A mi triciclo.

A mi triciclo.

Juntos compartimos duros golpes y sublimes caídas.
Aún recuerdo las arrugadas manos de mi padre y sus surcados dedos posándose sobre mis hombros cuando tú y yo emprendíamos aquellos fantasiosos viajes de escasos metros en el pasillo de mi casa o sobre los auricos adoquines de la Plaza de la Iglesia de Río Martín.
Sobre tí, mis sueños sobrevolaban las nubes a grupa de veloces alegrías y, me daba la impresión que solo en tus pedales mis pies hallaban la plena libertad
Y tus ruedas de espuma volaban sobre los versos de mi niñez, ya lejana.

Ahmed Mohamed Mgara

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