Mohamed Choukri, entre Tetuán y Tánger.
Por: Ahmed Mgara.
Y Mohamed Choukri pasó en ella toda una vida después de
llegar a sus arrabales andando y con heridas hasta en la tierra que pisaba.
Tánger se le entregó y se le abrió pese a las dificultades que se vislumbraban
desde unos ojos llenos de necesidad y que querían ver riqueza y suficiencia en
todo lo que había en esa irrecuperable ciudad en lo que respecta aquel estatus
estético que poseía. Tánger era una metrópoli llena de diversidades y de
antagonismos, una ciudad con arrastre de muchas historias de muchas
civilizaciones incrustadas en la tierra desde milenios con toda normalidad. . .
y el malogrado Mohamed Choukri, como tantas víctimas de generaciones pasadas,
llegaba en busca de “una salvación” que ha sabido hallar en la mítica ciudad.
Días pasados me decía un conocido que la ciudad de Tetuán
se portó con el malogrado Mohamed Choukri como si no fuese tetuaní:
aparentemente, ese señor no conoce la faceta del desagradecimiento de mi amada
ciudad al igual que desconoce que nuestro gran escritor solo se sentía
tangerino, y eso con toda la justicia del mundo. Solo Tánger le soltó las
riendas para llegar a lo que llegó, pese a las adversidades que le acompañarían
toda su vida. Choukri, no era un simple tangerino, sino que llegó a ser un
hombre universalmente reconocido cuando en Tetuán no llegaban algunos
intelectuales de segunda fila a descifrar el secreto que tenía Chokri para
triunfar pese a ser fácil de adivinar; Choukri era un hombre constante, quería
ser como los demás y, trabajó tanto que los dejó a todos detrás de su sombra;
era un luchador en vertical, le gustaba ascender y, si bajaba un escalón era
para saltar de un solo golpe muchos más hacia la cumbre. Si Mohamed Choukri no
se sentía como tetuaní se le tiene que respetar ese sentimiento. Tetuán es
desagradecida e intelectualmente atrofiada. Si Choukri se hubiese establecido
en Tetuán en vez de Tánger no hubiera conocido nunca la fama ni hubiera llegado
a ser el astro que reluce aún después de fallecido. No por ser precisamente
“Mohamed Choukri”, sino porque la ciudad ha ido adquiriendo esa nueva cultura
llamada “desagradecimiento”. Pero ello no impide que los que realmente seamos
de Tetuán queramos a los grandes de nuestro país incluso costándonos, después,
algunas observaciones de algunos ineptos que se hacen llamar herederos de la
intelectualidad de la ciudad, pongo por ejemplo las críticas que recibí cuando
publiqué en mi último libro una elegía a Mohamed Zefzaf.
Que nadie espere, y me duele reconocerlo, que en Tetuán
se reconozcan las proezas de los lúcidos y de los destacados. Aquí, en Tetuán,
da la impresión de que los que triunfan deben ir a otras ciudades para que se
les aprecie su valía. . . la nueva gente de la ciudad es más papista que el
“Papa” según dicen nuestros amigos los andaluces.
Para acabar contaré una anécdota que me pasó con un amigo
común que es el pintor fallecido hace unos meses Mohamed Drissi.
Nos encontramos en la puerta de su casa de Tánger y me
invitó a acompañarle a una sita que tenía con Mohamed Choukri. Por el respeto
que me merecía el malogrado escritor le dije al célebre pintor me disculpe
diciéndole que yo veía a Choukri como una pirámide y que tenía miedo de que le
molestase mi presencia. Drissi, con su típica sonrisa me exclamó: “La gente
viene de todo el mundo para ver a Choukri, y tú tienes miedo de molestarle. . .
pues vete a tu Tetuán y descansa en paz”. Pocos días después recibí la noticia
de la muerte de uno de mis mejores
amigos en el metro de Paris. Drissi fue quién descansó en paz primero, luego
Choukri. . . descansen en paz los dos tangerinos del universo a quienes Tetuán
nunca nada ofreció.
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