14 marzo 2012


FARAH
Por: Ahmed Mgara
Entre la ficción y la realidad, entre la imaginación y la historia veraz, Farah viene a nuestra memoria para avivar con ascuas de dolor un pasado nada agradable, para recordarnos olvidos y penalidades sufridas por generaciones de andalusíes durante más de cuatro siglos, desvividos en el exilio. Farah vivió con un único sentido en su vida. Volver a su tierra para sumergirse en sus orígenes, para dejarse envolver por la peculiaridad de la brisa andalusí; Farah, tan solo pensaba en volver a los arrabales que la vieron nacer y crecer antes del viaje irrecusable hacia África. Y Farah volvió a su tierra, pero enmascarada tras una túnica falsa… cualquier maldad podía servir de justificación para el reencuentro con las raíces.
Patricio González nos asoma desde el ventanal del tiempo hacia un pórtico de dolores perennes, nos impregna de vivencias de un pueblo despojado de sus adquisiciones y pertenencias sin lógicas justificaciones. Patricio moldeó, a su magistral antojo, un personaje sensible y único para un pueblo señorial y de altos linajes. Mi amigo Patricio nos hace retroceder en el tiempo para conmemorar ese exilio que pretendía romper la hegemonía de una de las civilizaciones más ilustres de la humanidad, tal vez, la única de la historia en la que se convivía sin tener en cuenta ni el credo, ni la religión, ni la etnia para compartir la vida en comunidad. De Hornachos a Salé, de Extremadura a una tierra extremadamente dura, Patricio nos introduce en el relato haciéndonos partícipes del mismo, enjuiciando y condenando, por nosotros, las injusticias cometidas hacia parte de un pueblo por el simple hecho de no confesar la misma religión que los nuevos colonos del herido Ándalus, los reinos de Castilla y Aragón que acabarían formando un Estado nuevo de las fragmentaciones y condados de la Península Ibérica y que se llamaría España.
El Ándalus no se desmembró en esa época. Todo lo contrario. Sin desligarse de sus raíces, enterradas en el Ándalus querido, los expulsados, judíos y musulmanes, se expandieron por el norte de África y por algunas regiones de Asia para diseminar los frutos del conocimiento y de las artes andalusíes por las tierras donde fueron recibidos, dispersando sus conocimientos en todas las lides del saber, de la creación literaria y poética, en la labranza, en la astrología, en las artes y en los oficios imperantes en esa época. Así se expandió el Ándalus por el mundo, una nueva civilización en decadencia que volvió a florecer, pero en la lejanía.

DON CRISTOBAL
Por: Ahmed Mgara

Siempre pensé que las ciudades se constituyen de dos elementos básicos, cemento y ruido aparte, su gente o conciudadanos y su bagaje intelectual. En el caso de don Cristóbal, puede decirse que fue y es toda una Institución dentro del panorama sociocultural de la reverdecida Algeciras pese a que nunca llegué a conocerle personalmente aunque, conversando con mi amigo Patricio González, siempre sale a relucir don Cristóbal como referente testimonial por la labor desempeñada como cronista oficial de la ciudad y como fuente del conocimiento. Gracias a Patricio, otro patriarca algecireño, llegué a admirar a nuestro personaje y a apreciar la bella localidad de la Bahía.
Confieso que “el cuaderno” de don Cristóbal me ha hecho vibrar durante el trayecto de su lectura y emocionarme a ráfagas varias. Me explico.
Desde la mítica década de los años cincuenta del siglo pasado he estado atravesando la tierra de Algeciras, de tránsito, sin detenerme nunca en ver y descubrir sus atractivos hasta que participé en un coloquio hispano-marroquí en el Aula del Estrecho, hace unos años, ya. Y me preocupé en buscar las plataformas que fueron escenario relativo a la Conferencia de Algeciras, acontecimiento referencial para mí en aquella época cuando se aludía a Algeciras. El Ayuntamiento y el Hotel Reina Cristina fueron mis dos centros de atención. Desde entonces, siempre que fui invitado a participar en alguna actividad cultural en Algeciras, tuve la suerte de pernoctar en ese símbolo de la Bahía. Un hotel que me resultó emblemático y que posee secretos extra naturales o fantasmagóricos entre sus dependencias. Sensaciones que me resultaron efectivas hasta en el olfato. Caminar por los pasillos del Cristina me daba la sensación de estar acompañado por algún espíritu invisible, inconfundiblemente mágico, lo que corroboran tanto Patricio González como don Cristóbal en éste trabajo, testimonio-homenaje.
Don Cristóbal alude a un algecireño de pro, un jesuita que dedicó su vida a la juventud malagueña y que tuve el honor de conocer y tener como Director y como jefe a la vez. Me refiero al Padre Francisco Mondéjar Cumpián. Un hombre curioso, trabajador y luchador por la juventud y el futuro que se podía encaminar. He vivido años cerca de él y aún me perdura su recuerdo con detalles dignos de ser reconocidos. Fue entre 1974 y 1979.
En el n° 2 de de la colección Cuadernos de la Barraca, editado por la Fundación Dos Orillas, de la Diputación de Cádiz, Patricio González ensalza a don Cristóbal diciendo que: “Perdí a un amigo en el camino de la amargura” como pórtico a un reconocimiento que emana desde las profundidades del alma, un merodear entre las olas del recuerdo y del reconocimiento propios, solamente, de almas no menos gentiles y valerosas. Patricio habla por Algeciras a la hora de poner a don Cristóbal sobre un pedestal de valores éticos llenos de afecto, respeto y consideración sublime.
El Cuaderno concluye con una conferencia, preparada y nunca pronunciada, de don Cristóbal sobre el Hotel Cristina. Una síntesis apasionada sobre el historial del emblemático Hotel desde su metamorfosis hasta sus momentos actuales, un relato sugestivo que resume la elegancia patrimonial de ese edificio y sus dependencias a través de diferentes épocas y vicisitudes. Datos y fechas adornan el texto gráfico de un establecimiento que se convirtió en un símbolo de una tierra lúcida y dádiva. Una ciudad que se asoma cada alborada desde el balcón fecundo de la Península, como una “mariposa vestida de iris”, para bendecirle el día al águila herido, que es el Hotel Cristina.
Gracias, Patricio González.
Descansa en la paz del Creador; don Cristóbal.

12 marzo 2012



PRESENTACIÓN DE ZÉJELES DEL ESTRECHO

Este lunes 12 de marzo a las siete y media de la tarde, ha tenido lugar en el edificio Kursaal (Biblioteca del Estrecho), la presentación del libro de poemas ZÉJELES DEL ESTRECHO. Se trata de un proyecto de recuperación de nuestra propia memoria que coordinado por Patricio González cuenta con la participación de diez autores que aportan sus poesías en zéjel.

El Zéjel es una poesía creada por el cordobés IBN QUZMAN y cuya métrica podía ser cantada. De esta poesía proviene la Jarcha. Típicamente morsica, se marchó junto con la expulsión de los moriscos y , prácticamente, desapareció hace cuatrocientos años, pero se conserva en todo su esplendor en Marruecos.

Ahora se pretende la recuperación de este tipo de poesía tan nuestra como una recuperación de nuestro propio ADN, de nuestra memoria.

Los autores que participan son: Patricio González, Juan Emilio Ríos, Nuria Ruiz, Nuria González(Dama), Mar Marchante, Carmen Sánchez, José Salguero, Ahmed Megara, Javier Cádiz y Miguel Vega, quienes leerán un ZÉJEL propio de cada uno en una noche que pretendemos sea mágica.

Patricio González

En recuerdo de los 191 asesinados del 11 M


EN MEMORIA DE QUIENES PERDIERON LA VIDA CIERTO 11 DE MARZO DE CUYO AÑO NO NOS QUEREMOS ACORDAR.
Por: Ahmed Mgara
Unos viles asesinatos acabaron con la vida de 191 personas de diferentes nacionalidades en tristes atentados a trenes de cercanías en la región de Madrid.
Personas de diferentes clases sociales que se dirigían a sus sitas de trabajo, de médicos o estudios. Gente de a pié que soñaba con acabar su jornada y volver a su hogar... acabando en la tragedia.
Descansen en paz, todos.

Abel García Alfageme, Alberto Arenas, Alexandru Horatiu Suciu, Alicia Cano Martínez, Alina Bryc, Alois Martinas, Álvaro Carrión Franco, Álvaro de Miguel Jiménez, Ambrosio Rogado Escribano, Ana Isabel Ávila Jiménez, Ana Isabel Gil Pérez, Ana martín Fernández, Anca Valeria Bodea, Ángel Luis Rodríguez Rodríguez, Ángel Manzano Pérez, Ángel Pardillos Checa, Angélica González García, Antonio Marín Mora, Antonio Sabalete Sánchez, Balbina Sánchez-Dehesa Francés, Beatriz Díaz Hernández, Beatriz García Fernández, Begoña Martín Baeza, Berta Gutierrez García, Budi Tibor, Carlos AlbertoGarcía Presa, Carlos Marino Fernández Dávila, Carlos Soto Arranz, Carlos Tortosa García, Cármen Mónica Matínez Rodríguez, Cipriano Catillo Muñoz, Cristina Aurelia García Martínez, Cristina Romero Sánchez, Csaba Olimpiu Zsigovski, Daniel Paz Manjón, Danuta Teresa Szpila, David Santamaría García, Davis Vilela Fernández, Domnino Simón González, Eduardo Sánz Pérez, Elena Ples, Elías González Roque, Emilian Popescu, Encarnación Mora Donoso, Enrique García González, Esteban De Benito, Eugenio Moreno Santiago, Eva Belén Abad Quijada, Federico Miguel Sierra Serón, Felipe Pinel Alonso, Félix González Gago, Florencio Aguado Rojano, Florencio Brassero Murga, Francisco Antonio Quesada Bueno, Francisco Javier Barahona Imedio, Francisco Javier Casas Torresano, Francisco Javier Mancebo Zaforas, Francisco Javier rodríguez Sánchez, Francisco José Narváez De La Rosa, Francisco Moreno Aragonés, Georgeta Gabriela Dima, Gloria Inés Bedoya, Gonzalo Barajas Díaz, Guillermo Senent pallarola, Héctor M. Figueroa Bravo, Inés Novellón Martínez, Ionut Popa, Iris Toribio Pascual, Ismael Nogales Guerrero, Jackeline Contreras, Javier Garrote Plaza, Javier Guerrero Cabrero, Javier Mengíbar Jiménez, Jesús Utrilla Escribano, John Jairo Ramírez Bedoya, Jorge Rodríguez Casanova, José Gallardo Olmo, José García Sánchez, José Luis Tenesaca Betancourt, José María Carrillero Baeza, José María García Sánchez, José María López-Menchero Moraga, José Miguel Valderrama López, José Ramón Moreno Isarch, José Raúl Gallego Triguero, Juan Alberto Alonso Rodríguez, Juan Antonio Sánchez Quispe, Juan Carlos Del Amo Aguado, Juan Carlos Sanz Morales, Juan Francissco Pastor Pérez, Juan Luis García Arnaiz, Juan Miguel García García, Juan Muñoz Lara, Juan Pablo Moris Crespo, Juan Ramón Zaora Gutiérrez, Julia Frutos Rosique, Julia Moral García, Kalina Dimitrova, Laura Laforga Bajón, Laura Ramos Lozano, Liliana Guillermina Acero Usiña, Livia Bogdan, Lola Durán Santiago, Loli Fuentes Fernández, Luis Andrés Martín Pacheco, Luis Rodríguez Castell, Maite González, Maite Jaro Narrillos, Mar Cármen López Pardo, Mari Cármen Lominchar Alonso, María Cristina López Ramos, María Eugenia Ciudad-Real Díaz, María Fernández Del Amo, María Inmaculada Castillo Sevillano, María Isabel Sánchez Mamajón, María Ivanova Staikova, María Jesús Macías Rodriguez, María José Álvarez González, María José Pedrasa Pino, María Luisa Polo Remartínez, María Nuria Aparicio Somolinos, María Paz Criado Pleiter, María Pilar Gámiz Torres, Maria Pilar Pérez Mateo, María Soledad Contreras Sánchez, María Teresa Mora Valero, Marion Cintia Subervielle, Marisol Rodriguez De La Torre, Marta Del Río Menéndez, Martha Scarlet Plasencia, Mercedes Vega mingo, Michael Mitchell Rodríguez, Miguel A. Serrano Lastra, Miguel Ámgel Prieto Humanes, Miguel Ángel Badajoz Cano, Miguel Ángel Orgaz Orgaz, Miguel De Luna Ocaña, Miguel Reyes Mateos, Milagros Calvos García, Miriam Melguizo martínez, Miryam Pedraza Rivero, Mohamed Itaiben, Muriana Negru, Myriam López Díaz, Neil Astróndor Masgo,Neil Torres Mendoza, Nicoleta Deac, Nieves García García-Moniño, Nuria Del Río Menéndez, Olekssandr Kladkovoy, Osama El Amarti, Óscar Abril Alegre, Óscar Gómez Gudiña, Oswaldo Cisneros, Pablo Izquierdo Asanza, Patricia Rzaca, Paula Mihaela Sfeatcu, Pedro Hermida Martín, Petrika Geneva, Pilar Cabrejas Burillo, Rafael Serrano López, Rex Reynaldo Ferrer, Roberto Pellicari Lopezosa, Rodolfo Benito Samaniego, Rodrigo Cabrero Pérez, Sam Djoco, Sana Ben Salah Imadaquan, Sandra Iglesias López, Sara Centenera Montalvo, Sara Encinas Soriano, Saúl Valdés Ruiz, Segundo Víctor Mopacita Mopacita, Sergio De Las Heras Correa, Sérgio Dos Santos Silva, Sergio Sánchez López, Sonia Cano Campos, Sonia Parrondo Antón, Stefan Budai, Stefan Modol, Susana Ballesteros Ibarra, Susana Soler Iniesta, Teresa Tudanca Hernández, Tinka Dimitrova Paunova, Trinidad Bravo Segovia, Vicente Marín Chiva, Victoria León Moyano, Wieslaw Rzaca y Yaroslav Zojniuk.

LA OTRA MIRADA
José Sarria


¿Por qué el Gobierno no acude al Bosque del Recuerdo?


El Bosque del Recuerdo es ese lugar emblemático de Madrid en el que se rinde homenaje, a través de 192 árboles (22 olivos y 170 cipreses), a las víctimas de los atentados del 11-M.

Son 192 árboles, hoy ya erguidos, inhiestos, orgullosos y elocuentes, que mantienen vivo, día a día, el recuerdo de los terribles acontecimientos de aquella fatídica mañana del 11 de marzo de 2004 y de las consecuencias mortales del peor atentado terrorista de estas características acontecido, no sólo en nuestro país, sino en todo el continente europeo. La estación de Atocha, El Pozo del Tío Raimundo, la estación de Santa Eugenia y calle Téllez, fueron los lugares en los que 191 personas perdieron la vida y otras 1.858 resultaron gravemente heridas.

Hoy, que se conmemora el octavo aniversario de aquella crueldad, los cipreses y los olivos sentirán el abandono de aquellos que nos gobiernan, porque ni el Presidente Rajoy, ni ninguno de sus ministros, ha tenido tiempo para encontrar hueco en sus ajetreadas agendas, con el fin de hacer memoria de los atentados y acudir, un año más, a una sencilla conmemoración con la que honrar a los muertos, a nuestros compatriotas vilmente asesinados por el horror del terrorismo. Ningún alto representante del PP en el Gobierno de la nación asistirá al Bosque del Recuerdo, a la estación de Atocha, al Pozo del Tío Raimundo, ni a cualquiera de los lugares en los que los familiares irán a llorar a sus muertos o a mostrarles el respeto que merece una vida truncada de una forma tan infame. Una actitud impensable en cualquier otro país que haya sufrido similares ataques. Una actitud que en cualquiera de estos países sería tomada como una ofensa a la nación y sus actores serían tildados de antipatriotas. ¿Quién puede imaginarse a Obama sobre una tumbona en la isla Martha's Vineyard, durante el aniversario del 11-S o a David Cameron echando una cabezadita en su sillón preferido de Downing Street mientras el pueblo homenajea a las víctimas del 7-J? Aquí, sin embargo, Mariano Rajoy, Soraya Sáenz de Santamaría o María Dolores de Cospedal se pueden permitir el lujo de la ausencia: cosas de las mayorías absolutas.

Hoy los cipreses y los olivos del Bosque de los Recuerdos, además de soledad, sentirán el sabor nauseabundo de esa pócima que es capaz de poner por encima del dolor ajeno a los intereses partidistas.

Plataforma de Antequera


Estimad@s amig@s y compañer@s:

Imagino que sabréis que los pasados 26 y 27 de enero se celebró en Antequera un Encuentro de Escritor@s Andaluc@s.

Al final del mismo, y dado el actual panorama de posible desmantelamiento de la cultura (enarbolando como argumento la actual crisis económica), por parte de quienes deben de velar por el sostenimiento del Estado del Bienestar, un grupo de escritor@s decidió lanzar a la ciudadanía un documento en favor de la dignidad pública de la cultura, con el fin de proyectarlo a todos los que tienen responsabilidad de gobierno, ya sea actual o futura.

De ahí ha nacido la página web

www.manifiestodeantequera.com

que a modo de plataforma pretende recoger el mayor número posible de adhesiones, para hacerlas llegar a organizaciones sociales y culturales, partidos políticos, sindicatos, representantes políticos, etc. con el fin de concienciar acerca de la necesidad de mantener a la cultura como bien necesario para nuestra sociedad.

Esperamos contar con tu adhesión (que puedes hacerla entrando en la web y rellenado el formulario, al efecto), así como contar con tu apoyo en la difusión de esta iniciativa, reenviando este email a tod@s tus contactos.


Recibe un cordial saludo, siempre.

10 octubre 2011

PRESENCIAS, un libro de afectos y amor a Tetuán y a sus gentes.

09 septiembre 2011

Con Maldini y Raúl.

17 agosto 2011


FEDERICO

Detrás de todas las desilusiones y del frío que se acumula en los pasajes de la propia lucidez y el conocimiento, siempre queda un lugar, aunque sea remoto, para la adolescencia. La propia capacidad de conmoverse con un poema ó el milagro de seguir aferrado a una inquietud social, ó por una fotografía que nos permite seguir siendo adolescente. Irónicos, malditos, pero con un resto de adolescencia, la dosis mínima para seguir con vida.

Federico García Lorca significa la adolescencia perpetua, la enorme capacidad de concederle una dignidad literaria extrema a las nostalgias, a la propia ingenuidad, a los mitos frágiles de la pureza, a esos castillos de arena que rompe el mar y que sólo llegan a salvarse en la perfección deslumbrante de un verso.

Cuando la vanguardia española de los años veinte del pasado siglo se esforzaba por conseguir un pacto con la tradición, una lectura vitalista y modernizadora del pasado, Federico García Lorca vio la oportunidad de escribir la literatura romántica que faltaba en la memoria española. La reflexión profunda sobre la crisis de las promesas modernas, la mirada angustiosa ante una civilización que pierde el norte y se vuelve contra si misma, y muerde el corazón de sus habitantes con los colmillos cargados de veneno.

Los insectos nocturnos, los jinetes soñadores, los amantes malditos, los negros humillados por los rascacielos de Nueva York y los niños perseguidos por el agua de los pozos o por la enfermedad, son los protagonistas de una historia romántica, el deseo que apuesta por la libertad aunque conozca y tenga miedo a las aristas del mundo, a los pueblos irrespirables, a las ciudades fracasadas, ó a los propios salones de estar llenos de odio.

García Lorca, con un precioso vocabulario enriquecido por la juventud y la noche, con una voluntad infatigable de imágenes, con la enorme capacidad de encerrar la tragedia o el amor en una sola palabra, consigue invocar a todos los aventureros, llega a escribir la historia del pecho adolescente en la realidad contemporánea.

Por todo ello y porque las metáforas y los versos forman parte de la vida, de la realidad, cada vez que necesito encontrar un sentimiento puro, cada vez que necesito un escalofrío original, intento volver con mi pensamiento a mi propio pasado adolescente y mezclo la vida con la literatura y leo a Lorca. Es un pañuelo blanco sacado de una chistera hechizada y melancólica. Es algo que no se explica del todo y que cautiva por medios que yo, al menos, no sabría precisar porque hay algo que hace que las palabras estén vivas dejando una estela de inquietud en el corazón: la música y su enigma.

Algeciras a 17 de Agosto de 2011

Patricio González

20 julio 2011


Conferencia pronunciada por Ahmed Mgara el 19 de julio 2011 para los matriculados en los XXXI Cursos de Verano de San Roque de la Universidad de Cádiz en el Palacio de los Gobernadores. El acto fue presidido por don Patricio González García, coordinador de los cursos, y acompañado por 190 diapositivas del Tetuán Andalusí.
El patrocinio estuvo a cargo de REALIA

Es difícil desenrejar y descifrar el entramado de la vida de los descendientes moriscos que vivimos actualmente en Marruecos, musulmanes andalusíes, españoles por decreto natural y exiliados por destino terrenal. Un destino paradójico que pervive en nuestra incertitud con toda viveza. Por eso, me resulta complicado, siempre, bosquejar en ese terreno. Hay mucho dolor encerrado y mucha tristeza enterrada que influyen a la hora de escribir al respecto.
Para conseguir algún acercamiento a éste estudio, resulta imprescindible repasar algunos trances históricos que se vivieron en ambas orillas del Estrecho por los dos contendientes, vencedores y vencidos, todos perdedores y sin compensación de ningún tipo, al fin y al cabo. Es obvio afirmar que la verdadera y objetiva historia de los moriscos no está aún escrita, en espera de mejor aprovechamiento de los manuscritos guardados en grandes bibliotecas públicas y privadas, incluso los que están guardados cuidadosa y sigilosamente por familias de descendientes de moriscos.
Hay mucho legado enterrado, y a flor de piel, a la vez. Cicatrices aún sin solidificarse y sin borrarse. La interrogante del porqué se negó la sugerencia de tolerancia y coexistencia de Hernando de Talavera y, en cambio, porqué sí se adoptó la norma del Cardenal Francisco de Cisneros hacia los no cristianos, pese a su severa crudeza, también se conservó durante más de tres siglos, empezando por el reinado de los reyes Católicos seguido por la casa de los Austria y sucesores; que tuvo como contrapartida esa hostilidad constante desde las costas norte y sur del Mediterráneo andalusí, tanto desde Tetuán, refundada por los primeros granadinos huidos masivamente, como desde Rabat y Salé, fundada por moriscos de Hornachos, con posterioridad en lo que concierne el lado morisco; como desde la Península en relación con la parte cristiana.
Aquella “Santa Inquisición” iba a ser la primera ley de extranjería decretada en la historia de la humanidad.

Los moriscos se dispersaron desesperadamente por la ribera mediterránea, tanto en Europa como en el norte de África y en algunas zonas asiáticas como Siria e Irak, pero fue en Marruecos donde más se establecieron debido a la cercanía geográfica y a los lazos que unían a los pueblos de ambas riberas como el comercio, el parentesco familiar, la tolerancia étnica y religiosa, las afinidades y similitudes en la vida cotidiana. No hay que olvidar que el Estrecho de Gibraltar ha tenido siempre, por misión y destino, enlazar culturas y civilizaciones, difuminar y disolver diferencias entre humanos, en definitiva.
Pero, realmente ¿Cómo fue la llegada de los moriscos a Marruecos?
Y ¿Cómo llegaron a constituir en el siglo XVII dentro del mismo Imperio Cherifiano de Marruecos, con sede en Fez, otros dos sistemas de gobierno, el de Tetuán y el de los extremeños de Hornachos en Rabat y Salé?
Y hay que preguntarse también ¿Hasta qué grado se benefició Marruecos de la masiva llegada de los moriscos en lo que concierne lo social, científico, literario, musical, artesanal, agrario, militar y económico?
Con certeza, muchos, para no decir la mayoría de esos moriscos, atravesaron el Estrecho pasando por éstas mismas tierras benditas donde nos encontramos ahora. Desde ésta costa pasaron a las orillas de enfrente con la incertidumbre por equipaje y el dolor como único compañero de viaje. Desde aquí abrazaron la furia de las olas de la Mar de la Tinieblas, algunos, y del Mare Nostrum, otros. Otros moriscos embarcaron desde las costas almerienses y valencianas, sobre todo aquellos que se fueron a Argelia o a la zona conocida actualmente por el Rif Marroquí. Iban buscando la salvación de sus vidas, renunciando a sus pertenencias todas tras su fragmentación familiar.
La llegada de los primeros moriscos al norte de África en los inicios del éxodo fue de cordial y efusiva bienvenida, tanto en Marruecos como en Argelia. Los marroquíes recibían a sus huéspedes con los brazos abiertos, generalmente. Al fin y al cabo, se solidarizaban con gente oprimida y perseguida, pero, con el paso del tiempo y de las décadas, se fueron dando cuenta de que los nuevos huéspedes venían a Marruecos tras cristianizarse y volverse a convertir al Islam, lo que era embarazoso por no saber a qué atenerse ante la dualidad moral y espiritual de los llegados. Las dudas empezaron a hacer mella acentuadas por la gran cantidad de espías o informadores que, enviados por la Iglesia, se mezclaban con los moriscos. Todo ello hizo efectivas ciertas reticencias que dieron lugar a que muchas familias y comunidades moriscas decidiesen instalarse lejos de las urbes, en las periferias o en montañas de difícil accesibilidad, por necesidad. Aún existen esas pequeñas aglomeraciones llamándose Dar o Aduar, y sus habitantes conservan sus costumbres y sus peculiaridades, muy notorias, pese a las limitaciones y la dureza del entorno.
A nivel personal, recientemente me preguntó una amiga por mis orígenes, a lo que contesté casi textualmente: “Desciendo de una familia morisca de Almería que se estableció en Marrakech hasta 1812 en que un bisabuelo se estableció en Tetuán”. Pero, a algunos de los presentes no les agradó la manera de decirlo y me la criticaron, por lo que entramos en discusiones de las que se vienen repitiendo desde siglos entre quienes son moriscos y quienes no lo son.

Tal vez, los moriscos que más padecieron la no aceptación en Marruecos fueron los expulsados por Felipe III entre 1609 y 1613, superando los cuarenta mil expulsados, de los cuales, se asegura que más de diez mil se establecieron en la ciudad de Tetuán, ciudad andalusí por antonomasia pese a que las ciudades de Chauen, Rabat y Fez también recibieron grandes cantidades de moriscos en diferentes épocas. Dicho sea de paso, la ciudad de Chauen conoció el reinado de una mujer andalusí de Granada, Saida Al Horra, primera y única mujer que reinó en la historia de Marruecos.
Después de siglos de destierro nos encontramos que entre los legados primordiales que hemos heredado de generación a otra, está el apego a la tierra de nuestros antepasados; como se suele decir, los moriscos somos fruto de un árbol con raíces perennes en Andalucía y cuyas ramas se expanden sobre otras tierras lejanas y extrañas, donde fructifican. Hemos ido conservando el amor a la tierra de origen, Almería, en mi caso particular; los usos y las costumbres andalusíes siguen en vigor en nuestra vida social y marcan la diferencia entre los descendientes de los moriscos y demás etnias que cohabitan Marruecos. Nos consideramos diferentes, refinados, incluso un poco especiales por el estatus social que nos distingue… sin olvidar que somos apátridas desde siglos atrás, desde la diáspora injustificada, producto del levantamiento del Albaicín de 1499 y del decreto de conversión al cristianismo de 1502, sin dejar de recordar el ruego de la Iglesia de 1526 a Carlos V, de expulsar a todos los musulmanes, sin excepción, de sus dominios; o la solicitud de la Iglesia a la Cortes Españolas en los mismos términos de persecución y expulsión. El sacerdocio sabía de los valores morales y espirituales de los moriscos por sus propias deducciones y por las de los nobles de la época que tenían a su servicio a moriscos como esclavos y servidores, quienes aseguraban que, con tener a esos esclavos a su servicio, tenían “al oro y al moro de un solo golpe”. Se vanagloriaban de ello.
Los señores cristianos de la época, conscientes del nivel intelectual de los perseguidos, concedían a algunos de sus esclavos moriscos la misión de educar a sus propios hijos y de enseñarles las artes los conocimientos de la época así como las artes de la guerra, en algunos casos. Esto a cambio de un trato menos duro que el acostumbrado hacia los esclavos de la época.

Se tuvo presente en la memoria de los moriscos durante largo tiempo, el acto del Conde de Liria, fiel colaborador del Cardenal Cisneros, por destruir una mezquita en las Alpujarras con gente rezando dentro, degollando a los hombres y haciendo esclavas a las mujeres y a los niños. Aún se menciona popularmente en Marruecos ese hecho cuando se derrumba una mezquita, por los años o inclemencias naturales, diciendo que: “Cisneros no fue”.

En muchas referencias se asegura que muchos de los remeros de la expedición de Cristóbal Colón al Nuevo Mundo eran esclavos musulmanes y judíos andalusíes. En los típicos cuentos heredados aún se habla en nuestros días de esos aventureros y de las penurias sufridas, no exentos de imaginaciones agregadas.

Los altos estamentos de la Iglesia, en esa época, sabiendo de los valores intelectuales de los moriscos, se encargaron de requisar los manuscritos de los musulmanes y de los judíos manteniéndolos ocultos, aunque bien protegidos, en sus propios archivos sin permitir el acceso a ellos a los investigadores e interesados durante siglos de mutismo. Algunos manuscritos que sí llegaron a ser trasladados desde la Península en diferentes épocas suponen referencias de vital importancia para los investigadores actuales en Marruecos, aunque nunca serán suficientes para describir un acercamiento a la realidad histórica de los hechos. También, el hecho de que algunos archivos fueran explorados por investigadores ha colaborado en despertar gran interés por la temática morisca, quedando mucho por explorar y por publicar.
El mismo Julio Caro Baroja, en su obra “Los Moriscos del Reino de Granada” asegura que el Reino de Castilla se portó brutalmente con los moriscos tras la caída del Reino de Granada así como con todo el norte de África, donde se habían exiliado la mayoría de los expulsados. Resalta que durante el siglo XVII, Almería conoció un retroceso en todos los niveles comerciales y artesanales debido a la constante persecución del Reino de Castilla a los moriscos. Ello resulta lógico porque los Reyes Católicos habían sustituido a los andaluces autóctonos por los nuevos “colonos” traídos de Castilla y de algunas otras regiones que no estaban acostumbrados a la labranza y a otros trabajos que requerían maestría y resistencia, por lo que no podían suplir la maestría de los habitantes autóctonos que habían hecho del Ándalus la civilización más omnipresente a todos los niveles del conocimiento del mundo de entonces. Esos mismos labriegos plantaron en Marruecos los sistemas de regadío que siguen aplicándose hasta nuestros días aunque con ciertos ribetes de modernización. El reparto de las aguas subterráneas en Tetuán sigue circulando por el casco urbano de la medina andalusí con el sistema de tejas. Curiosamente, canal que se toca ahora, es canal que deja de funcionar… no se sabe cómo volverlo a hacer funcionar.
Muchos historiadores aseguran que los moriscos musulmanes ejercían los ritos del Islam a escondidas por temor a ser descubiertos como falsos cristianos; que inculcaban a sus descendientes las normas y los usos de su religión a escondidas; también guardaban el Ramadán, pero tenían dificultades a la hora de distribuir la Zakat, que es un impuesto del 2,50 % sobre los bienes disfrutados durante un año, y que se debe repartir entre los necesitados. Al contrario, los prisioneros guardaban todas las obligaciones de su religión sin temor a las represalias puesto que era por esa misma religión por lo que estaban encarcelados, entre trabajos forzosos no remunerados y habitáculos dedicados al encierro masivo. Aún en nuestros días, la voz popular menciona estas circunstancias sin desprenderse de su recuerdo.

Se prohibió el baño árabe cerrando o destruyendo casi la totalidad de los que había en el Ándalus a excepción de la zona de Almería, donde siguieron funcionando algunos de ellos. También se prohibió el uso de la Al Henna, que es una planta molida que, mezclada con agua resulta ser terapéutica para algunas afecciones de la piel, simplemente por ser empleada como adorno en festejos y celebraciones en algunas costumbres judías y árabes. En Tetuán, tras ser refundada y reconstruida la ciudad por el granadino Ali Mandari, se precipitó a construir un baño árabe, Hammam (que aún sigue funcionando), una mezquita y una capilla para los prisioneros cristianos apresados en la mar (actualmente, se quiere reabrir la mazmorra- cárcel que da nombre a la Barriada de la medina andalusí de Metamar) pese al deterioro que conoce.

Los nuevos cristianos del Ándalus, venidos de Castilla, procuraban no mezclarse con los viejos cristianos, judíos y musulmanes, verdaderos dueños de la tierra, al fin y al cabo). Llegó el caso de que los nuevos ricachones afincados en el nuevo Ándalus, desheredaban a sus herederos si se casaban o tenían algunos tratos con los moriscos. Durante siglos, en Marruecos se intentó una fusión con los bereberes marroquíes creando una nueva civilización en el norte de África. La malamente llamada “caída del Ándalus” dio lugar al resurgimiento del mismo gracias a la expansión de las profesiones, usos, costumbre y tradiciones andalusíes, pero en tierras algo lejanas, aunque el Ándalus llegó a estancarse en un ambiente de decadencia y retroceso, teniendo que amoldarse a un nuevo estatus, lleno de hostilidades e inseguridad.
Los moriscos convertidos eran considerados como cristianos de segundo grado. Incluso en las actas notariales se tenían que reseñar los orígenes de su cristiandad, si era por conversión. El morisco cristianizado estaba obligado a descubrirse como convertido, y si no lo declaraba, la ley le obligaba a pagar una compensación al cristiano de origen con el cual había efectuado la transacción. Una vez en Marruecos, recuperaron su nombre original, pero sin renunciar, todos ellos, a ese nombre adquirido forzosamente... para quedarse en su tierra.
Comportamientos que no ayudaban en nada los consejos del Cardenal Talavera que aconsejaba la convivencia y la tolerancia entre todos en el bien de todos, en contra de lo que había dictado Cisneros. Talavera sabía que esos comportamientos separatistas y triviales no podían conducir más que a la consolidación de las convicciones de los verdaderos andalusíes de que no debían sumirse ni a los “invasores” ni a los dictámenes clasistas de la Iglesia imperante. De ahí que, tras establecerse los moriscos en Marruecos, los cristianos tenían libertad y derecho a ejercer sus cultos para evitar más fragmentaciones innecesarias. Todos eran iguales en esa nueva sociedad donde reinaba la concordia y el entendimiento… hasta que empezaron algunas hostilidades por la gran cantidad de gente de dudosas convicciones e intenciones que llegaba al norte de África tras atravesar el Estrecho de Gibraltar.
Los matrimonios entre moriscos no parecen haberse efectuado por los ritos eclesiásticos pese a que estaban, los novios, cristianizados, al menos, eso es lo que se deduce de los escritos y tratados históricos de relevancia al no haber referencias al respecto en los archivos de las Iglesias de la época, con nombres de procedencia árabe al menos. Recordemos que en las actas notariales oficiales se les exigía a los moriscos identificarse como tales para que constase en los escritos. Todo lo contrario, existen algunas actas traídas al exilio de Adules o notarios musulmanes que certificaban los casamientos entre musulmanes, pero que nunca se supo si eran públicas o se escribían fuera de la ley imperante. Algunas referencias aseguran que los moriscos se casaban leyendo la Fatiha del Corán en presencia de doce testigos para evitar ir a una iglesia.
De los manuscritos hallados se constata que los novios se vestían a la usanza tradicional en sus bodas hasta que la Reina doña Juana, en 1511, prohibió el ejercicio de la sastrería a usanza morisca. Dos años después, se prohibía el uso del velo por parte de la mujer, lo que fue ratificado por Carlos V en 1526.

En este sentido, Mármol Carvajal afirma que los moriscos, ante tales injusticias, se apiñaban y reunían en comunidades cuyos dueños eran convertidos, pero trabajaban como libres y dejando de ser esclavos, lejos de los nuevos aires separatistas que imperaban en el Ándalus. Esos grupos empezaban a adquirir nombres nuevos, agregando Ben o Ibn al apellido de origen, lo que han mantenido en gran parte al exiliarse hacia el norte de África y demás partes mediterráneas hasta nuestros días. Algunos moriscos tuvieron, aparte de su nombre original, una referencia a su protector cristiano (si el morisco se llamaba, por ejemplo Ahmed Ben Zaidún, pasaba a llamarse Ahmed Ben Zaidún de Guzmán, en referencia a su amo o protector cristiano) lo que se mantuvo hasta el exilio final hacia el norte de África. Esto queda patente y palpable en los documentos de transacciones comerciales y notariales de la época a los que se tuvo acceso posteriormente. Esto pervive en nuestros días.

“Cristianos de Castilla”, se les llamaba en Marruecos a los moriscos, por haber vivido un siglo bajo el dominio cristiano de España antes de ser expulsados, por lo que eran, para los marroquíes (andalusíes establecidos y bereberes autóctonos), musulmanes de segundo grado por haber soportado la sumisión a la Santa Inquisición… que, para ellos, no era tan “santa”.

Curiosamente, los moriscos mediterráneos hemos heredado la contemplación ante la mar, como lo hacían nuestros abuelos andalusíes, el amor a la naturaleza y a las beldades mundanales que nos rodean… mirando las olas pasar y penetrando el horizonte con miradas llenas de sueños, de interrogantes y poéticos lamentos, a veces hasta profanos y que desgranan nuestras nostalgias. Ello, sin perder ni la moralidad ni los credos religiosos. Hemos heredado separar lo espiritual de lo mundanal aunque, en el sufismo, se hacen referencias de lo pecaminoso en lo religioso. Algo así como estar en el cielo sin despegarse del suelo. Dejar vagar el alma y el espíritu en las beldades de la creación para descubrir la esencia de la religión.

Hemos heredado los cantos y encantos de la tierra original y sus quejidos posteriores, llantos llenos de dolor por la pérdida, nunca justificada, de los bienes mundanos y de la tierra andalusí, renuncia impuesta al vergel terrenal donde emanaban todas las tendencias de la civilización que forjaba una sola cultura, la andalusí.
Pero nos queda la luna al reflejar las plateadas tierras de nuestros ancestros cada noche en su faz hasta que la despierta la alborada. Y, al igual que contemplamos la mar, nos adormecemos dialogando con la llenura de la luna teniendo, incluso, la certeza de que nuestra melancolía vaga por el espacio hasta aterrizar sobre las benditas laderas del Ándalus soñado.
Somos descendientes de la gallardía, ejercemos la convivencia más que la coexistencia, somos tolerantes con los demás, respetuosos hacia todos los credos y, aún valoramos la dignidad humana por encima de todos los intereses creados. De nuestros antepasados nos viene la lección. Fuimos santiguados por las sierras y llanuras del Ándalus, por la magia que la Divinidad dispersó y desparramó sobre esta tierra bendita.
Hay un cancionero secular que se ha ido trasladando y transmitiendo de padres a hijos, lleno de sensibilidades y de resúmenes de historias particulares de esos desahuciados de sus tierras para establecerse en Marruecos. Son canciones que cantamos, muchas veces, sin saber ni el porqué ni el origen de sus letras aún encerrando vivencias crudas o recreos en experiencias y vivencias del pasado en el vergel terrenal de los moriscos. Puede decirse que son llantos fundidos en cantos, exaltación del quejido y del dolor a través de alegrías pasajeras que nada tienen que ver con la profundidad de las letras.
Y, como el morisco, en contra de lo que se quiere dar a entender por la voz popular, no es solamente el refugiado musulmán, sino también el cristiano y el judío (no hay que olvidar que el Ándalus suponía una mezcolanza sin par en la historia de la humanidad en lo que concierne la convivencia entre personas de múltiples arraigos), en Marruecos aún se conservan descendientes con nombres de diferentes civilizaciones pero que convergen todos en una sola civilización. Los moriscos no creemos en eso que se denomina “tres culturas”. Somos una sola y única cultura…la andulsí, la indisoluble. Creemos que por intereses macroeconómicos nos pretenden dividir en tres cultural, separarnos y fraccionar nuestra identidad creando nuevas fronteras mentales y morales para dispersar esa gran procedencia y su linaje. Mantenemos indisoluble el espíritu andalusí irradiando los valores heredados de nuestra unidad perenne, y no somos reivindicativos en ese aspecto. Somos un fuego en un pajar, arde para sí, pero no daña los contornos. No renegamos de la tierra que nos acogió, ni pretendemos obtener favores o aguinaldos de interés material de la otra orilla, de esta orilla bendita. Nuestro sentido de la pertenencia es nuestra compensación más confortable; nos basta ser quienes somos y proceder de tan noble tierra para ir por la vida sin exigirle nada al destino…y eso es como lo bailado, nadie nos lo puede quitar… somos de donde venimos y de donde estamos.

En Marruecos se conservan todos los ritos sociales de antaño, usos y costumbres que en el Ándalus imperaban en la vida social. Con algunas variantes o retoques de modernidad pero, se mantienen casi intactos. Antropológicamente, los cambios son muy sensibles y que se notan más en la forma de ejecución que en el global o verdadero sentido humano de esos usos y de esas costumbres.
La artesanía también pervive casi intacta pese a la introducción de materiales sintéticos modernos y de algunos medios tecnológicos impuestos por el tiempo.
Hay que tener presente que la presencia morisca en el norte de Marruecos ha supuesto un florecimiento de las ciencias, de las artes, de la artesanía y de todas las manifestaciones de civilización de las que se privó Al Ándalus en beneficio de las zonas desfavorecidas de la época. Todo ello pervive, de forma u otra, en la sociedad del norte de Marruecos palpablemente. La Constitución marroquí acaba de reconocer oficialmente la Identidad Andalusí dentro del país por primera vez en su historia.
Los nombres y apellidos de los moriscos, de sus descendientes, siguen llevándose con un orgullo inusual, un distintivo que supone un motivo de orgullo más. Si un español dice llamarse en España, por ejemplo, Antonio Bermejo, no es lo mismo que un marroquí diga en Marruecos que se llama Mohamed Bermejo. Es más, lo dice casi deletreando su apellido, de tanto orgullo que le brota por naturalidad heredada.
Las calles y las edificaciones son sinónimo de “herencia secular”. Los arcos, los azulejos, la cal y demás ornamentos de la arquitectura andalusí siguen adaptándose como modelos o patrones normalizados, incluso en las construcciones modernas. El retoque andalucista da un valor añadido a cualquier construcción… incluso para los que no saben de la procedencia de esos ornamentos.
Y no pueden faltar los adornos con macetas y flores ningún hogar andalusí. Es un rito necesario de observar. Un distintivo que delata al ciudadano morisco con raíces.
Al Ándalus mantiene viva, en el norte de Marruecos, su esencia más lúcida. Hemos heredado de esa civilización destellos de grandeza que están dispersos por las urbes así como en las afueras, hemos heredado el dolor y el quejido, no solamente en la Música andalusí, sino, también, en el modo de ser y de hacer las cosas. Y, como dije antes, no somos reivindicativos. No pretendemos ni beneficios ni favores de terceros en recompensa de las penalidades de nuestros antepasados pese a que, en los últimos años, empezaron a aparecer grupos y asociaciones reivindicativas exigiendo la nacionalidad española, unos, las disculpas del Estado de España a los moriscos por los ultrajes, otros, … y cosas por el estilo. Personalmente, como descendiente de moriscos, solo me interesa el abrazo fraternal de gentes y etnias de las dos riberas del Estrecho de Gibraltar; fundirnos, todos, en un solo y único abrazo encaminados hacia el futuro común en busca del resplandecimiento de una cultura de convivencia, respeto y tolerancia de todos hacia todos. Solo eso puede resumir mi filosofía del Ándalus para homenajear las almas de esos altivos andalusíes que nos han legado un orgullo de agradecer.
Hace algunos años leí en el cementerio de Tetuán un epitafio encabezando una tumba y en el cual había escrita una frase que me marcó desde entonces: Huna yarkudo jusmano andalusiyen. “Aquí yace un andalusí”. Nada tan expresivo.

19 julio 2011

San Roque en actividades.


Hoy ha tenido lugar la segunda jornada del Curso: LA HUELLA MORISCA EN LA COMARCA en el marco de la XXXI EDICIÓN DE LOS CURSOS DE VERANO DE LA UNIVERSIDAD DE CADIZ EN SAN ROQUE. En la misma han intervenido Nuria Ruiz quien ha tratado el tema del "Desencuentro y encuentro entre los zéjeles españoles y marroquíes". Estando la segunda de las ponenecias a cargo de Ahmed Mohamed Mgara quien ha hablado de "Los moriscos del Norte de Marruecos" en un disertación que ha estado acompañada por 170 fotografías de lugares de Tetuán que reflejan perfectamente la huella morisca.
El curso finalizará mañana con las intervenciones de Antonio Manuel Rodríguez que hablará sobre la huella morisca , para finalizar con la presentación de la novela morisca "Farah" de Patricio González.