Divagación

No sé si debo escribir. No sé lo que debo escribir. No sé qué profunda emoción me hace volver a escribir. Mi lacrimal, empapado, me provoca nublaciones al mirar el teclado o la pantalla que tengo enfrente. No sé a quién escribo lo que malamente estoy escribiendo. Sólo sé que en mi soledad puedo oír mi interior latir en discordia con el tic tac del reloj de mi Kais. Mi cuerpo se desvanece y se pierde en sincronizados mareos de los que no quiero que nadie se de cuenta. Me pesa el corazón. Vuelvo, tampoco sé porqué, a mis años de niñez. A los recuerdos de mi padre alentándome; al primer partido de baloncesto oficial que jugué; a aquél beso robado en la tenue luz de un atardecer brilloso; a aquellos paseos en la Alameda y en Carranque, a los paseos hacia la Farola desde la Maestranza... hacia la gloria. Vuelvo a Torremolinos, a Alora y a Campanillas. A la Cruz de Humilladero y a Radio Popular- a los diálogos con Reme, Nacho y Antonio Guadamuro. Vuelvo a ver a los grises en la Aduana, comis...