De pronto leyó una inscripción que nubló su ánimo y que decía que cuando alguien hubiese penetrado en aquella instancia, España sería entregada al pueblo representado en los tapices. El rey se debatía entre este tormento y el deseo de poseer a la Cava. Una tarde bochornosa mandó a buscarla y la sedujo, y la Cava lloró al ver su pureza tronchada por el loco deseo de D. Rodrigo. Perdió su belleza y llena de rencor envió cartas a su padre para que vengase su ofensa. Y así el conde envió cartas al Rey moro diciéndole que le entregaría España. Un día en que D. Rodrigo dormía junto a la Cava soñó con una doncella llamada Fortuna que le avisaba de la destrucción de España. Cuando despertó, sus mensajeros le anunciaron que los enemigos estaban cerca. Montó a caballo y salió a combatir. La batalla fue en el río Guadalete(Wadi Lakka). Desde un cerro vio sus ejércitos derrotados y llorando exclamó: “¡Ayer era rey de España, hoy no lo soy de una villa!”. Al llegar la noche, huyó y llegó a una ermita cerca de Viseo cuidada por un santo varón al que pidió penitencia. El ermitaño, tras oír una voz que le daba instrucciones, encerró a D. Rodrigo en una sepultura donde había una sierpe de tres cabezas que acabó devorándolo. Al fin murió D. Rodrigo y en el mismo instante de su muerte se oyó una alegre sinfonía de campanas celestiales, y el ermitaño comprendió que Dios había perdonado al último rey godo. Cuenta la leyenda que, antes de la batalla, murió Florinda de tristeza y el rey la enterró en un subterráneo de su castillo. Su padre no pudo encontrarla. Cuando Musa destruyó la fortaleza, encontró su tumba, y estas tierras tomaron el nombre de Castillo de la Amada. Los habitantes del lugar dicen que una mujer loca y desmelenada recorría las orillas del Tajo profiriendo gritos salvajes. Nadie pudo nunca acercarse a ella. Un día desapareció y nadie volvió a verla. Entonces ocurrió que sólo al llegar la noche se veía a la mujer sobre un torreón mirar con tristeza hacia el palacio que fue de D. Rodrigo, y se veía también la sombra de un hombre armado de todas armas. Ambos fantasmas se miraban y las tinieblas espesas reinaban sobre el pueblo amedrentado. Los fieles acudieron a un ermitaño que habló con la Cava, quien le cuenta que ambos bajan a hacer penitencia y le pidió que bendijera aquellos lugares y que entonces nunca más aparecería en ellos. El ermitaño y los fieles bendijeron el lugar y el cuerpo de la mujer en putrefacción salió de su tumba y se hundió en el río. Y nunca más se vio en Toledo la sombra de Florinda.
       Después de Guadalete, Tarik siguió avanzando hacia el interior, seguido al poco por otro ejército, a cuyo mando se había puesto personalmente Musa y, conjuntamente, en un periodo asombrosamente corto de cinco años, pusieron bajo el control árabe la práctica totalidad de la península, dejando como gobernador del territorio de Al-Andalus a su hijo Abd al-Aziz, que sería el primero de los emires andalusíes dependientes de Damasco.
       Una vez delimitado el territorio que iba a ser ocupado, los árabes se dedicaron a organizar dicha ocupación: control de las principales vías de comunicación, estableciendo guarniciones permanentes en los puntos claves: Sevilla, Córdoba, Toledo, Calatayud y Zaragoza; trasladando la capitalidad que estuvo en un primer momento situada en Sevilla a Córdoba. Sometieron a la población hispanogoda mediante una sabia política de pactos y capitulaciones o a cambio del pago de un tributo. Mientras duró la dependencia andalusí del califato de Damasco, a la cabeza de la jerarquía política, militar y religiosa estaba el emir, representante del califa no sólo en lo político, sino también en lo religioso.
       En el 755  Abd al-Rahmán Idesembarca en Almuñécar. Llega a la Península tras  una prolongada estancia en el norte de África. Entró triunfalmente en Córdoba, donde fue aclamado como Emir, y proclamó su independencia política del califato abbasí, aunque seguía reconociendo su autoridad religiosa. Es conocido su célebre poema a la primera palmera oriunda de Oriente, trasplantada a España. Tenía una quinta en el campo, idéntica a la que tuvo su tío cerca de Damasco.
 Contempla una palmera al-Ruzafa,
                                    lejos en Occidente, lejos del país de las palmeras.
                                   Dije: tú, como yo, estás lejos, en un país extraño.
                                   ¡Cuánto tiempo he estado lejos de mi gente!
                                   Y como yo vives en el último rincón de la tierra.
                                  ¡Qué las nubes matutinas te refresquen a esta distancia,
                                  Y que las lluvias abundantes te consuelen para siempre!

       Después de varios sucesores, con  Abd al-Rhamán II tuvo lugar la definitiva consolidación del estado omeya.
       Abd al-Rhamán III transformó en menos de veinte años un territorio atomizado en señoríos semiindependientes en un estado centralizado y cohesionado. Es proclamado califa tras haber sometido con éxito todos los focos de disidencias y poco después de haber obtenido significativas victorias contra los reinos cristianos. La etapa que abarca los califatos de Abd al-Rhamán III y su sucesor al-Hakam II será la que marque el momento de máximo apogeo del estado cordobés en todos los órdenes. Se vive un periodo de extraordinaria y próspera actividad económica y se asiste a un esplendor cultural y artístico sin parangón en la época.
       Como reflejo de esta riqueza, el califa mandó construir fuera de Córdoba, una ciudad palatina, de belleza sorprendente: Madinat al-Zahara. Nombre de una hermosa esclava del rey. Concuerda con esta leyenda el romance atribuido a Abd al-Rhamán III.

                              
Oro, mármoles y jaspes
te doy, porque eres tan bella,
que tu hermosura reclama
el marco de las riquezas.
Ni aun ofreciendo a tus plantas
todo el oro de la tierra,
pagara yo el homenaje
que merece tu belleza;
que al cabo el oro es del mundo,
tú divinamente bella.
Para honrarte cual mereces
¡Quién un cielo poseyera!

En cuanto a la leyenda, cuentan que para agasajar al califa los monarcas de otras tierras enviaban fabulosos regalos. Cierto día, paseando Abd al-Rhamán por el patio de naranjos de la Gran Aljama, vio aparecer una comitiva formada por una larga fila de mulas ricamente enjaezadas, cargadas de innumerables tesoros. Detrás, una docena de eunucos custodiaban a varias cautivas de sorprendente belleza. Todo ello constituía una ofrenda del emir de Granada al califa de Córdoba. Era Azahara la joven más hermosa de toda la comitiva. Procedía de Elvira y el tumulto de la gran ciudad la llenaba de turbación y asombro. Sus ojos eran tan negros y brillantes que hicieron saltar chispas de fuego en el corazón de Abd al-Rhamán. Tanto ardor sintió el califa que apartando a la muchedumbre se acercó a ella y le preguntó:
-                        ¿Quién eres, mujer? ¿Cómo te llamas?
-                        Azahara, mi señor.
       Así fue como Azahara se convirtió en la favorita de Abd al-Rhamán. A este se le murió una concubina  que dejó una gran fortuna con destino a la redención de cautivos musulmanes. Se buscaron en el país de los francos y no se hallaron. Entonces le dijo al  califa su concubina Azahara: “Deseo que construyas para mi una ciudad que lleve mi nombre y sea de mi propiedad”. En efecto, ordenó construir dicha ciudad debajo de la Montaña de la Novia, al norte de Córdoba, a unas tres millas de esta ciudad. Ordenó que se construyera con la más alta y refinada técnica, para que fuera lugar de recreo y morada de Azahara y festón de los magnates de su reino. Se dice que en la puerta principal del recinto el califa mandó colocar la efigie de Azahara la elegida de su corazón. Sin embargo, Azahara estaba triste. Abd al-Rhamánler le pregunta: “¿Qué te ocurre mi amor?, dime lo que te falta y yo lo traeré. Llena de melancolía, Azahara miraba las montañas rojizas. Pensativa, recordaba los lugares de su infancia y el manto de nieve que cubría la Sierra de Elvira cuando llegaba el invierno.
       Para que volviera a sonreír, Abd al-Rhamán ordenó que plantasen de almendros el Monte de la Amada. Por ello no hubo vista más bella en la primavera cuando las flores blancas abrían y Sierra Morena se ponía blanca de amor como una novia. La vida de Azahara fue breve, tan breve como la ciudad que por su amor fue construida. Abb al-Rhamán, convertido en un anciano solitario miraba alrededor y recordaba a su amada.
       Sin embargo, el momento de máximo esplendor suele ser también el comienzo del fin, y el califato cordobés no es ninguna excepción. La dictadura de Almanzor significará el comienzo de la crisis del califato, que saltará en mil pedazos pocos años después de su muerte. Almanzor fue nombrado intendente del recién nacido Hisam II y, aprovechando la corta edad de Hisamtermina haciéndose con el poder absoluto en al-Andalus. Con Almanzor el poderío militar del estado cordobés llega al máximo, y durante veinticinco años su nombre será el más temido en todos los reinos cristianos del norte peninsular. A la muerte de Almanzor tiene lugar una serie de luchas y revueltas civiles que culminarán con la ruptura de la unidad política de al-Andalus y su división en reinos de taifas.
Muy débiles políticamente, estos reinos de taifas descansaron su supervivencia en la contratación de costosas tropas mercenarias y en sus alianzas con otros reinos, musulmanes o cristianos. A pesar de su debilidad político-militar, los soberanos andalusíes favorecieron en sus reinos un importante florecimiento cultural: poetas en Sevilla, científicos en Toledo, astrónomos en Zaragoza.
La continua presión política y militar que los estados cristianos ejercían sobre los cada vez más debilitados reinos de taifas conducirá, a partir de mediados del siglo XI, a la intervención en la Península de los sucesivos pueblos que ostentaban la hegemonía en el Magreb. Los primeros van a ser los belicosos almorávides. El origen del Imperio almorávide hay que buscarlo en las áridas tierras saharianas. Acudiendo a la llamada de al-Mutamid  de Sevilla, quien se había alarmado por la conquista de Toledo por los castellanos, los almorávides desembarcan en Algeciras y derrotan estrepitosamente a los ejércitos castellanos, sometiendo a los debilitados reinos de taifas a los que supuestamente habían venido a proteger.
En este panorama de pactos de estado y alianzas políticas, a veces, ocupaban un lugar muy importante las mujeres. Es el caso o la historia de la princesa Zaida. Su historia parece de leyenda o de cuento oriental, no sólo porque fuera extraordinariamente amada por el rey-emperador de Castilla y León, sino porque fue una mujer exquisita, culta, educada, inteligente y bellísima. Tuvo con el rey el único hijo varón de éste, Sancho III el Deseado, que heredaría el trono, quitándole la sucesión a sus hermanas mayores. Zaida murió antes de que, en la desgraciada batalla de Uclés, desapareciera su jovencísimo y querido hijo. Era hija del rey poeta de Sevilla al-Mu´tamid y de la exquisita poetisa del al-Andalus, Rumaykiyya. Nacida alrededor del año 1070, su madre la educó, como una princesa amada, en la belleza y en la poesía, en el canto, en la danza y en la filosofía. Se relacionó con la clase alta de la sociedad andalusí, con las mujeres más cultas y educadas de la corte. Zaida se parecía a su madre por su ingenio y belleza y a su padre por su alegría. Conoció cómo sus progenitores vivían un amor de leyenda que expresaban en repetidos y hermosos poemas. A los doce años, Zaida sabe que está prometida con el rey castellano, aunque él está casado con una princesa cristiana procedente del sur de Francia, doña Inés de Aquitania: son políticas matrimoniales. La princesa Zaida entra de lleno en esta política cuando su padre, el rey de Sevilla, necesita firmar acuerdos con el poderoso rey Alfonso VI de Castilla y León. Zaida fue enviada por su padre, al encuentro con el rey, como prometida en matrimonio acompañada por una cuantiosa dote en la que entraban grandes y poderosas plazas como Cuenca, Alarcos, Ocaña y otras. Era tan grande la dote matrimonial, que este hecho ha quedado en la fábula. Tarde llegó la ayuda del cristiano, porque el rey musulmán quedó prácticamente exiliado en su alcázar de Sevilla, resistiendo cuanto pudo el asedio del ejército de los africanos. En Toledo se encuentran la inteligente princesa y el rey castellano. Su mujer, la joven reina Inés, había muerto. Zaida convivió con ella en la corte y, entrando en amores  con el rey, al poco tiempo tuvieron el hijo. Cuando llega la hora del nombramiento del hijo como heredero, han transcurrido veinte años desde aquella lejana promesa de matrimonio y entonces sí que se celebra la boda entre la princesa Zaida y el rey Alfonso puesto que hay que legalizar la sucesión del pequeño Sancho. A partir de la boda, Zaida se convierte en la reina Helisabeth tras su conversión al catolicismo. El rey exalta sus capacidades y la llama regina divina amantísima, dilectísima. Dura poco la felicidad del matrimonio porque Zaida muere muy joven, alrededor del año 1100, a consecuencia de un sobreparto, siguiendo la misma suerte que el resto de las mujeres de Alfonso VI. Zaida-Helisabeth será enterrada en Sahagún y dos siglos más tarde sus restos se trasladarán a San Isidoro de León.
Los reinos hipanomusulmanes se veían abocados al dilema de elegir entre la cada vez mayor dependencia económica y política de los estados cristianos o el sometimiento al integrismo almorávide, opuesto a las formas más liberales de vida comunes en los territorios andalusíes. Este dilema se resume muy bien en una famosa frase atribuida al rey poeta al-Mutamid  de Sevilla: “Prefiero ser camellero en África antes que porquerizo en Castilla”. Las taifas de Granada y Córdoba se sometieron prácticamente sin lucha, mientras que Sevilla trató de resistir, solicitando el apoyo de los castellanos. Tras el fracaso de Álvar Fáñez, lugarteniente del Cid, enviado en su ayuda, Mutamid fue desterrado a Marruecos. En los años siguientes, la presencia almorávide en al-Andalus se va haciendo cada vez más incómoda. El enfrentamiento entre la intransigencia religiosa y el fanatismo militar de los almorávides por una parte y la sociedad andalusí, culta y refinada por otra, se va haciendo inevitable. La descomposición del poderío almorávide a mediados del siglo XII era evidente. A partir de ese momento, los almohades proceden a una política de ocupación militar sistemática de al-Andalus, liquidando todos los focos de resistencia y logran así hacia 1170, la nueva unificación del Magreb y la España musulmana en el llamado Imperio almohade.
       Almorávides y almohades guardan cierta semejanza, tanto en su origen como en su evolución posterior. De todas formas, su irrupción en el panorama de la España islámica va a tener unas consecuencias muy similares a las de sus antecesores almorávides: ocupación y unificación del territorio por una parte  y reverdecimiento del espíritu del yihad o guerra santa por otra. El enfrentamiento decisivo con los cristianos tuvo lugar en 1212 en las Navas de Tolosa, donde la derrota del ejército almohade fue total. El declive militar almohade fue fulminante y la hegemonía peninsular pasaba, ya de forma definitiva, a los estados cristianos. La caída de los almohades no se debe sólo a su debilidad frente a la imponente máquina militar que contra ellos habían levantado los cristianos, sino también a sus propias contradicciones internas.
En los años siguientes, la ofensiva de Fernando III de Castilla y la de Jaime I de Aragón dejan el territorio de al-Andalus reducido al reino nazarí de Granada. Y aunque la suerte de los estados hispanomusulmanes parece definitivamente echada, todavía el reino nazarí de Granada, abarcando las actuales provincias de Granada, Málaga y Almería más una parte de las de Jaén, Córdoba y Cádiz, mantendrá viva la presencia islámica en España por espacio de más de dos siglos. La habilidad diplomática de los monarcas nazaríes les permitió la supervivencia durante los primeros tiempos de la ofensiva cristiana. El reino nazarí subsistió todavía hasta los albores del siglo XVI. Es digna de recordar, en este periodo, la historia que se cuenta sobre el Abencerraje y la hermosa Jarifa:
Rodrigo de Narváez era un esforzado caballero vasallo del rey de España y alcalde de Antequera y de Álora. Una noche salió a realizar la guardia nocturna con un grupo de los suyos y se encontraron con Abindarráez, un moro vistosamente ataviado y con ricas armas. Se abalanzaron sobre él y no pudieron capturarlo. El moro demostró su valentía contra el propio Rodrigo de Narváez y, al final, herido, cayó preso. De vuelta a Álora, Abindarráez relató su historia a Narváez, ante la confianza que este le demostraba. Le contó que descendía de los Abencerrajes de Granada, un linaje de caballeros, la flor del reino. El rey de Granada cometió contra ellos una notable injusticia: creyendo que se habían conjurado para matarle, los hizo degollar a todos en una noche, y sus bienes fueron confiscados. Sólo la familia de Abindarráez fue encontrada inocente, y se le permitió vivir en Granada a cambio de enviar a sus hijos fuera de la ciudad. Al nacer Abindarráez, su padre lo envió a Cartama con un alcalde amigo suyo, que tenía una hija hermosísima a la que amaba mucho, y que quedó sin madre, pues murió en el parto. Los niños se criaron juntos como hermanos y el amor creció entre ellos. Cuando se enteraron de que no eran hermanos, se enamoraron con más fuerza. Pero el rey de Granada envió al alcaide a Coín, ordenando que el abencerraje se quedara en Cártama, y así los amantes se separaron. Jarifa le prometió a su amado que lo llamaría para casarse con ella a la menor ocasión. Iba  Abindarráez, ricamente ataviado, de Cártama a Coín para casarse con Jarifa cuando fue apresado por Rodrigo de Narváez. Este quedó tan admirado de la historia del Abencerraje que lo dejó en libertad para casarse a cambio de que volviera a prisión al cabo de tres días. El moro, al oír esto, lleno de alegría prometió volver en este plazo. En Coín le contó todo lo que le había sucedido a Jarifa. Esta le propuso pagar un rescate al cristiano con el oro de su padre, pero el Abencerraje insistió en volver a su cautiverio. Entonces Jarifa insistió en acompañarle para ser cautiva a su lado. Se casaron en ausencia del padre y se presentaron juntos ante Rodrigo de Narváez a quien confesaron que no querían separarse y que confiaban en su ayuda. Le pidieron que intercediera por ellos ante el rey para que los perdonase. Rodrigo, conmovido, escribió al rey de Granada contando el suceso y explicándole como él los perdonaba del cautiverio; a su vez solicitaba del rey una carta para el padre de Jarifa pidiendo de éste el perdón para los jóvenes. El padre se alteró mucho, pero el rey insistió en conceder el favor al alcaide de Álora. El padre se presentó en Álora para rescatar al Abencerraje y a la hermosa Jarifa, que con mucha vergüenza, le besaron las manos, y éste, feliz de recuperarlos y reconociendo la valentía de Abindarráez, los perdonó. Devuelta en Coín, le enviaron un presente a Rodrigo de Narváez, y la amistad entre ellos duró toda la vida.                                                                    
       La definitiva decadencia granadina estuvo marcada por la gran epidemia de peste negra que asoló Europa a partir de 1348, que trajo un empobrecimiento general, y por el inicio de las expediciones portuguesas a lo largo de las costas africanas, que con su consiguiente apertura de nuevas rutas marítimas para el comercio del oro procedente de África, deshizo el monopolio de hecho que Granada venía ejerciendo sobre este comercio, lo cual la empobreció aún más, la debilitó y la sumió en una serie interminable de disputas dinásticas y continuas guerras civiles. Así, después de la unión de Castilla y Aragón por el matrimonio de Isabel y Fernando, los monarcas cristianos se deciden a acometer la conquista de Granada. La campaña, larga y dura, concluyó finalmente con la capitulación de Granada, en la que hicieron su entrada los Reyes Católicos en enero de 1492. Boabdil, último soberano hispanomusulmán, marcha al exilio y muere finalmente en Fez en 1530.

       Con la conquista de los Reyes Católicos, en el año 1492, moría políticamente el Islam andalusí, pero nos dejaba un rico legado, que a través de España fue un agente decisivo en el renacer de la cultura cristiana del Occidente europeo.
                                                                                                       Sigue...

17 junio 2015

GORGUEZ ALPUJARREÑO.


                                                 Por: Ahmed Mgara.

Tus pinos verdes son mi bandera.
Verdiblanca es mi cordillera.

La luna te cubre con su dolor.
El cielo da su iris por color,
Gorguez, escala verde del honor.

Tus fuentes lloran plata fiera.

Tus pinos verdes son mi bandera.
Verdiblanca es mi cordillera.

Una copla me robas del alma,
el sol, desde tu balcón me llama.
Arde mi Granada en tu llama.

Seré el espejo que te quiera.

Tus pinos verdes son mi bandera

Verdiblanca es mi cordillera.

15 junio 2015

      RÍO MARTÍN
                Por Ahmed Mgara

En su arena perdí mi inocencia,
su sal adoré, a cierta ciencia.

A Buyahaj, Jomagui y Hama
recuerdo con fervor en el alma;
También a mi bisabuela Fama.

Meki Megara y Meki Murcia.

En su arena perdí mi inocencia,
su sal adoré, a cierta ciencia.

Recuerdos, en un mapa dispersos,
áuricos amores veraniegos…
y en la Farola; con los amigos.

Suenan campanas en la Iglesia.

En su arena perdí mi inocencia,
su sal adoré, a cierta ciencia

13 junio 2015

Mohamed Choukri, entre Tetuán y Tánger.
                                                                                   Por: Ahmed Mgara.

De los recuerdos más tiernos de mi infancia con mi difunto padre aún revuelan en mi memoria los cantos que me hacía llegar sobre la ciudad de Tánger, ciudad donde estuvo alejado de la zona española por un destierro forzoso como consecuencia de un nacionalismo muy en auge por aquellas épocas. Entrado en años comencé a catalogar las “fábulas” de mi padre sobre Tánger como exageraciones de la edad hasta que un día empecé a comprender que mi padre era un hombre leal y fiel a esa tierra mítica y encantada que, a través de sus hijos y de su hidalguía, le ofreció todo cuanto podía necesitar. . . y más. Empecé a entender que, si mi padre estaba siempre en “La Ibérica” o en “Escañuela” era porque necesitaba airearse con el tacto con todo lo que era “su Tánger”, la ciudad a la que amó en silencio atroz y, cuando hablaba de sus aprecios hacia ella y sus agradecimientos a su generosidad, lo hacía con firmeza y seguridad de que estaba hablando de una ciudad llena de carismas y de tentaciones, de emblemáticas realidades y de interrogantes fáciles de descubrir; para él, Tánger era la extensión de un alma herida, la cura de sus dolencias y el pan que le faltaba a su estómago y a sus necesidades. Tánger, la gente de Tánger, lo trató con sensualidad propia sólo de esa tierra gallarda. Siempre decía que estará siempre en deuda con la ciudad de Hércules aunque disfrutaba siembre que el Mogreb Atlético de Tetuán ganaba a los equipos tangerinos. Lo anterior no resultaría raro a quienes arribaron a Tánger para estar una larga temporada. Mi padre estuvo en ella entre 1948 y 1951, año en que pudo retornar a su ciudad del alma, a su  Tetuán. Tan solo podía ser agradecido a esa ciudad y a sus gentes por lo recibido durante esos tres años. . .
Y Mohamed Choukri pasó en ella toda una vida después de llegar a sus arrabales andando y con heridas hasta en la tierra que pisaba. Tánger se le entregó y se le abrió pese a las dificultades que se vislumbraban desde unos ojos llenos de necesidad y que querían ver riqueza y suficiencia en todo lo que había en esa irrecuperable ciudad en lo que respecta aquel estatus estético que poseía. Tánger era una metrópoli llena de diversidades y de antagonismos, una ciudad con arrastre de muchas historias de muchas civilizaciones incrustadas en la tierra desde milenios con toda normalidad. . . y el malogrado Mohamed Choukri, como tantas víctimas de generaciones pasadas, llegaba en busca de “una salvación” que ha sabido hallar en la mítica ciudad.
Días pasados me decía un conocido que la ciudad de Tetuán se portó con el malogrado Mohamed Choukri como si no fuese tetuaní: aparentemente, ese señor no conoce la faceta del desagradecimiento de mi amada ciudad al igual que desconoce que nuestro gran escritor solo se sentía tangerino, y eso con toda la justicia del mundo. Solo Tánger le soltó las riendas para llegar a lo que llegó, pese a las adversidades que le acompañarían toda su vida. Choukri, no era un simple tangerino, sino que llegó a ser un hombre universalmente reconocido cuando en Tetuán no llegaban algunos intelectuales de segunda fila a descifrar el secreto que tenía Chokri para triunfar pese a ser fácil de adivinar; Choukri era un hombre constante, quería ser como los demás y, trabajó tanto que los dejó a todos detrás de su sombra; era un luchador en vertical, le gustaba ascender y, si bajaba un escalón era para saltar de un solo golpe muchos más hacia la cumbre. Si Mohamed Choukri no se sentía como tetuaní se le tiene que respetar ese sentimiento. Tetuán es desagradecida e intelectualmente atrofiada. Si Choukri se hubiese establecido en Tetuán en vez de Tánger no hubiera conocido nunca la fama ni hubiera llegado a ser el astro que reluce aún después de fallecido. No por ser precisamente “Mohamed Choukri”, sino porque la ciudad ha ido adquiriendo esa nueva cultura llamada “desagradecimiento”. Pero ello no impide que los que realmente seamos de Tetuán queramos a los grandes de nuestro país incluso costándonos, después, algunas observaciones de algunos ineptos que se hacen llamar herederos de la intelectualidad de la ciudad, pongo por ejemplo las críticas que recibí cuando publiqué en mi último libro una elegía a Mohamed Zefzaf.
Que nadie espere, y me duele reconocerlo, que en Tetuán se reconozcan las proezas de los lúcidos y de los destacados. Aquí, en Tetuán, da la impresión de que los que triunfan deben ir a otras ciudades para que se les aprecie su valía. . . la nueva gente de la ciudad es más papista que el “Papa” según dicen nuestros amigos los andaluces.
Volviendo al malogrado Choukri y su relación con Tetuán. Para él siempre fue la ciudad donde empezó a descubrir lo púdico y la belleza de lo impúdico. Una ciudad que se contradecía con su etnia, que se desvestía de sus valores cuando hablaba de demostrar que los llevaba a flor de piel. Habló, Choukri, de su infancia y de parte de su juventud y de su madurez mientras estudiaba magisterio; La calle de las Atrancas, Sania, El Feddán, Ain Jabbáz, el Bario Málaga. . . constituían puntos de encuentro de Choukri con su realidad según lo ha dejado bien claro infinidad de veces en sus escritos y en sus declaraciones. Escribía por otros lo que no podían escribir porque poseía un valor y una valentía que no tenían los otros. Ningún escritor marroquí publicó tantas ediciones de tantos libros ni ha sido tan traducido como lo fue Choukri. Mohamed Choukri, habiendo escrito en árabe, dejó una obra traducida a cuarenta idiomas, lo que ningún marroquí ha podido conseguir. Otro record que posee es que una de sus obras fue traducida a dieciséis idiomas, “El pan desnudo”.
Para acabar contaré una anécdota que me pasó con un amigo común que es el pintor fallecido hace unos meses Mohamed Drissi.

Nos encontramos en la puerta de su casa de Tánger y me invitó a acompañarle a una sita que tenía con Mohamed Choukri. Por el respeto que me merecía el malogrado escritor le dije al célebre pintor me disculpe diciéndole que yo veía a Choukri como una pirámide y que tenía miedo de que le molestase mi presencia. Drissi, con su típica sonrisa me exclamó: “La gente viene de todo el mundo para ver a Choukri, y tú tienes miedo de molestarle. . . pues vete a tu Tetuán y descansa en paz”. Pocos días después recibí la noticia de la muerte de uno  de mis mejores amigos en el metro de Paris. Drissi fue quién descansó en paz primero, luego Choukri. . . descansen en paz los dos tangerinos del universo a quienes Tetuán nunca nada  ofreció.                                                                                             

 
UNA ESTÚPIDA  ALEGRÍA
 
El dolor se aloja terriblemente  en mi cuerpo
Una sábana consumida nada en mi sudor
La pena se pasea regiamente por mi corazón
Mi café ya no tiene color
Solo un agobiante sabor
Mi cigarrillo sufre de tristeza
Entre mis labios que desfallecen
Mis palabras en el olvido de tus contornos se difuminan
Mi pensamiento bastante agriado se esconde
En el fondo de una febrildad horrible
Mi perro tristemente me tiende la mano
En sus ojos brota la ternura
Bello acto de solidaridad animal
Todo se oculta en mi espacio confuso
Incluso mis dedos tiemblan de aversión
Todo se derrumba en mi vientre escarpado
El hastío canta su gloria cruel
El asco danza en mi alma su jarana
El tiempo se desvirtúa mi capricho
Por las noches sin fin transitan las tinieblas
Las gotas de un frío amargo cubren
Mi vacío silenciosamente alborotado
Un golpe de lluvia gris se cala
En el corazón de mi corazón aturdido
Las vaguedades de todos los colores
Se arremolinan en mi estúpida alegría
Los días crudos distorsionan
Mis sentidos alocadamente cegados
Las largas ausencias se apoderan
De mis juegos desenfrenados
Los caminos estrechos conducen
Mi aliento jadeante
La tierra y sus palabras frágiles conmueven
Mis danzasafligidas
Mis caídas se manifiestan entonces dolorosas
Todas mis lunas están desfiguradas
 
Najib Bendaoud.  Traduction de la poétesse Ana Herrera
MORISCOS.
                Por: Ahmed Mgara

A lomo de olas de incienso
mi barco navega, silencioso.

Afiladas las tristes miradas,
perdidas las rimas heredadas,
navegan a tierras no halladas.

Sin norte llano, sin sur rocoso.

A lomo de olas de incienso
mi barco navega, silencioso.

Llevan heridas sobre los hombros,
ideas vagas, llenas de escombros.
Casi mueren unos por los otros

Y la muerte se, hizo presente.

A lomo de olas de incienso

mi barco navega, silencioso.

12 junio 2015

PLAZA  ALTA
        A Patricio González García.
                           Ahmed Mgara 

Decidle a la luz que aflore,
que en la  Plaza Alta nos honore.

Campanadas al aire repican,
las gentes con donaire descansan
y las golondrinas en paz vuelan.

Pórtico del cielo, de mar ocre.

Decidle a la luz que aflore,
que en la  Plaza Alta nos honore.

La cal blanca ciega mi mirada,
y la torre luce, engalanada,
su campanario y campanada.

La Bahía del Estrecho hiere.

Decidle a la luz que aflore,

que en la  Plaza Alta nos honore.