27 julio 2015

Mohamed Samadi, la lealtad.


Recientemente y por una loable iniciativa del Club Nahda de Tánger –Renacimiento- nuestro compañero Mohamed Samadi fue homenajeado en un acto en que se reconoció y revalorizó toda una trayectoria periodística e informativa llena de ejemplaridad y colmada de aciertos, dignas de los ilustres de la información como lo es, también, el amigo Samadi.
Hablar de nuestro personaje es rememorar todo su caminar en lides informativas, básicamente en el terreno deportivo, tanto en papel como a través del micrófono. Una larga y dilatada etapa de un profesional docto en su materia y puesto al día en lo que concierne  datos y referencias; fechas y estadísticas.
Una entrega llena de humildad y de mutismos… Samadi no busca el protagonismo ni el lucimiento propio, se dedica a hacer llevar la información con la minuciosidad correspondiente dejando el lucimiento a los personajes que suelen ser “noticia” o a los acontecimientos que así lo requieran las circunstancias.
Un hombre justo en sus perseverancias y servicial en sus prácticas informativas. Dicho de otra manera, el señor Samadi deleita con su generosidad y con su nobleza todas sus “cuberturas informativas”.
Es, como profesional, muy precavido por respeto a los datos y a las noticias. No arriesga nunca dando datos de rumores si las fuentes de las noticias no son fidedignas, cabal en sus afirmaciones y objetivo en sus declaraciones. Puede decirse que es un enamorado del civismo que exige la información que la madurez impone. Un icono peculiar que ido  abriendo sus sendas dentro de la radio con la dedicación y con la honradez que en sus genes florecen.
Hablar del señor Samadi es hablar de una caballerosidad y de la elegancia en su comportamiento, un profesional lleno de convicciones sanas y de valores incuestionables. Todo un ejemplo a seguir por quienes aspiran a abrirse camino en ésta profesión, cada vez más emblemática, a la vez que conflictiva y llena de antagonismos. Puedo afirmar, sin miedo a posibles  equívocos, que el señor Mohamed Samadi es un baluarte de la vieja, a la vez que joven, escuela radiofónica y mediática en general. Un hombre íntegramente dedicado a la lealtad de esa afición-profesión que tan acertadamente lleva para deleite de sus radioyentes.
Fértil y cada vez más productiva trayectoria, a nivel profesional y personal, le deseo al amigo Mohamed Samadi, caballero de nuestra prensa radiofónica nacional.

                                                                                          Ahmed Mgara.

18 julio 2015

AL ALMA DE ABDELASIS MOUSMADI.
ARTESANO DEL ZEJEL…DEL ALMA.
 De mi libro "Réquiem en Tetuán"- Estrechando 2014
Ahmed Mgara.


Amigo, dime cómo es el paraíso de los poetas muertos, háblame de sus arrayanes y de sus verdes mirtos. Dime como es el silencio entre las paredes del cedro y sus tientos.

Háblame, amigo, de tu ultimo y postrero viaje, cuéntame cómo, tus angelicales versos, se engranaron en tu equipaje.
Dime, amigo, si estás mejor tras la larga travesía, si has encontrado en el más allá, en  tu sacro encuentro, la paz que el alma ansía.
Desahógate con la forja de mi sombra, versificando con yunques de azahares, y cuéntame cómo brillan tus nuevos andares.
Descríbeme, amigo del alma, cómo son los sueños en tus nuevos lares, y de qué color son sus sedas y sus negroides telares.
Háblame, aunque fuera en el letargo otoñal, de los suspiros, de los sentimientos y de los hondos respiros que en el cielo alumbran tus paradisíacos caminos.
Háblame de los cipreses y de su musgo en los albores de tu amada Granada, y de la bruma invernal de la que ya no queda nada.
Compañero de mis años postreros, dime qué se siente dentro de la soledad de la mortaja, y si es cierto que da paz y sosiego, como el brillo a  una alhaja.
Amigo, háblame de la quiebra de las estrofas mundanas y de la rosa de los vientos que de la poesía emanas.
Háblame del Cielo y procura escuchar la campana de los sacerdotes repicar, cada amanecer y antes de su  atardecer.
Y escucha  el llanto que tu Tetuán vierte y derrama por perder la miel de su mejor rama.
Escucha el suspiro que clama, el vacío que dejaste en la garganta de la gente que te ama.
Escucha el dolor que suspira del Barrio Málaga hasta la silla amputada en el Zahra.

Siente, amigo, el dolor que exornan los lacrimales de quienes compartieron contigo el todo y la nada.
Mira cómo te llevamos a hombros, como el trono elegante de tu majestuosa mirada.
Y sea que te resulte claro o no, sin ti, nos faltan tu risa y tu gracia, tu sensualidad y tu elegante gracia.
La oquedad de tu ausencia se ensancha sobre la inmensidad del yugo desterrado a la isla de la mediocridad y del olvido.
Tus zéjeles, de negra túnica se visten, se niegan a rimar si no es con los latidos de tus dedos.
También ellos, perdieron mucho, de su alma, si no las entonan los labios de tu boca.
En tu entierro estuvimos todos tus amigos…pero faltabas tú. Descansabas en Paz… y no nos decías nada.

Y mientras abrazabas la granate arena de la tierra, sentí que el verso se quiebra, entre el Gorgues y el Dersa.
Se nublan las lúcidas ideas, se esfuma la rima.
Se nos fue un poeta, se nos secó su fuente.
Descanse en la Paz del Omnipotente, en la gloria del Creador, el alma del insigne poeta de alturas que tan solo sabía ser humilde.
Dios te bendiga en su Eternidad.
Temprano se nos fue a mundos lejanos cuyos caminos no se ven desde mi ventana.
Se nos fue, sólo en su caminar, sin volver sus pupilas hacia atrás.
No regresará. No volverán los oídos de mi hijo a escuchar su voz diciéndole "Ahlan be chab addarif".
Ni yo volveré a escuchar su voz  hablar de la unión de los orígenes con las raíces.
Descansa en Paz, amigo.
Tus versos velarán tu última morada y los arrayanes te cantarán una nana.


15 julio 2015

EL BANCO BLANCO
Najib Bendaoud. 
Traducción de la escritora  Ana Herrera.    


 
En mi banco blanco,
Una desconocida se sienta
A mi lado en duelo!
Me  susurra dulcemente
Con una bonita sonrisa
Después se marcha
Persiguiendo su destino
Y yo continúo mi sueño.
Completamente solo en mi espera,
Con mi banco negro
Y mi sonrisa de ángel.
Y al día siguiente,
En el mismo banco azul
Otra desconocida
Pasó no lejos de mis llantos,
Ofreciéndome su flor sonriente,
Su bella risa perfumada,
Algunas historias padecidas,
Su vida y se marchó,
Se fue con dulzura.
Otra desconocida
Persiguiendo su destino
Que no es el mío,
Mostrando mi dolor
Mis tormentos en este viaje.
Así se sucedieron uno tras otro,
Con mis desconocidas y mis anfitriones
Con los festines y las palabras
Con los cantos y las nubes
Con los vientos y los estragos,
En un silencio admirable
De mi banco indignado
De mi tecnología paradójica.
Y no me canso
De mi banco de mil colores
Del jardín memorable
De las flores y de las sonrisas.
Me muestro en derrota
Con sus perfumes oscilantes
Entre mis dedos centelleantes
Con sus miradas caprichosas
Entre mis labios desorientados.
Y el banco inolvidable continuó
Su trayectoria de arte en arte,
Maravillado de tarde en tarde,
Venerado de feria en feria,
Con la alegría de mis transeúntes
Resplandecientes y fascinantes.
Y el banco infatigable me invitó
A admirar su luna infinita,
A complacer al alba pletórica
 A unir sus momentos desbordantes.
Durante toda la noche mi banco intransigente,
Entonaba las historias generosas
De mis transeúntes sin cesar,
Con sus corazones y sus flores
Con los detalles de sus movimientos
Con los frutos de sus éxtasis.
Mi banco quería
Mis sueños libertinos
Mi voz corrompida.
Y yo halagaba
Su paciencia  gimiente.
Mi banco y yo, celebrábamos
Su luna llorosa,
Y mi sol lastimero
Su sueño y mi despertar
Sus rosas conmovedoras
Y mis tulipanes enternecedores.
Declamadora  esta tarde sonriente
Al viento de mis cielos embellecidos

Por su mirada turbadora.

12 julio 2015

EL JARDIN DE LOS ENAMORADOS.
A Mohamed Chakor.
De mi libro antológico 1974-2014, "Réquiem en Tetuán", editado por Estrechando.
Estando a solas conmigo mismo y buscando mi ser, me hallé, de repente, entre enrejados matorrales y enredadas ramas. 
Soñé que empezaba a despertar.
La timidez de los rayos del alba invitaba a soñar aún envuelta en un frescor púrpura que - poco a mucho - se acercaba a la mar en fulminantes e inciertos pasos.
La ciudad dormía aún mientras se revolvía entre las espinadas sábanas de la desesperanza en su lecho de orgullo y nostalgias.
Aún dormía mi ciudad, embriagada de jazmines y de damas de noche; los gallos exornaban el silencio con su oración…y la última cena aún no se había acabado.
La ciudad dormía, y yo, más dormido que despierto, paseaba mi soledad herida por el desamor del Jardín de los Enamorados.
En aquel jardín, caminé deshojando las rosas de un cantar; antaño amuleto de idilios y arco de Cupido, era todo un templo de sensuales sensibilidades; en él, el tiempo corría con la velocidad de la gacela que lo recorría y, con la mente vagando en los suspiros de la infancia alejada, se me ocurrió soltar unas preguntas al entorno del Jardín de Cagigas que me envolvía de humedad callada.
Dime, centurión disfrazado de primavera, jardín donde las fuentes humedecidas eran verso; dime, diminuto edén, donde la orquídea tutea al ciprés.
¿Donde están los mirtos de la ilusión que cubrían tus aledaños?

Dime, cinturón de Tetuán y ajuar del Dersa ¿Qué pasó con las migas pétreas por las que luchaban los áuricos peces del dorado estanque que antecede la cueva - cafetín primitivo - donde los sutiles susurros se dejaban desvanecer?
Algo tendrían tus aguas por tanto bendecir los surcos y los surtidores que humedecían las mejillas de las mágicas flores.
Dime, jardín entristecido por el alba ¿Dónde pueden hallar cobijo esas hojas arborescas que se dejaron arrancar y desplomar sobre tus embarradas y rociadas sendas?
Dime, flor grana que de Campanillas tiene la semilla ¿Por qué arraigas escalofrío en quienes te propinan una piadosa mirada?
¿Por qué, flor cruel que me hiere el alma, vas agonizando tu contorno marchitando tu silueta, mitad espina y mitad gloria?
¡Oh Jardín de los Enamorados!, vivero de hierbajos y de restos efímeros; eternidad de Cagigas, herida por el abandono y por el olvido, inspira mi alma para que pueda tejerte un mosaico de alegrías en mis venas.
Fortifica mi pensar en ti para poder regar tu nombre con ataviada prosa del alma y hacer de ti un junco de amor para Tetuán, tierra donde se riega al sol y emana.

10 julio 2015


Presentación de la antología poética Trina Mercader presentada 

con motivo del   IV Encuentro Hispano Marroquí de Poesía, 

celebrado en Tetuán en marzo 2013.



TRINA MERCADER,

                Siempre en el recuerdo.



Trinidad Sánchez Mercader nació en Torrevieja, provincia de Alicante, en 1919 y, a sus 21 años, tras la guerra incivil española, se trasladó con su madre a la ciudad de Larache con la finalidad de alcanzar su sueño de ser periodista y escritora con plenitud de libertades, alejándose de la encrucijada que se vivía en la Península.
En la ciudad norteña y atlántica consiguió un puesto administrativo en la Junta Municipal, el cual conservó al trasladarse a Tetuán, pero en el Municipio de la capital del Dersa.
Indagar en la vida personal de Trina y sacar datos concretos es de máxima dificultad. Muchos enigmas
 y muchas interrogantes hacen de nuestra homenajeada una persona casi desconocida en su vida personal pese a ser, siempre, una persona jovial mientras está con gente alrededor, y pese a haber sido una de las mujeres más representativas en la intelectualidad hispanomarroquí durante el Protectorado.
Fue en Larache donde publicó sus primeros poemas, usando el pseudónimo de “Tímida”. También publicaría, una vez ya en Tetuán y en 1944, “Pequeños poemas” un poemario firmado con ese mismo Pseudónimo.
Su carácter sencillo y sus buenos modales hicieron de ella una persona muy querida y amada tanto en el trabajo como por quienes se movían en su entorno. Muchos admiraban su faceta de estar leyendo
y aprendiendo cosas como buena autodidacta que era en las diversas facetas de su vida.
Jacinto López Gorgé y Cesáreo Rodríguez Aguilera la han estado apoyando en todo su deambular intelectual, lo que creó entre Trina y esos dos intelectuales, españoles de origen y marroquíes de espíritu, una amistad eterna. Recuerdo cómo me halaba de ella la misma mujer de Jacinto, la famosa Pepita, mientras describía su sencillez y su delicadeza. Me decía Pepita, durante el homenaje que le brindamos a Jacinto López Gorgé en el Ier Encuentro, que muchas veces equiparaba la amistad con la que tenían Trina y Jacinto con una relación sublime y llena de espiritualidad. Pepita hablaba de Trina con visos de peculiaridad y de ejemplaridad.
Dos amores marcaron la vida de Trina durante su paso por Maruecos (1940-1956). El que mantuvo con un militar español del que tan solo se posee el nombre, Antonio, y de Driss Diouri, compañero de trabajo e intelectual que ya publicaba en publicaciones de Tánger, principalmente. De ello escribió extensamente nuestro amigo Fernando de Agreda Burillo, gran seguidor de la trayectoria de esos dos intelectuales españoles que fueron marroquíes de adopción como lo fueron Trina y Jacinto.
En 1947, Trina crea en Larache la revista “Al-Motamid, versos y prosa” que publicó y dirigió durante nueve años, hasta 1956, llegando a publicar treinta y tres números, y que está considerada como la impulsora más firme de lo que se llamó literatura marroquí expresada en español o, simplemente, hispanismo marroquí, llegando a publicar en paralelo una colección de poesía a la que denominó “Itimad”. Y fue en esa colección cuando:
En 1954, con Mohammad Sebbag, autor, y la misma Trina Mercader, publican “El árbol de fuego”, Tetuán, Al-Motamid, colección (Itimad, 1).
 En 1956, publicó su segundo poemario


 “Tiempoa salvo”. Al-Motamid, Colección (Itimad; 3).
En 1960, Trina Mercader participa en una antología editada por Sierra Nevada: antología poética, Granada, Imprenta Guevara.
Trina tuvo que esperar hasta 1971 para publicar otro poemario, “Sonetos ascéticos”, acompañado por textos previos de  Federico García de Pruneda y Antonio Carvajal y la edición fue de Saturno (El Bardo), Barcelona
La de Trina fue una aventura que constituía una lucha constante contra todas las adversidades, que no eran pocas, con las que se iba encontrando. Trina desafío todas las trabas rebelándose ante la magnitud de sus alcances para conseguir su revista, la que, en su momento, no parecía tener gran alcance y que acabó siendo un punto de referencia  a nivel de la poesía tanto en España como en Marruecos. Trina fue algo “Quijote”, como se suele decir, para conseguir realizar y realzar su proyecto; fue, también, “la robinsoniana poetisa alicantina”, como la llegó a llamar Jacinto López Gorgé en un gesto de reconocimiento de sus logros, nada fáciles en esos trances y en esas circunstancias.
En el número 26 de Al-Motamid, Trina publicó una carta poética de Vicente Alexandre que este le envió tras su famosa visita a Tetuán, bajo el nombre de “Carta marroquí” y que don Vicente incluiría en sus “Obras Completas”
Trina solía decir que:
« Mi primer nacimiento en Alicante. El segundo, en Larache (Marruecos).
Y el hecho de vivir tantos años en Larache fue para ella tan vital que afirmó en una especie de autobiografía que: “Mi biografía debería titularse “historia de una revista”. Porque una revista –Al-Motamid- es la que centra y orienta mi vida en Marruecos.
Para Trina, esa época dorada significaba un descubrimiento de grandes valores y de sentimientos, tanto por parte de los intelectuales españoles como por los jóvenes y prometedores creadores marroquíes que iniciaron sus trayectorias en nuevos proyectos como los de Jacinto López Gorgé, en Melilla y después en Tetuán, como el de la propia Trina, desde Larache:

Si en el desierto, agua significa vida – en Marruecos, país de convivencias mixtas - “Al-Motamid” significa proximidad, unión fortaleza y encauce de su vida literaria en sus dos vertientes, la marroquí y la española. Por ello nació bilingüe – marzo 1947- en Larache, creando sobre la marcha sus primeros caminos, cuando cualquier gesto podía llamarse corazón y los encuentros hallazgos.
Con esos “encuentros poéticos” apareció una nueva ola de creaciones literarias y de sus traducciones como producto de contactos con poetas y escritores afamados tanto en España y Marruecos, en primer lugar, como de Oriente Medio y en  Suramérica, posteriormente… pero los puntos de encuentro eran, casi siempre, en las obras de Jacinto y de Trina. Puede decirse, sin margen de error, que nuestros dos personajes fueron de los que más hicieron por consolidar la fraternidad entre intelectuales y ciudadanos de nuestros dos países durante las décadas de los 40 y 50 del siglo pasado.
Trina Mercader, al independizarse nuestro país, eligió la ciudad de Granada para vivir por la sencilla razón de que “se parecía a Tetuán”, decía la misma Trina.
Trina vivía en una soledad muy peculiar, según me afirmaron personas que la conocieron de cerca tanto en su época de Larache como durante su estancia en Tetuán. Esto hizo posible que tuviese más tiempo para escribir y enviar cartas a escritores y poetas de diferentes tendencias y de dispares países para que colaborasen en su gran revista. Fue, probablemente, una grandísima embajadora de toda la intelectualidad marroquí e hispana sin darse cuenta de esa gran labor de dar a conocer la creatividad de nuestros jóvenes valores de la literatura a través de sus publicación.
Trina publicó en su propia revista y colaboró en varias publicaciones sus creaciones poética, se puede escoger el poema “Mayo de los amantes” como uno de los más representativos de la sensualidad expresiva de Trina.

                            Mayo de los amantes.

Mayo de los amantes,
madurador de labios, nuevo fruto,
cómo rebosa el agua de mis ojos en sombra
por donde las estrellas calan en lo profundo.
Mi voz está volcando
su cesto de manzanas en júbilo.
Tacto de la caricia,
mira cómo renace la yerba de mis dedos.
y este ritmo en desorden que el corazón ordena
pone en fuga las aves del desnudo en que bebo
agua ciega del beso: verbo mudo.
Mayo de los amantes,
enamoradamente te descubro

La revista “Turia”, de Teruel,  publicó un relato en el que Trina describía una calle de Larache, no sin una deliciosa y melodiosa literatura. El relato se llamaba:

UNA CALLE DEL BARRIO MORO DE LARACHE

 Penetrar por una calle de Marruecos es abrir el libro de lo maravilloso. La luz vendrá, atravesando bóvedas, a nuestro encuentro. Porque hay que perderse, sin prisas, por el pequeño laberinto luminoso.

.El barrio moro de Larache es ese laberinto de luces  y sombras por donde me pierdo. Hay que aceptar la cuesta, y el guijarro resbaladizo, y la escalinata desigual y el rincón lóbrego  y maloliente. Porque todo forma parte de esta escenografía ya en desuso en nuestro mundo civilizado, que nos engulle y atropella. Aquí, por el contrario, todo está a la mano, todo tiene una altura que no sobrepasa nuestra humanidad.

 La misma estrechez de la calle es agradable a nuestra estatura. Es como andar por el interior de una casa grande, familiar. La voz del mendigo ciego nos acompaña desde todos los ángulos, resonando. La salmodia del almuédano, desde su torre, es una impresión nueva a nuestros oídos. La novedad, la sorpresa nos va acompañando. Los ojos se acostumbran a la luz y a la sombra, simultáneas. La cal de las paredes tiene sólo la estridencia de la luz, el propio reflejo trascendido. Mi paso se hace lento, obligadamente parsimonioso. Aquí la prisa lo rompería todo. 

Una mujer atraviesa la calle. El sol estalla en el blanco jaique y casi la transparenta. Los pliegues del manto retienen la sombra precisa, dándoles profundidad. Es un manto que tiene mucho de griego, en su cascada de pliegues a la espalda. De él emergen unos pies calzados de babuchas, blancas también, a ras del manto. Arriba, unos ojos negros, a veces verdes, en lo alto del “letam”, del velo. Acaso la tersura de una mejilla no vista, adivinada. El paso siempre es lento, comedido, remontando sin prisa la ascensión. La calle, las paredes de las casas son el marco de esa figura única, el único detalle vivo que aprisionan. La más leve esquina, una línea blanca entre lo blanco la oculta, desaparece. La calle, ahora, queda estática, más quieta que nunca, como en reposo.

Alguna puerta se entreabre. Un bisbiseo apenas perceptible, comenta en árabe: Es una nazarena. Y la puerta se cierra blandamente, sin ruido, como la voz de las mujeres en el interior de la vivienda,  o como sus pasos de pie descalzo sobre la cal de las azoteas.

En el recuadro blanco de otra azotea, una mujer se asoma:

-Buenos días, dice. Y sonríe.

 Es una mujer que quiere conversación. Es la clásica mujer de siempre, atenta a cualquier posibilidad de charla. La voz del ciego insiste, se alza o se pierde, para regresar una vez más, llenando las callejuelas con su eco. De pronto tropiezo con él, a bocajarro, en una esquina. Con su cayado tantea los pequeños peldaños. Me hago  a un lado y le dejo pasar, mientras inicia una vez más su petición de ayuda.

Toda la calle asciende con mi propia ascensión. Su soberbia sube o baja su propio desnivel. Los edificios son enjutos, sobrios, de pequeñas ventanas altas que coronan las desiguales alturas. No hay tejados; sólo una terminación brusca del blanco, cortando en cubos una arquitectura sin complicaciones.

A mi lado pasan los jaiques, las severas chilabas, destacando en lo blanco el amarillo  limón de las babuchas. Los seres van como envueltos en su blancura. La calma de sus ademanes convierte cada calle en un claustro de mínimas proporciones. Claustro o celda para un pueblo religioso, en el que el silencio tiene una dimensión casi mística.

Hace casi 28 años, el 18 de abril de 1984, Trinidad Sánchez Mercader fallece en la ciudad de Granada, dejando, una gran reliquia, un gran bagaje de documentos, manuscritos y de correspondencias carteriles de casi cuarenta años, así como una nutrida colección de publicaciones y ediciones de revistas especializadas en literatura. Todo ello quedó en propiedad, siguiendo su testamento, de quienes cuidaron de ella en los años vividos en Granada. No hay que omitir, ni olvidar, que Trinidad Mercader había llegado a Larache con una grave enfermedad dérmica de la que nunca se llegó a curar del todo, por lo que necesitaba un cuidado especial y unas atenciones constantes.
En marzo del 2003, por iniciativa de Bait Ach-chehr, los Institutos Cervantes de varias ciudades marroquíes rindieron homenaje a la memoria de Trina, rememorando, también, la gran obra suya que es Al-Motamid.
Nosotros, poetas, periodistas, escritores, intelectuales de ambas orillas, le hemos querido dar a nuestro bienal Encuentro de este 2013 su excelso nombre a la singular Trina Mercader, al igual que homenajeamos en el primer Encuentro a Jacinto López Gorgé (tan alicantino como Trina), compañero de lucha en Marruecos y en Granada durante muchas décadas. Trina quiso y pudo fusionar simbióticamente los sentimientos y las sensualidades de los intelectuales de España y de Marruecos en un abrazo fraterno al que llamó Al- Motamid. Trina supo amar a las ciudades marroquíes donde vivió igual que amaba a su Alicante y a Granada ciudad que acoge sus restos mortuorios.
No podemos ser más que fieles a su alma
y recordar a la generación actual que hubo, durante el Protectorado Español en Marruecos, gentes de grandes valores que han sabido inculcar
y sembrar esos valores a través de la intelectualidad.
Gente de grandes valores humanos que fundió sus ideales en el bien común de la cultura: sobreponiéndose a las acritudes políticas y militares de esas épocas. Nosotros, reconociendo a esos artífices de la multiculturalidad sus loables obras, renovamos ese espíritu de amor, convivencia y comprensión entre nuestros pueblos hermanos.
Trina llegó a Larache en 1940 y se fue de Tetuán en 1956, pero nunca olvidó la tierra que la acogió, ni los que somos hijos de estas latitudes la hemos podido olvidar.
Descanse en paz el alma de Trina Sánchez Mercader.

                                            Ahmed Mohamed Mgara

08 julio 2015

MUJERES Y POETISAS DE AL-ANDALUS.

Por: ANA HERRERA

III parte

Primer capítulo, publicado el 19/06/2015
Segundo capítulo, publicado el 29/06/2015

Pintura del artista Alami Bartouli- oleo con punteo.

HAFSA BINT HAMDUM (S. X)

            Natural de Guadalajara, fue autora de numerosos poemas, aunque sólo se conservan cuatro. Según las fuentes árabes su patria se sentía orgullosa de ella. Vivió en el siglo X. Era literata sabia y poetisa.
                                              
                                               Réplica

                        Tengo un  amante que no se enternece
                        en nuestras querellas amorosas,
                        y si le abandono, crece su orgullo.
                        Me dice: ¿Has visto a alguno semejante a mí?
                        Yo le respondo: ¿Has visto también
                        a alguna semejante a mí?


                                   Nostalgia permanente

                        Tengo nostalgia de mi amado,
                        una nostalgia permanente.
                        ¡Oh noche en la que me despedí de él!
                        ¡Qué noche aquella!



HAFSA BINT AL-HAYY AL-RAKUNIYYA(S.XII)

Hafsa es una de las poetisas arábigo-andaluzas más famosas de al-Andalus, y la más célebre de Granada. Hija de un noble de origen beréber, rico e influyente personaje de esta ciudad, nació hacia el año 1135(años 530 de la Hégira), según la mayoría de sus biógrafos, en la ciudad de Granada. Allí pasó su infancia y juventud en un contexto de intensa agitación política, que asistió a la caída del Imperio Almorávide y la instauración del Califato Almohade.
Alabada por su cultura e ingenio, al igual que por su belleza, estas cualidades le permitieron ocupar pronto un lugar destacado en la Corte almorávide de Granada, donde desarrolló una intensa actividad literaria y educativa, y alcanzó rápidamente la fama. Célebre también fuera de Granada, fue enviada a Rabat(1158) con un grupo de poetas y nobles granadinos ante el califa Abd al-Mumin, quien le concedió el feudo de Rakuna, cerca de Granada, epónimo del que procede el nombre con que fue conocida la poetisa, al-Rakuniyya.
Sería en el ambiente cortesano de Granada donde conocería el poeta granadino Abu Yafar ibn Said, del ilustre linaje de los Banu Said, con el que inició una pública relación amorosa hacia el año 1154. A raíz de esta relación, ambos amantes desarrollaron un intenso intercambio de poemas amorosos, que se han conservado hasta nuestros días. Asimismo sus amoríos fueron cantados por los poetas de su grupo literario. La situación se complicó en el año1156, cuando llegó a Granada el gobernador almohade, el príncipe Abu Said ´Utman, hijodel Califa Abd al-Mumin, quien se enamoró de la poetisa. En un principio, Hafsa rechazó al gobernador, pero finalmente se convirtió en su amante, quizá cansada de las veleidades amorosas de Abu Yapar o por presiones del príncipe hacia ella o su familia. Esta situación originaría un conflictivo triángulo amoroso. Abu Yafar, que había sido amigo y secretario del príncipe, hizo a éste  objeto de sus sátiras, y acabó participando en una rebelión política contra el gobernador, razón por la que éste lo mandó encarcelar y finalmente crucificar en el año 1163, en Málaga.
Hafsa lloró la prisión y la muerte de su amante en sentidos versos y llegó a llevar luto de viuda por él, a pesar de las amenazas del gobernador. Se retiró de la Corte, abandonando finalmente la actividad poética y centrándose, a partir de entonces, en la enseñanza. Vivió de este modo durante una parte importante de su vida, hasta que, hacia el año 1184, aceptó la invitación del Califa Yaqud al-Mansur y se dirigió a Marrakech para dirigir la educación de las princesas almohades. Allí permaneció hasta 1191, año de su muerte.
Hafsa es la poetisa arábigo-andaluza de la que se conserva un mayor volumen de su producción poética, gracias, sobre todo, al interés de sus biógrafos y de la familia Banu Said. En total, han llegado hasta nuestros días diecisiete poemas, de gran calidad literaria. Heredera de la tradición poética árabe, sin embargo, Hafsa, al contrario de lo que es habitual en ésta, es capaz de expresar, con gran belleza, sus sentimientos reales en un lenguaje llano y espontáneo. La mayoría de sus versos son de tipo amoroso, dirigidos a Abu Yapar, aunque hay algunos satíricos y de elogio a Abu Said, alcanzando la cima de su inspiración en aquéllos en los que se lamenta de la prisión y muerte de su amante. Muestra de las mujeres independientes y cultas de la época de esplendor de al-Andalus, Hafsa fue muy respetada, a pesar de sus aparentes libertades, en su época y por los biógrafos posteriores, que la consideraron como una gran poetisa. Ibn al-Jatib dijo de ella: “Granadina, fue única en su tiempo por su belleza, elegancia, cultura literaria y mordacidad”.

                                    MI BOCA ES UNA FUENTE

                        ¿Iré yo a ti o vendrás tú a visitarme?,
                        pues mi corazón va siempre donde tú quieras ir.     
                       da por seguro que no tendrás sed,
                       y que estarás satisfecho si me dices que vaya.
                      Puesto que mi boca es una fuente pura y cristalina,
                      las ramas e mis cabellos dan una tupida sombra.
                     Contéstame enseguida,
                     ¡pues no está bien tu tardanza con Butayna, oh yamil!

CONOCIMIIENTO  DE CAUSA

                     Yo bendigo esa boca y lo digo por experiencia
                     y lo afirmo con conocimiento de causa.
                    Yo la juzgo y no miento a Dios,
                    Puesto que he gustado su saliva
                    y es más agradable que el vino.

EL HECHIZO DE BABILONIA

Una visitante ha venido con cuello de gacela,
                      deseando la unión con su amado.
                      Con unos ojos forjados con el hechizo de Babilonia,
                      y con una saliva más dulce que la hija de la vid.
                      Sus mejillas dan envidia a las rosas;
                      su boca da envidia a las perlas.
                      ¿Tendrá su Señoría tiempo para recibirla,
                      si no se lo impiden sus graves ocupaciones?

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                     Por vestirme de luto me amenazan
                     por un amado que me han muerto con la espada.
                    ¡Que Dios tenga clemencia con quien sea
                    liberal con sus lágrimas,
                    o con quien llore por aquél que mataron sus rivales,
                    y que las nubes de la tarde,
                    con generosidad como la suya,
                    rieguen las tierras donde quiera que vaya!
                       

               HAMDA BINT ZIYAD Y SU HERMANA ZAYNAB

Poetisas de Guadix. Pertenecían a una familia culta, pues su padre era profesor de literatura. Se les atribuye a ambas hermosura, riquezas, sabiduría y honestidad, y se hace una precisión: que su amor por la literatura llevaba a los dos hermanas a mezclarse con los hombres de letras, pero con un decoro que se hizo famoso y una integridad digna de toda confianza. Hamda es la más famosa de las dos. No se sabe con seguridad en qué siglo vivieron (¿X,XI,XII?).
           
                                   DONCELLA EN EL RÍO
(Poema compuesto por Hamda  para describir a una joven que le acompañaba en un paseo a orillas del río, el Genil de Granada o el Arenal de Guadix, según las distintas versiones).
                                  
                                   Revelaron las lágrimas mis secretos en un río;
                                   hay en él huellas manifiestas de la belleza.
                                   serpea el río entre jardines;
                                   se balancean los jardines sobre la corriente.
                                   Entre las gacelas un antílope humano:
                                   al desnudarse, me arrebató el juicio.
                                   Tiene unos ojos que adormece para algo
                                   y este algo me quita el sueño.
                                   Cuando deja flotar sobre su talle las negras trenzas,
                                   contemplas la luna llena en el negro firmamento.
                                   Como si la aurora tuviese muerto a su hermano
                                   y por el luto se vistiese de negro.

                                               EL ALIENTO, FUEGO

                                   Cuando no quisieron los detractores más que separarnos
sin tener motivo para vengarse ni de tí ni de mí,
y atacaron nuestros oídos con rencillas
mientras que mis defensores y ayudantes entonces escaseaban,
los conquistaste con tus ojos y mis lágrimas
y mi aliento: como espada y torrente y fuego.


                                               EL VALLE DE GUADIX

                                   Nos protegió de los tórridos vientos
                                   la frescura de un valle,
regado por la lluvia abundante y frecuente.
Refugiados en el seno de su boscaje,
nos acogió con cariño, igual que
ama de cría inclinada sobre un bebé lactante.

Y nos dio de beber, sedientos como estábamos,
un agua cristalina, más rica que el vino para el buen catador.
Rechaza al sol, del lado que nos mira, manteniéndolo oculto,
permitiendo tan sólo el paso de la brisa.
Sus guijarros son tales que asustan
a doncella alhajada que tantea las cuentas
 de su collar en ristre.

                        QASMUNA BINT ISMAIL(S.XII)

            De familia judía de tradición culta  y literaria, conoció la técnica de la qasida y de la moaxaja a través de su padre, con quien compuso una obra poética.
            Los dos poemas expresan la impaciencia por conocer el amor y una queja por vivir tan retirada en su casa. Como colofón del primero se dice que su padre al oírlo se apresuró a concertar su matrimonio.

                        LO QUE NO SE ATREVE A NOMBRAR
                                  
                                   Veo un jardín,
cuyos frutos están ya en su sazón,
y no hay ningún jardinero que
extienda su mano par cogerlos.
¡Qué lástima!
¡Se marchita la juventud perdida
y queda en mí, solitario,
lo que no me atrevo a nombrar!

                            A UNA GACELA QUE SE CRIABA EN SU CASA

                                   Ay, gacela, que pastas siempre en este jardín,
soy semejante a ti
por esa soledad y por mis ojos negros,
las dos estamos solas, sin amigo,
¡soportemos pacientes lo que manda el destino!


UMM AL-KIRAM BINT AL-MU´TASIM B. SUMADIH(S.XI)

            Es hija del rey de Almería. Tres de sus hermanos también eran poetas. Se cuenta que su padre al ver su inteligencia, decidió que recibiera una esmerada educación literaria, hasta que estuvo en condiciones de componer casidas y moaxajas, y sus poemas fueron en parte causa de sus desdichas, pues el rey supo por ellos que se había enamorado de un joven de Denia, llamado al-Sammar, famoso por su belleza, a quien había dedicado sus versos. Y desde ese momento no se supo más del muchacho; su padre lo hizo desaparecer.                        
AL-SAMMAR
                                  
                                   Maravillaos, amigos,
                                   de lo que ha cosechado una pasión ardiente,
                                   pues, de no ser por eso, no habría bajado,
                                   en compañía la luna de la noche,
                                   desde su cielo altísimo a la tierra.
                                   Mi pasión por quien amo es de tal suerte
                                   que si de mí se separase el corazón lo seguiría.

                                                           GOZAR LA INTIMIDAD

                                    Ay, ojalá supiera
                                   si hay algún medio de estar solos
donde no lleguen los oídos del espía.
¡Qué maravilla!
a solas quiero estar con un amado
que vive, aunque se vaya, en mis entrañas y en mi pecho


WALLÄDA LA OMEYA

La infancia de Walläda la Omeya transcurrió en la Munya del Romano, donde nació en el mes de pleno sol de 1006, hija de Mamad Ibn Abderramán, biznieto de Abderramán IV. Muhammad había adquirido la residencia en su juventud con la intención de vivir tranquilamente y disfrutar de los privilegios de su condición real. La enorme finca había pertenecido a un rico patricio romano de gustos exquisitos.
            La madre de Walläda había sido una esclava persa llamada Amina, de extraña hermosura, cuya danza cautivaba a quienes la veían y de la que la princesa heredó sus ojos persas,  de un negro azulado, y su cabello negro profundo, su misma perturbadora belleza y la especial disposición a la danza. Otras versiones dicen que era de piel muy blanca, de ojos azules y  que tenía el pelo rubio pelirrojo, como correspondía al ideal de belleza femenina de la época.
            En plena descomposición de la institución califal, Walläda había permanecido ajena a los sucesivos desastres que maltrataban Córdoba y aniquilaban el futuro de Al-Andalus; confinada en la Munya del Romano bajo la obsesiva protección de su padre, sus días transcurrían plácidos en el aprendizaje de la poesía de los clásicos griegos y de las danzas orientales junto a su madre la persa. Muhammad que veneraba a su hija le impuso el nombre familiar  de Walläda, “la que alumbra”. En la Munya vivían de espaldas a la realidad celebrando fiestas suntuosas casi todas las semanas, ignorando las guerras que estaban arruinando el Estado. La fama de la princesa había traspasado la residencia paterna y se comentaba su ingenio desde pequeña en la corte palaciega: “Era una estrella posada en la tierra “cuando recitaba a Safo, la antigua poetisa griega. El gran poeta Ibn Hazm  fue su preceptor.
            En 1018, con doce años abandonó la Munya del Romano, ya para no volver, y fue trasladada con su madre y su esclava Habiba al harén familiar del alcázar de Córdoba. Por primera vez contempló el desastre de la guerra. Su padre se volcó de pronto en los asuntos políticos y se olvidó de ellas. Llegaron a sus oídos los versos de un poeta joven que le declaraba su amor y hacia el cual ella empezaba a manifestar un interés ciego. Se trataba de Ibn Zaydûn, quien se educó como fámulo de un funcionario estatal, y con él aprendió de números, de letras y de libros. Tenía además grandes aspiraciones políticas. Walläda convivió con su primo Abderraman V al Mostazhir, de 22 años, elegido califa por el pueblo en una asamblea multitudinaria celebrada en la Mezquita, durante el tiempo que éste ocupó el trono. Cuando Mostazhir cayó en desgracia, se negó a casarse con su padre y fue confinada durante los diecisiete meses que Mamad al- Mustakfí estuvo en el poder. Se refugió en el campo ante el acoso de un nuevo califa y, por fin, durante el reinado de Hixam III, al-Mutadd, su tío, compró su independencia, renunciando a sus privilegios y a sus deberes como princesa,  entregando al califa la Munya del Romano y parte de su herencia familiar. Se atrevió a desafiar a los jueces de Córdoba paseando por sus calles sin el litam, el velo que le cubría la cara. Para sobrevivir abrió una escuela para las hijas de los más poderosos y un salón literario en un palacete que se compró en una plaza  cerca de la Mezquita Mayor. Allí acudían toda la nobleza y las clases altas de la ciudad. Rivalizó en versos con el extraño poeta, Zaydûn, que a través de sus versos le declaraba amor, iniciando una intensa y apasionada relación amorosa con él (1029).
            Walläda musitaba a todas horas los versos de esa griega antigua, de esa poetisa Safo:
            “Amor, entre toda la creación, eres mi alegría y la máxima aspiración que al tiempo le pido. Yo te buscaba y llegaste, y has refrescado mi alma que ardía de ausencia...”
            A finales de diciembre de 1031 un Consejo de Gobierno tomó el poder poniendo fin al Califato y convirtiendo a Córdoba en una República. Siguen los  amores de la princesa con Ibn Zaydûn, defensor de los Omeya, y que por el bien de la ciudad acoge sabiamente la República. Los celos y las contradicciones políticas le apartan de Walläda, que lo encontró con una esclava suya. No lo perdonó nunca. Durante el año que él pasó en el cautiverio físico y amoroso escribió sus poemas más famosos. Walläda tuvo una hija suya que nació muerta. Después de la cárcel, Zaydûn huyó a Sevilla. Cuentan  que antes de su huida se le veía enfermizo y ojeroso entre las ruinas de Medina al-Zahara y que eso es lo que creó realmente la leyenda. En Sevilla se convirtió en un hombre rico y poderoso al amparo del feroz Mutadid, padre del rey poeta Mutamid. Algunas versiones apuntan a que Walläda, arruinada en su fortuna y su crédito, viajó por los diferentes reinos de Taifas, exhibiendo su talento y acaso otorgando sus favores. Según Magdalena Lasala la princesa siguió en Córdoba con su escuela, cerró el salón literario, y entabló una gran amistad con un famoso ministro. Se mantuvo altiva hasta el final. Aunque nunca salió de Córdoba, su voz se escuchó en toda España. Murió en el año1091 defendiendo a la ciudad de un ataque de los almorávides. Tenía más de ochenta años. Fue la mujer más célebre de su época.

            Concluimos con aquellos versos que Walläda se hacía bordar en las orlas de sus vestidos, en sus túnicas transparentes, y que al fin se hizo tatuar sobre su propia piel.
            Sobre el hombro derecho: “Nací, por dios, para la gloria y camino, orgullosa, mi propio destino”. Sobre el hombro izquierdo: “Doy poder a mi amante si descansa sobre mi mejilla, y mis besos otorgo a quien los merece”:

                         VISITA

Cuando caiga la tarde espera mi visita,
pues veo que la noche es quien mejor encubre los secretos;
siento un amor por ti que si los astros lo sintiesen
no brillaría el sol,
ni la luna saldría, y las estrellas
no emprenderían su viaje nocturno.

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Ibn Zaydûn, a pesar de sus virtudes,
maldice de mí injustamente, y no tengo culpa alguna;
me mira de reojo, cuando me acerco a él,
como si fuera a castrar a su Alí.


              ENAMORADO DE JÚPITER

Si hubieses hecho justicia
al amor que hay entre nosotros
no hubieses amado ni preferido a mi esclava,
ni hubieses abandonado la belleza de la rama
cargada de frutos,
ni te hubieses inclinado hacia la rama estéril.
Siendo así que tú sabes que yo soy
la Luna llena en el cielo,
sin embargo, te has enamorado,
por mi desgracia, de Júpiter.

                LA SEPARACIÓN

¿Acaso hay para nosotros,
después de esta separación, una salida;
puede quejarse cada uno de nosotros
de lo que ha sufrido?
Pernoctaba yo en los tiempos de nuestras visitas mutuas
Durante el invierno
Sobre las ascuas crepitantes por la pasión.
¿Cómo, pues estando en la situación de este abandono
 ha apresurado el destino lo que yo temía?
Giran las noches y no veo el fin
de nuestro distanciamiento,
ni la paciencia me libra
de la esclavitud de mi anhelo.
Riegue Dios la tierra donde estés
Con toda clase de lluvias copiosas.



                        BIBLIOGRAFÍA

-          “AL-DAJIRA. Tesoro de la poesía andalusí”. Cuadernos de Puerta Nueva. Consejería de    Educación y Ciencia. Delegación Provincial. Málaga. 1995.
-          VISERA SOLER, Elisa: “Al-andalus: la voz del poeta”. Introducción a la poesía en el al-Andalus. I. B. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga. Curso 1997-98.
-          GARULO, Teresa: “ Diván de las poetisas de al-Andalus”. Poesía Hiparión. 1998.
-          SOBH, Mahmud: “Poetisas arábigo-andaluzas”.Diputación Provincial de Granada, 1994.
-          GARCÍA GÓMEZ, Emilio: “Poemas arábigoandaluces”. Colección Austral. Espasa-Calpe, S.A. Madrid, 1971.
-          HAGERTY, Miguel José: “Al-Mu`tamid. Poesía”. Antoni Bosch. Barcelona, 1979.
-          GARCÍA GÓMEZ, Emilio: “Ibn al-Zaqqaq. Poesías”. Instituto Hispano-Árabe de cultura. Clásicos Hispano-Árabes bilingües- Nº 1. Madrid, 1978.
-          “MUJERES DE ANDALUCÍA”. Conserjería de Educación y Ciencia. Instituto Andaluz de la Mujer. Junta de Andalucía.

-          LASALA, Magdalena: “Walläda La Omeya”, Madrid, 2003, Martínez Roca,S.A.