13 noviembre 2006

Chakib Chairi,Doctor Cum Laude

Con fecha del 10 noviembre de 2006, a las 9 de la mañana, en el Salón de Actos de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad Abdelmalek Essaadi de Tetuán, tuvo lugar la lectura de la tesis doctoral de
Don Chakib Chairi
que giraba en torno a
¨Introducción, edición y estudio contextualizado de Historia de
Arabum de RodrigoJiménez de Rada, arzobispo de Toledo”
El tribunal estaba formado por los profesores:
Dr.Abderrahman El Fathi de la Universidad deTetuán como director,
Dr.Vicente Llorente Bedma de la universidad de Sevilla como presidente,
y los doctores Abdelaziz Chahbar y Abdellatif Limami como vocales.
Por unanimidad de los miembros del tribunal, el doctorando obtuvo la calificación de sobresaliente Cum laude.

23 octubre 2006

Lorca, cuestionado

"ACERCA DEL ARTÍCULO DE LUIS GARCÍA MONTERO “LORCA ERA FASCISTA”

El pasado 14 de octubre de 2006 el escritor Luis García Montero publicaba un artículo en su periódico en el que insultaba (“perturbado”, lo llama) y ponía en entredicho la labor investigadora y crítica (“lleva años lanzando disparates sobre los alumnos”, decía) del profesor de la Universidad de Granada José Antonio Fortes. Apelaba, para justificar sus palabras, a la salvación (decía) de la libertad de expresión.
En su artículo, García Montero sólo caricaturiza y tergiversa las tesis que Fortes viene planteando, desde hace años, en diferentes artículos y libros de manera suficientemente documentada.
Luis García Montero es colaborador habitual de su periódico y de otros medios de comunicación donde puede expresarse con completa libertad, sin ser interpretado, directamente. José Antonio Fortes trabaja en un medio académico hostil a la metodología marxista que orienta sus estudios, y no tiene acceso a esos medios de comunicación.
Dado que con su artículo García Montero ha difamado a José Antonio Fortes y ha denigrado su trabajo, entendemos que el profesor Fortes tiene derecho a una réplica de, al menos, la misma extensión que el artículo publicado por García Montero, en la que pueda expresar sus puntos de vista y contestar; o bien, que se edite en ese mismo periódico una rectificación y disculpas públicas de García Montero.
Como dice este escritor, la defensa de todo tipo de libertad de expresión “obliga a dar la cara y a ser muy tajante de vez en cuando”. Los firmantes de esta carta esperamos eso mismo de la dirección de su periódico ante un artículo que pretende desacreditar una labor investigadora de hace años sin discutirla y tergiversándola.

10 octubre 2006

HISPANISMO MARROQUí

Teniendo en cuenta que la literatura marroquí expresada en español supone una minoría dentro de la literatura marroquí, cabe preguntarse hasta qué punto decisorio puede influír en las convicciones de los lectores marroquíes respecto a la visión adquirida sobre España y todo lo esspañol.
Evidentemente, nuestra aportación es multicultural. Los hispanistas marroquíes somos todos políglotas, y la mayoría podemos escribir, publicar y disertar en varios idiomas aunque acabamos eligiendo, siempre, el español; más bien para dar a conocer nuestra producción, embadurnada de detalles y afinidades que acaban dando a conocer nuestra visión de lo hispano através, incluso de lo marroquí.
Es una literatura- fusión. Hay dos fuentes de raíces enredadas en un solo enjambre que engalana a nuestra literatura de atabismos y de altivez. Y digo que es fusión por suponer una doble posibilidad, que conozcamos al otro, y que éste también acabe conociéndonos un poco... y, todo ello, por medio de la lectura de nuestras sensaciones más afectivas e intencionadas.
Hay que preguntarse, por tanto, si realmente existe “el otro” o somos nosotros mismos parte de ese otro por ser, de raíz, una continuidad de una arraigada raza arábigoandalusí que conserva aún sus ritos y ritmos de vida como legado, y, lo que es crucial, por suponer una extención multidimensional de las dos literaturas:
De la española porque somos defensores incondicionales de la expresión española en contra de muchas corrientes.
Y de la marroquí por suponer una minoría que posee más peso y renombre que muchos nombres consagrados a nivel nacional, pero apagados e improductivos por falta de creatividad o por ser repetitivos hasta el aburrimiento.
No gozamos, casi, de ningún apoyo salvo rarísimas excepciones... pero hacemos mucho para que se nos conozca en la otra orilla y que conozcan, nuestros lectores, lo que representa España y todo lo español para nosotros.
Somos vínculo entre dos culturas, unimos lo que separó el Estrecho con nuestra voz y con nuestra rima. Buscamos la armonía y la comprensión de todos hacia todos.
Ahmed Mgara

02 octubre 2006

A mi triciclo.

A mi triciclo.

Juntos compartimos duros golpes y sublimes caídas.
Aún recuerdo las arrugadas manos de mi padre y sus surcados dedos posándose sobre mis hombros cuando tú y yo emprendíamos aquellos fantasiosos viajes de escasos metros en el pasillo de mi casa o sobre los auricos adoquines de la Plaza de la Iglesia de Río Martín.
Sobre tí, mis sueños sobrevolaban las nubes a grupa de veloces alegrías y, me daba la impresión que solo en tus pedales mis pies hallaban la plena libertad
Y tus ruedas de espuma volaban sobre los versos de mi niñez, ya lejana.

Ahmed Mohamed Mgara

29 septiembre 2006


SUEÑOS ANDALUSÍES
(Relato)
Del libro "Divagaciones" de su autor Ahmed Mohamed Mgara , AEMLE, 2005

En la plaza de la Iglesia de mi pueblo, Río Martín, se reunían cada tarde unos viejecillos que celebraban sus nostalgias avivándolas con recuerdos de edades ya lejanas.
Casi nunca faltaban a la cita y siempre estaban, al menos, dos o tres de ellos que se ponían a hablar de sus peripecias y de los avatares de sus años mozos, ya muy lejanos.
Una de esas tardes, me senté sobre un banquillo de piedra que había en el jardín, de espaldas a donde ellos se dejaban reposar con sus tertulias, pero muy cerca de ellos para poder oír lo que hablaba cada uno en aquella apacible tarde con tanto ardor y tanta pasión.
Empezaron a hablar de las noticias del mediodía, de las iras de algunos gobernantes y de las guerras que se declaraban en países lejanos, hablaron de fútbol y de muchas cosas más hasta que uno de ellos les dijo, avivando nostálgicamente sus recuerdos de cuando andaba por el Feddán, como veía el atardecer y el anochecer sobre el Gorguez desde el Monte Dersa:
"Recuerdo como la tarde otoñal empezaba a desplazarse hacia el descanso del ocaso desde la cumbre espectral del Gorguez mientras los radiantes rayos del sol, en desenfrenada lucha, se disputaban la inmensidad del cielo con las primeras trenzas que del anochecer se dejaban desplomar sobre el gris frondoso que corona las crestas de La Torreta y de Ain Buanán.
El verdor de los pocos arbustos, que aún se resisten a las agresiones del abandono, y de los diseminados pinares de la zona se vislumbraba vestido de oscuras tonalidades que se confundían con sus sombras ya casi desaparecidas de tanta extensión y propagación.
En el Monte del Gorguez todo parecía resistirse al movimiento. Sólo el gris punzante de la tarde se veía extenderse paulatinamente sobre la inmensidad y trepar por las sendas intransitables de tan bellos parajes que, siendo rocosas, han sido siempre un deleite para las niñas de los ojos más poéticos e inspiración para melancólicos “tetuanómanos” que dejan su nostalgia y su rima perderse entre los suspiros de sus gargantas.
Los picos del Gorguez, llenos de curiosidad, se asomaban desde sus cumbres y salvando las alturas para ver los gráciles e inmaduros movimientos del Mhannesh que bailaba al son de la trágica melodía de su cruento pasado. Me dio la impresión, por un instante, que se quería estirar sobre el fango del río y dejar de afrontar las afrentas de los siglos y los cementos que le fueron cambiando de vestimenta sin cuidar de sus bellezas naturales.
Algunas golondrinas que sobrevolaban el Feddán se unieron y tomaron rumbo hacia las cumbres del Gorguez en armoniosos vuelos que dibujaban una voladora y mágica alfombra que se fue yendo y alejando con inusual gracia hasta perderse entre las grises tonalidades que la huida del sol dejaba desplomarse sobre la timidez del Gorguez.
Recuerdo como me paré en la Cornisa para contemplar la policromía más singular que Dios ha creado en estas latitudes. Vi como las cumbres procuraban resistirse a perder los colores tristes que las cubrían decorosamente. Ciertamente, ante tanta tristeza y tanta amargura, me entraron deseos de formar parte de la desolación del Gorguez y dejarme esparcir entre sus cenizas.
Las luces de algunas de las casas empezaban a evadirse de sus filamentos alumbrando sus cercanías, y algunos vehículos que subían o bajaban el culebrón de sus carreteras iban, ya, con los faros encendidos para guiar sus andaduras poéticas.
Mucha gente, que había pasado el día o la tarde de recreo por tan bellos lugares, ya se disponía a regresar a pié a su nicho de cada despertar para gozar del ocaso y de la policromía de sus proyecciones de luz. Desde la Cornisa se oían los cantos y las alegorías de esos viandantes llevadas por la envoltura del mágico eco que allí siempre anida.
El Gorguez, ponedero de ilusiones y testigo de gratos amores, descansaba sobre el nido de sus días de gloria vividas con desmanes. Yacía en su atalaya rodeado de ojos mugrientos y de aljibes frondosos que no dejaban de ofrecer a las ovejas y a las cabras sus cristalinas aguas que les regala con su bondad soluble. Crecía el Gorguez desde sus raíces para alcanzar las alturas más prohibidas y se inclinaba, cada atardecer- después de anochecer- ante la magia de la trágica belleza de la novia más aromada de Yebala, la Blanca Paloma andalusí que le trae al Gorguez un recuerdo de Granada y un jazmín que creció cerca del Darro y del destierro andalusí.
No quise ser poeta ante tanto verso pétreo. Se quebró mi prosa al vuelo de las mariposas que se escondían en La Cornisa para asomarse, por la noche, y deleitarse con la corona del Gorguez cubierta de luces chispeantes que sobrevolaban las distancias para anidar en los ojos soñolientos de mi Tetuán nocturna".
Tras un susurrar de los allí presentes uno de ellos empezó a recordar como amanecía cada alborada, tras cada noche, en la perla de Tetuán cuando él se iba con sus amigos de la juventud al Gorguez para pernoctar allí. Cargado de amargor y de tristeza, el buen hombre, muy pensativo, comenzó a recordar y a contarles sus visiones a sus compañeros diciendo:
"Cierta noche, cuando se disponía a despedirse de su negrura y el día empezaba a asomar su estatura desde la alborada que anunciaba su llegada. Mi mirada, fija en el Monte Dersa que tenía enfrente, sobrevolaba los destellos que se fragmentaban de la neblina que serpenteaba por encima del Mhannesh como telaraña de desvanes en decadencia, y el frescor de la noche emprendía caminos desahuciados hacia la infinidad de la mar que en Río Martín se perdía entre el dulce bailar de las tiernas aguas y la chispeante mocedad de las estrellas, casi apagadas.
Entre suspiro y susurro mi silencio se desvanecía. Herida tenía el alma y, perdida en la lava de mis entrañas, mi prosa alzaba su mutismo en recuerdo de tiempos que nunca habrán de volver por las huertas del edén andalusí que enfrente yo admiraba. Mi visión se ahondaba en algunas desperdigadas nubes que, sin mirar hacia atrás, encaminaban los aires que hacia Granada las han de llevar, casi en silencio, procurando pasar desapercibidas y no ser vistas. Ellas también tenían sus sueños desparramados: ir al Darro y derramar su bondad crepuscular sobre la ternura del río que lleva la gracia de la Alhambra como espuma entre sus bailes de charanga y los lamentos de una Petenera nunca bailada.
Yo seguía allí, tras mi ventana de cristal y viendo el tiempo pasar sin poder remediar el vuelo de las eras hacia recuerdos lejanos que nada tenían que ver con aquel presente que ahogaba toda Tetuán en la hoguera del olvido y en la ceguera del recuerdo.
Sabía que Tetuán, la novia enviudada antes de ser esposada, iba a despertar de su letargo nocturno para embarcar en la frente de sus sudores en un nuevo día que no la iba a dar absolutamente nada nuevo para sus huecas alforjas. Sabía que Tetuán volvería a emerger de su noche trágica para fundirse en las llamas de su día… y llegó el nuevo despertar sin traerle nada a esa novia aromada que desde el Gorguez se vislumbraba como la doncella más engalanada entre las mozas más deseadas. Acurrucada y dispersa sobre el pinar de su capa alada, Tetuán se puso a cantar mientras la lluvia empezaba a llorar perlas ensangrentadas, por ella y por sus penas más lejanas
El sol ya tenía sus rayos casi presentes. Desde la mar chispeaban las luces más tempranas y, empezaba a nacer el nuevo día, lleno de ilusión y esperanzas vanas para la novia de Yebala, la perla mediterránea que se quebró de una rama de Granada para caer en la tumba de los arrayanes y de la albahaca.
Junto a la vieja muralla de la ciudad andalusí se vislumbraba, ya, el serpentín de los gorriones que cubría, con sus sombras, la cal blanca de las viejas moradas de los caballeros andalusíes que se recrearon reconstruyendo Tetuán inspirados en sus Alpujarras y en sus sierras más cautivadoras. El Dersa, coronado por la Alcazaba, se engalanaba de luz y de esperanza.
Los andalusíes, en Tetuán crearon una nueva morada para exhalar su nostalgia y su edén perdido entre jolgorios y algarabías desmesuradas. La adornaron con aromáticas plantas y lúcidas esperanzas. En Tetuán dejaron verter su inspiración y sus artes más natas. Los gallardos andalusíes creían que el cielo les iba a dar lo que en su Andalus habían dejado por renuncias innecesarias y construyeron, para la Eternidad, un sueño que tenían enterrado en Granada y en su vega profanada.
Tetuán, ramillete de llantos y de duelos seculares que no le dan tregua al dolor y a la pena, cuna de la desesperanza y de las largas esperas, descansa estirada sobre el pecho ardiente del Dersa como ninfa desamparada. Vestida de blanco y envuelta de mugrientos verdores que los pinos oxidados incrustan en su manto de harapos.
Llantos la envuelven en la madrugada. Espíritus, benignos y malos, merodean las sombras que aún se vislumbran entre el salto que dan entre la oscuridad de la noche y el claro, poco claro, del día que se aproxima sobre la grupa del calendario. Se mueve mi Tetuán con los saltos gatunos revolviéndose bajo su arrugada sábana de blanco tejido encalado con almidones de siglos atrás, y yo, tras el rocío del cristal, me tengo que apresurar para despertar y gozar con el albor de ese nuevo día que a Tetuán tampoco le va a traer nada que esté por desear.
Tetuán, un día más, vuelve a sentirse aire sobre el quejido de la tierra llenando sus aljibes de rumorosa poesía y de extensas rimas en su versátil poesía. La tierra del amor, con sus nubes del norte, acaricia las alas blancas de la blanca paloma que desde el Feddán llevará al Albaicín, como cada mañana, arrayanes y agua de azahar".
Se callaron todos los allí sentados cuando, de repente, se les unió otro compañero de tertulias tras salvar una verja y les empezó a contar de su niñez y de cuando, cierta vez y muy de mañana, se quiso acercar a Tetuán desde su casa de Río Martín.
Acalorado de emoción, contaba, casi gritando, su visión de aquella mañana lejana y casi ausente de su memoria pero que coleaba aún en sus baúles del recuerdo:
"Desde la orilla áurea de Río Martín la vi encorvada sobre las sombras de su pasado, ella, la novia del agobio, descansaba de sus glorias pasadas en silencio abismal. Estaba sola, estirada sobre la mugrienta desolación de un Dersa que cada vez se denigraba más por las profanaciones impunes de los cafres que lo circundaban y ultrajaban. Estaba acurrucada y desvanecida, daba la impresión de que no se había despertado aún de la resaca de la era anterior; embriagada y entristecida por los horrores del abandono y de la intemperie afectiva, se la veía emulando su mocedad más lejana en las desperdigadas hojas de un desvirgado almanaque secular que ya no tenía sentido.
Estaba llena de ensangrentados recuerdos que la llevaban por la inhóspita vivencia de su momento más crucial; perdida en sus recuerdos y desmotivada en sus quebrados movimientos. Puede decirse que no estaba sintiendo lo que realmente la rodeaba y que, sin darse cuenta, prefería despedirse de su existencia y perderse en la nada que la entornaba.
En un minúsculo trozo de espejo roto empezó a mirar sus bellezas desfasadas y los rasgos de sus restos mientras intentaba respirar el poco aire que aún le podía llegar desde las lejanas montañas. Su mirada, cansada y empolvada, apenas podía vislumbrar algo reconocible para su memoria castigada y casi atrofiada. Todo le resultaba diferente y extraño a su antigua y vertical compostura… no podía reconocerse de tanta decadencia y tanto desbarajuste. No se quería despertar del símil de sus sueños para meterse entre las crueles rejas de su doliente presente.
Río Martín estaba aún envuelto de la fascinante manta que cada alborada lo envuelve con el rocío de la mar salada. Parecía, desde Chumbera, una joya engalanada de estelas y saetas que bailaban su sinfonía más singular y, llegando a Huerta Bernal, volví a mirar desde la lejanía, la sábana blanca que tapaba a la novia amargada de las miras de los que la querían profanar. Ella estaba casi dormida y se resistía a su nuevo despertar, pero no podía remediar los arcos de luz que desde la mar andalusí iban atravesando los cristales celestes que la protegían de la negrura de la noche anterior.
Seguí caminando sin mirar por donde pisaban las alpargatas que albergaban mis pies, asfalto y tierra locuaz iba yo pisando acompañado del recital que cada amanecer ofrecen los jilgueros y las aves migratorias que hallaban en nuestros árboles morada pasajera en sus migraciones; pero no podía perder de vista a la novia maltratada que dibujaba una cenefa blanca sobre los pinos verdes del Dersa.
Aquella mañana tenía mi alma ganas de regocijarse y emprendí el camino más soñoliento que los mundanos podíamos cruzar en aquellas épocas de la nostalgia y del humanismo más omnipresente. La alborada invitaba a disfrutar de sus jardines y de sus pecados más lúcidos, y yo, con alma de niño y espíritu travieso, cantaba mientras seguía picoteando pausadamente uno de los tres racimos de uva moscatel que había arrancado de sus aposentos tras alargar mis manos hacia la parra más cercana a la verja de caña para que me hiciesen compañía en mi recreo matutino.
No era vino el líquido que se desprendía de aquellas uvas, pero a mí me embriagaba igual o más al sincronizarlo con la blancura del manto de la novia de yebala que gemía frente al Gorguez.
De repente se rompió el silencio en pedazos. La solitud del lugar me hizo sentir algo de miedo esporádico que fue desapareciendo al ver el color rojo-pimentón de la Valenciana acercarse entre los arbustos que se avecinaban en mi caminar. El saludo del conductor me tranquilizó un poco más y decidí volver a la playa pensando en recoger la red con los pescadores y reírme un poco con Buyahaj mientras estemos tirando de las cuerdas de las redes cargadas de peces y de corales.
Aligerando el paso me encaminé de vuelta hacia Río Martín embebido de aire limpio y de panoramas naturales muy peculiares. El sol me daba de cara mientras dejaba las azoteas de los caserones bajo los filamentos de sus rayos, y yo seguía cantando canciones de Joselito y de Antonio Molina que, en aquel entonces, eran origen de inspiración para todo el vecindario.
Atrás quedaba la silueta recostada de Tetuán, la novia más ilustre de la desesperanza y mi niñez siguió el jolgorio de la edad de un mediterráneo que nació cerca de la placidez de la mar que baña a diario la costa martileña de nardos y de burbujas almidonadas.
Muchas veces, después de acercarme a la madurez, me pregunté si realmente valió la pena caer preso de los quereres y de los encantos que destellan desde Tetuán…y desde el Feddán”.
Cuando se calló el viejecillo otro de sus compañeros exclamó que no sería justo en aquella tertulia que no se hablase del Feddán, corazón singular de una ciudad que fue perdiendo su verticalidad con el trueque de las hojas de un secular calendario. Él había participado, según afirmaba, en la toma de Teruel y estuvo en el cerco de Madrid antes de ser enrolado en la guardia del Caudillo; decía también, que le habían dado una medalla que nunca pudo colgar en su solapa porque se puso mugrienta con el clima de poniente que hay en Tetuán. Se le oxidó, en definitiva.
Y dijo el buen hombre, envuelto en su chilaba acanelada y algo gastada por el pasar de los tiempos aunque, todo había que verlo como era, estaba muy limpia:
"Sobre las ocho palmeras del Feddán se extendía un policromo abanico de anaranjadas sinfonías que anunciaban la llegada de un nuevo ocaso. Las golondrinas sobrevolaban la inmensidad del espacio atravesando la plaza de norte a sur en sincronizados vuelos que dibujaban angelicales versos llenos de alma y de paz.
En los cafetines que circundaban el diámetro opaco de la antesala del cielo se dispersaban las sillas carcomidas alrededor de unas mesas con cobertura de mármol blanco tatuado de difusiones negras propias sólo de los mármoles de Macael.
Entre chilabas arraigadas y gorros de variopintos colores rojos y albinegros se vislumbraban rostros cansados de tantos años de ires y venires por los avatares de la existencia. Muchas arrugas y muchas oquedades en los bolsillos disecados de tanta necesidad y aprietos. Gente muy mayor que hablaba de sus hazañas en Teruel y en el cerco de Madrid, de Sevilla y de la toma del Alcázar de Toledo con nombres de militares que ganaron una guerra en la que tomaron partido a cuenta de no se sabía quién.
Atravesando las andalusíes rejas de los cafetines, se escapaban notas de fastuosas canciones que emitían los gramófonos con voces de Om Koltum y Abdel Wahab desintegrando la sensibilidad de quienes se deleitaban con sus genialidades.
El Feddán, lleno de orgullo, se levantaba sobre su pedestal para oír mejor a los muecines de los santuarios, que protegían sus encantos de las manos de las eras, llamar a la devoción de la oración de cada ocaso. Se pararon los gramófonos haciendo parar las fichas de dominó y dejando descansar las hojas de las desfasadas y gastadas barajas de cartón. Se podía ver como las abejas dejaban de reposar sus vuelos sobre la menta ahogada en los vasos de té más azucarados.
Algunos gatos circundaban los lugares más recónditos procurando apartarse de los muchachos traviesos por temor a patadas que los enviaban a vuelos tempranos que muchas veces acababan con algún miembro de los felinos roto. Mientras, algún can desvalido y sin amo que cuide de él, va descarriado buscando algún resto de bocata que algún cafre pudiera haber tirado al suelo.
Las luces de la calle, las que no tenían fundidas las lámparas, empezaban a chispear poco a poco alrededor de la plaza y, algunas parejitas empezaban a dejarse ver dando su paseo de cada atardecer para llenar los pechos de olor a naranjo y romance. Mientras, otros empezaban a ocupar las sillas que aún estaban libres y se preparaban para llenar la pipa de su sebsi con la hierba blanda del kifi.
Las palmeras del Monte, como cada tarde, empezaban a codearse intentando elevarse más que las otras compañeras moviendo sus verdes melenas que desprendían rocío en el rugir de sus bailes. Recuerdo que, incluso la alfombra mágica que cubría el suelo del Feddán empezaba a dar la impresión de que se movía por efecto del vientecillo que empezaba a soplar para refrescar la calidez del día.
Una vez, nos decía una sabia mujer del lugar, incluso la luna se bajó de su balcón de plata para peinar la alfombre y, luego, regarla con agua de azahar y perfumes extraídos de Bagdad por una hada que halló en Tetuán la morada perfecta para su bondad.
El Feddán volvía a resurgir cada tarde igual que resurgía en el alba. Es más, nunca se resquebrajaba. Era todo alegría y jolgorio. Alma y poesía engalanada con la flor más perfumada y la musa más deseada. No tenía, el Feddán, sensualidades que no fueran sublimes sensaciones de elegancia y de mágicas composturas.
Fue nido de nuestra niñez y atalaya para nuestros sueños. Lo recorríamos o andábamos con tanto cuidado para no estropear su alfombra, que sentíamos nuestro cuerpo volando de alegría y de ilusión. Éramos niños felices atravesando los coros de viejecitos que no tenían más futuro que sus recuerdos de la guerra de Franco que ganaron pagando caramente la medalla de latón que les pincharon en el pecho y las dos perras gordas que recibían por ser antiguos combatientes del ejército español, el ganador y no el perdedor.
Así son los recuerdos de mi niñez en la adorable plaza del Feddán. Edénica plaza del pueblo donde siempre se sintió la fusión de lo espiritual con el alma de cada ciudadano. Plaza que obligaba a la poesía a brotar de lo más recóndito del alma para deleite de quién la podía necesitar. De aquel viejo Feddán solo quedan las ocho palmeras que llevan, cada una de ellas, el nombre de una ciudad andalusí y los recuerdos en la alforja de cada vividor y de cada ave que aún sobrevuela el lugar".
Cansado de oír tantas beldades en aquel sueño envuelto de despertares, me encaminé hacia la casa de mi abuela, morada en la que nací, para descansar y recapacitar sobre el pasado poético de aquella novia andalusí que, aún enlutada, se viste de blanco cada madrugada para regalarles a sus vecinos su sonrisa perfumada de nardos... y de olvidos.
ENCUENTRO EN EL FEDDÁN.
(Relato)
Del libro "El cine español y Marruecos" de su autor Ahmed Mohamed Mgata /Tamuda, 2004

Todos los pueblos poseen en las alforjas de sus usos y de sus costumbres un gracejo comprensible y repleto de astucias pese lo incrédulo e imposible de creer nada más oír sus episodios. El gracejo popular suele ser chistoso y, por ello, variopinto y multidimensional; a veces molesto y otras relajante.
Lo anterior se me ocurrió al recordar lo ocurrido en la terraza de un cafetín del Feddán Tetuán cuando se hallaron en mesas contiguas Layachi, un verdulero de Anyara, cerca de Tetuán, y Pocholo antiguo vendedor ambulante de helados en Río Martín y natural de Osuna, pueblo cercano a Sevilla.
Los dos eran jubilados y el encuentro los hizo rememorar vivencias lejanas llenas de imaginaciones y de ese gracejo inofensivo y que denota... una capacidad de inventiva infinitamente amplia.
Pocholo contó como, después de irse de Río Martín, volvió a su Osuna natal donde no tardó en acoplarse a la vida del pueblo en aquellos dulces y lejanos años cincuenta del siglo pasado. Dijo que cierta tarde y mientras escuchaban las noticias taurinas por la radio de uno de esos bares de buenas tapas y buen mosto, un concejal del Ayuntamiento expuso la idea a los ahí presentes de organizar una excursión para los jóvenes del pueblo que tengan más de sesenta años, hombres y mujeres de Osuna que tengan pasaporte aunque sean paletos. La excursión sería para Kampala o como se llame la ciudad en cuyo bosque se hallaba el amigo moral del pueblo, el señor Tarzán de los bosques, y su dulce señora Jane así como su “caniche” la mona Chita.
Al principio, dijo Pocholo, todo parecía raro y difícil de conseguir ya que el viaje iba a ser más largo que ir a Sevilla y que autocares para viajes más largos iban a resultar muy complicados porque eso de “bajen y empujen para que el autocar arranque” resulta siempre insoportable. Pero, el señor concejal lo arregló todo ya que habló con el boticario-hombre culto que incluso leyó el quijote íntegro- quién habló con un familiar suyo que vivía en Madrid para que el viaje fuera en un avión inglés que salía de Londres lleno de hijos de la Gran Bretaña que bajaban en Madrid para ir a África.
Se apuntaron los que lo quisieron aunque se les dio a los tricornios y al sereno la primacía de ocupar los primeros billetes del avión que los iba a llevar a África.
Más de treinta vecinos de Osuna se apuntaron y pagaron sus pasajes al concejal con salida de la plaza de la Iglesia en un autobús que los iba a llevar hasta el aeropuerto de Sevilla para ir a Madrid y de allí a Kampala para ir en autocar de safari a donde residía el señor Tarzán y su familia.
Tras llegar a África, con la expedición mareada y cansada de tanto viaje, cogieron camino en un autocar hacia la selva y, por fin, la gente del pueblo empezó a respirar aire limpio porque no tenía la costumbre de viajar como las sardinas aliñadas en sus latas. De sus bártulos empezaron a sacar sus morcillas, chorizos, longanizas, jamón y demás potingues que se habían llevado del pueblo para ahorrar en comida puesto que el viaje les costaba el transporte mientras que la comida y el dormir eran a cuenta de cada uno, o sea, dormir en tiendas de campaña y comer de la caza que le iban a proporcionar sus dos acompañantes nativos, Dugúdugú y Mandingo, que les iban a servir de guías y de cazadores y, caso de que les salga en el camino algún león, correr detrás de ellos para salvarse... el que pueda.
Efectivamente, llegó la expedición andaluza a la selva pletórica de euforia porque iba a ver al ídolo de los que van al cine para ver las aventuras de tan insigne personaje, y empezaron a caminar hasta llegar a un río en cuya ribera había un letrero que ponía “para ir a Tarzán city... cruza el río”. No había puente y no se podía regresar, siguió diciendo Pocholo. Incluso llegaron a creer los de Osuna que aquello era broma del alcalde de su pueblo porque no veía bien esa excursión y preferir ir a América para ver a Marlene Dietrich. De repente gritó, antes de desmayarse doña Emergilda, mujer del sereno del pueblo, don Eutanasio: “Un cocodrilo a la derecha, digo, a estribor, y parece ser de verdad”.
Todos empezaron a correr y a desperdigarse sin saber qué hacer ni a donde ir. El mismo cocodrilo, atónito, se quedó quieto ante tanto cateto a la vista y corriendo por doquier y, de repente y como obra del Cielo, se oyó a Tarzán gritar su universal grito, el cocodrilo volvió al río temblando de miedo y los treinta expedicionarios vieron llegar a Tarzán por encima de una rama de un árbol acompañado de Jane y de Chita. El rey de los bosques se les quedó mirando sorprendido por la inesperada visita a sus territorios y el concejal, don Baldomero, en nombre de la expedición, empezó a hablar para presentarse:
“Señor Tarzán, en nombre de Osuna, pueblo andaluz de pura cepa, mí, Baldomero Requena, en calidad de concejal, querer dar las gracias a usted y a las honorables Jane y Chita, por acompañarnos cada domingo en el cine la Eulalia, viuda de don Saturnino, que en paz descanse. Nosotros venir para veros porque, nosotros, querer mucho a Tarzán. Nosotros querer mucho a Jane y querer a Chita como nunca nosotros poder amar...”
Mientras Baldomero seguía enrollándose haciendo el indio, Tarzán le dijo a Jane en voz baja:
“Oye Jane, esta gente no puede ser de España, te has fijado en lo mal que habla el español... se parecen a nosotros”.
Layachi escuchaba atentamente lo que Pocholo le contaba enfervorecido, mientras sostenía un sebsí entre los dedos de su mano derecha y, entre risa y carcajada, Layachi quería demostrarle a su compañero accidental en el café que estaba escuchando y creyendo todo lo que escuchaba aunque sabía que Pocholo estaba seguro de que él, Layachi, no se creía ni una torta de lo que estaba relatándole.
El verdulero de Anyara decidió participar activamente en la farsa y, como si fuera a decir algo interesante le preguntó a Pocholo si sabía que la ciudad de Tetuán conoció la visita de profesionales de talla mundial para rodar "Zarak Kan" como Víctor Mature, quién estuvo acompañado por su amante Liz Taylor aunque ella no llegó a intervenir en el rodaje, Anita Ekberg, Eunice Gaynor, Rhonda Fleming…, y que gran parte del filme se rodó en Tetuán así como en algunas zonas de la región como Alcazarkebir.
Pocholo no sabía qué contestar por no saber nada de la película y por dudar de su compañero ya que lo mismo podía estar hablando en serio que de broma como lo hacía él desde que empezó a hablar con Layachi.
El verdulero de Anyara volvió a preguntar insistiendo en que quería una respuesta hasta que Pocholo respondió negativamente.
Layachi le dijo que esa película se había rodado después del viaje de la expedición de Osuna a Kampala y que Tarzán había estado presente en parte del rodaje por ser amigo de Víctor Mature afirmando que los dos actores, mientras estuvieron en Tetuán, estaban entre La Segoviana y La Parra de copas, momentos que él, Layachi, aprovechaba para acompañar a Liz Taylor por la Medina y por los sitios más exóticos y que la famosa actriz americana le dijo:
“Layachi, Tarzán de los monos había conocido a unos andaluces simpáticos porque no me llevas a ver una corrida de toros y pasamos el día de flamenqueo y de fandangos. A mí me gusta lo típicamente español y lo auténticamente andaluz.”
Layachi no tardó en contestar que en Tetuán no había plaza de toros, por falta de toreros y de cuernos aunque sí se montaban unas corridas en ferias y celebraciones en plazas desmontables pero, en cambio podían ir al restaurante Revertito donde se respiraba ambiente andaluz castizo.
Efectivamente, Liz Taylor aceptó la idea y se fueron al mencionado y ya desaparecido restaurante. Nada más entrar por la puerta grande fueron recibidos por un camarero con vestimenta flamenca quien les dio la bienvenida mientras hacía el jilipuertas con una bandeja llena de copas vacías que se le acabó yendo al suelo tras tropezar en una silla de cáñamo.
Layachi se puso a explicar a la ilustre invitada de la ciudad lo que había como elementos decorativos aunque, de repente, Liz Taylor interrumpió sus explicaciones para decirle:
“Perdona que te interrumpa, Layachi, ese camarero al que se le cayó antes la bandeja está llorando en esa esquina. ¿No será que los dueños le hayan hecho una bronca’?
Layachi, al ver el espectáculo referido por la actriz, se dirigió junto a ella hasta el camarero y le preguntó por la causa de su sollozo.
El camarero, mirando a los dos clientes respondió se había acordado de la trágica muerte de su padre por el toro cuya cabeza estaba disecada en lo alto de esa esquina como algo omnipotente.
Layachi y Liz, al unísono e intentando consolar al pobre camarero por el recuerdo de la muerte su padre, le preguntaron: “¿Su padre era torero?
“Que no, leñe, mi padre, que en paz descanse, tras agarrar una borrachera de campeonato tuvo la ocurrencia de sentarse debajo de ésta misma cabeza de toro justo cuando se cayó de su gancho... y lo mató”
Pocholo se rió de la anécdota y se despidió de Layachi mientras le decía: “Oye, Layachi, lo de la excursión para ver al señor Tarzán era una broma”:
A lo que Layachi contestó:
“Sí, hombre. Lo supe desde el primer momento porque Tarzán es muy amigo mío y nunca me hubiera ocultado un encuentro como el que tu me contaste.”
Los dos se rieron muchísimo cuando se disputaban el honor de pagar los dos thes que se habían tomado delante del camarero que, harto de esperar, les dijo: “señores, no es preciso que sigan ustedes discutiendo para pagar, vuestra consumición ya esta pagada. Les ha invitado el señor Tarzán.

del Diario de un periodista


AL BORDE DEL DESENLACE
Relato muy corto
POR: Ahmed Mohamed Mgara

Tenía una labor que llevar a cabo los últimos días del verano.
La visibilidad en la mar aún era aceptable y las olas no se habían rebelado contra lo estáticas que fueron durante los dos últimos meses de verano.
Tenía que acudir a diferentes puntos, supuestamente, de partida de pateras o lanchas de inmigrantes ilegales. Estuve en varios sitios olfateando y preguntando a gentes con quienes me iba cruzando en diferentes orillas, sin aparentar que estaba muy interesado... y, de todo hubo en la viña del Señor, como se suele decir.
Probablemente, lo más espeluznante y alarmante que ví fue muy ocasional en una de las montañas o laderas cercanas al Estrecho.
Centenas de africanos de color estaban agolpados y agrupados en grupos diseminados. Inmóviles e inertes, casi no se movían pera nada. Estaban de pié o sentados sobre la tierra o la aridez de esa montaña. Algunos mascaban chicle, pero sus ojos estaban clavados en la tierra que llenaba el horizonte detrás del Estrecho.
Después de recorrer miles de kilómetros intentando llegar a Europa ven frenadas sus ilusiones por unas pocas millas de agua salada... se despiertan de sus sueños para encontrarse tan cerca y tan lejos de su tierra soñada que esperan y esperan hasta la desesperación.
De pié y esperando el milagro de ver emerger desde las profundidades a Neptuno con un puente por debajo de los brazos para tenderlo entre las dos orillas por unos minutos que diesen tiempo a los allí agolpados para correr hacia la orilla de enfrente sin que nadie estuviese detrás de ellos ni impidiéndoles el paso.
Despertaron de su sueño para embarcar, aún despiertos, en otro sueño, quizás más cruel...más desesperante y desmoralizador.
Durante casi una hora he visto evaporarse los sueños de esos simpáticos y débiles seres humanos de tez morena. Pero, para ellos, yo estaba seguramente equivocado. Ellos no soñaban, sino que sabían que en cualquier momento podía llegar la oportunidad de su vida. Ellos han invertido el sentido de su vida haciendo una inversión muy cara. Miles de kilómetros en los desiertos africanos, algunos a pié, y con mucha hambre en el camino. No tendrían, seguramente, dinero suficiente para gastárselo.
Y llegaron, por fin. Ya podían vislumbrar el Gibraltar y el Estrecho de los que tanto habrían oído hablar antes de emprender el camino. Incluso podían bendecir su cuerpo con el agua mágica y angelical del Estrecho... las mismas aguas que bañan Tarifa y Getares, Algeciras y cualquier punto donde podían desembarcar.
Procuré hablar con algunos. En vano.
No confían en nadie. Temen a los seres extraños.
Para ellos, todos somos culpables de que no puedan llegar a la Península... los blancos somos racistas e informadores.
Algunos se hacían el sordo, otros escuchaban el saludo y después de mirar de donde procedía se daban la vuelta y volvían a adorar a su mar. Algunos me contestaron en un inglés muy complicado. Pero los más sinceros fueron dos que me dijeron: “Vete. Aquí no molestamos”.
No sabía si quedarme allí mientras atardecía. Podía ser peligroso seguir allí más de lo que había estado y emprendí el camino entre los matorrales para volver a la carretera. Y uno de esos hombres, que estaba acompañado por cinco amigos suyos, me llamó pidiéndome que me acercase a donde estaba. No sabía si correr hacia abajo, lo que no me hubiera servido de mucho, o hacerle caso a ese joven. Casi sin pensármelo, decidí acercarme a él y cambié el rumbo de mis andares.
El muchacho me dijo en un español muy complicado que me había estado observando y que se preguntaba porque me adentré en esa montaña cuando todo el mundo tiene miedo de “los negros”.
Me señaló con el índice izquierdo hacia una choza de cartones y plásticos. Todo estaba atado con cuerdas y cintas adhesivas de embalaje. Era, me dijo el pobre muchacho, el único y mejor palacio de su vida. Tenía algo de ropa, que asomaba de una mochila, y unas bolsas de plástico con comida de la beneficencia. Estaba enfermo, me comento, y que su enfermedad no sería por mucho tiempo... era cuestión de llegar allí, a la otra orilla.
Cuando me despedí de ese joven me dijo uno de sus amigos en un español nítido: “Oye, ¿sabrás decirme cual de las dos orillas es la maldita, ésta, en la que nos hallamos o aquella a la que no podemos llegar?
“Cada orilla posee su propia maldición, le contesté, pero la esperanza que tenéis vencerá a las dos maldiciones”. Suerte, amigos.

MALAGA E IRAQ

IRAQ, MÁLAGA Y UN DOLOR MÁS.
Relato muy corto.
Por/ Ahmed Mohamed Mgara

Talal era un joven iraquí que estudiaba económicas o empresariales en Málaga y su amiga Caroline era escocesa y estudiaba Idiomas. Con los dos coincidí en un curso acelerado de "Esperanto" en la Facultad de Filosofía y Letras de la ciudad del Cenachero, a finales de la década de los años setenta. Talal y Caroline eran novios y estaban unidos por más de un sentimiento de amor. Me daba la impresión que eran la misma persona.
Después de cada sesión del curso salíamos de la Facultad y nos dirigíamos a Chinitas para sentarnos en alguna bodega o cafetería un rato de diálogo y de convivencia que, muchas veces se alargaba a horas de charla y buena tertulia.
Algunas veces, Caroline se iba antes que nosotros para recibir las llamadas telefónicas de sus padres, momentos que Talal y yo aprovechábamos para hablar en árabe de temas más concretos que Caroline nunca hubiera podido entender y, menos aún, según los interpretábamos nosotros.
Mi amigos Talal y Caroline y yo llegamos a crear un grupito de amigos muy peculiar. Los ratos libres los dedicábamos a descubrir, cada uno, el pensamiento de los otros dos compañeros y, curiosamente, entre los tres conseguíamos cada noche despedirnos tras haber hallado resultados óptimos para resolver los problemas de la época en todo el mundo.
En aquella época, Iraq poseía un auge considerable en la cultura dentro de los países árabes. Allí se hallaban las mejores imprentas y las más grandiosas publicaciones periódicas nos llegaban de allí como principal fuente tras la casi paralización de las imprentas y editoras libanesas. Para los intelectuales del mundo árabe Iraq era la principal fuente de libros y publicaciones tanto en cantidad como en calidad, avalada por los cinco milenios de historia viva u omnipresente. Caroline nos decía que: "Murió Manolete, pero Hamorabi sigue presente…"
En una bodega de Chinitas trabajaba de camarero un chaval "rosa mariposa" muy gracioso que, cuando nos veía asomar por su establecimiento decía a sus compañeros con una gracia desmesurada:" Ya están aquí los peques…un vasito de leche templá pa ca uno y argo de comé que no tenga jalufo". Ni Talal ni yo bebíamos bebidas alcohólicas y Caroline, comprensivamente con su novio, acabó siguiendo su norma, lo que me hacía admirar cada vez más a esa joven británica de Escocia.
Talal tenía una perspectiva de futuro muy esperanzadora. Una vez me dijo que el mundo les pertenecía a los jóvenes que eran quienes debían cuidarlo y dirigir sus destinos y que los viejos, como Tito, Burguiba o Castro estaban fuera de circulación. Mientras que el mundo evoluciona ellos seguían aferrados a "sus glorias". Tenía, mi amigo Talal un amor incondicional al mundo árabe hasta el punto de que, en el piso donde vivía, había colgados varios motivos de distintos países árabes así algunos cuadros con fotografías de algunos líderes árabes. Una de esas fotos era del rey Faisal de Iraq con Franco. Mi amigo me regaló esa fotografía que aún conservo con una nota en el reverso escrita a lápiz: "Franco y Faisal en el desfile de la Victoria de mayo del 56 en Madrid".
También tenía junto al Corán un libro de poesía iraquí publicado por el Instituto Hispanoárabe de Cultura y otro poemario editado en Iraq de poetas iraquíes en árabe.
Después de acabada la guerra civil, España se quedó desmembrada y arrinconada, los países occidentales le negaron el reconocimiento y pararon sus ayudas y colaboraciones. Y fue el mundo árabe quien se solidarizó con el Estado y con el Pueblo españoles para sacarlos del aislamiento al que estaban sometidos. Las ayudas y los créditos ayudaban en buena parte al resurgimiento de la nueva España que, décadas después, devuelve esos favores al país que más la ayudó con apoyos logísticos a unos locos que están llevando a la deriva a la dignidad humana.
No sé donde estará mi amigo Talal aunque, tal vez, habrá recordado esa fotografía que me dio hace unos cinco lustros cuando creía en la amistad hispano-iraquiana mientras su país, el glorioso Iraq, regalaba petroleros llenos de crudos a España para ayudarla a superar la crisis energética.
Lo último que supe de Talal y de Caroline era que tenían dos niños y una niña y que eran profesores universitarios en Iraq y eso fue poco antes del salvaje ataque del 91. No sé si vivirán o no, pero me consta que el espíritu combativo por la dignidad nunca desaparecerá de aquella sagrada tierra que fue bendecida por la Divinidad.

21 agosto 2006

RELATO: POR MOUFID ATIMOU


La foto

Era primavera. El había caminado más de siete días bu
scando la ciudad. Un frío viento de poniente que se despedía penetró entre sus costillas provocándole una fiebre que por la malnutrición se acrecentó...El sol, la humedad, el cansancio, el miedo de no saber qué había allí, en la urbe, en la gran urbe, le hacían seguir, seguir entre cáscadas y monte bajo, entre cantes de jilgueros y ruiseñores, mirándo de vez en cuando un azul inmenso a su derecha: el Mediterráneo que se extendía interminable hacia quién sabe.
Estaba cansado, demasiado enfermo, tan cansado que todos los que veía parecían fantasmas que se movían para fatigar más sus ojos debilitados y enrojecidos por tanto velar y vigilar sus pocas pertenecias, su polvorienta mochila que olía a higos, a chumbos, y en donde guardaba como si fuese su alma una foto donde se veía a él con una niña y una mujer mayor, su pequeña hermana y su madre que dejó allá, en los montes lejanos; con las gallinas que buscaban entre el ramaje y las niñas de miradas eternas que sacaban agua del pozo.
La pulmonía casi imposibilitaba sus marcha.
" Es el cansancio, queda poco" se decía.
La ciudad empezó a darle la bienvenida con sus aguas negras.Las primeras barracas y fábricas parecían gigantes y demonios que absorbían a los humanos haciéndoles ser enemigos.
El ya no podía más, la inflamación del pulmón y el dolor de todo el cuerpo le obligaron a tomar la sombra de una vlla y tumbarse.
" Mamá, hay un borracho que duerme cerca de la puerta." dijo un niño al verle dormido allí.
" Diré tu padre que saque un bastón para que no vuelva a pasar por aquí."
" Anda, muévete, chusma." Decía el padre al cuerpo que apretaba una foto, muerto.

Moufid Atimou

07 agosto 2006

JOSE LUIS TOBALINA , EN EUROPA SUR




jose luis tobalina
Demasiado gris

Llueve intermitentemente sobre Jimena en esta mañana que ha amanecido gris. Afortunadamente la temperatura ha bajado y todos parecemos movernos con más soltura. Aquí la gente sigue con su vida cotidiana pese a que el pueblo se transforma por la tarde, cuando comienzan los conciertos del Festival.
Ocurre que aquí todavía se puede levantar uno por la mañana con el relincho de un caballo, el canto de un gallo o una vieja canción en la radio del vecino. Eso se agradece después de venir de una ciudad en la que lo más que escuchas por la mañana es el ruido infernal del tráfico.
Seguramente el encanto de Jimena es lo que engancha, sus gentes, como José Luis o Vitoria, los dueños de la Tasca, a los que debo un homenaje eterno por lo bien que se portan con nuestros cuerpos hambrientos o sedientos, sin importar la hora que sea.
Igualmente se merecen un reconocimiento las cientos de personas que, cada día, están atentas a todo para que nada deje de funcionar. Son los hombres y mujeres de azul (de este color es este año el uniforme de los voluntarios). Su labor es incesante. Están en todos los sitios, siempre atentos a lo que ocurre. Siempre sumando en positivo.
En la noche del lunes se habló de poesía con gentes venidas de uno y otro lado del Estrecho. Curioso resulta que, aún en estos días, un hombre de la talla intelectual del tetuaní Ahmed Mohamed Mgara tuviera que pelearse con los dueños de la empresa en la que trabaja en su país para obtener un permiso de dos días que le permitieran participar en el acto. No era el momento político adecuado, le dijeron.
Nada más lejos de la realidad la distancia entre las dos orillas. Los contertulios del encuentro lo demostraron con creces en un acto que resultó a la postre cordial y positivo. Un buen aprendizaje para todos, a pesar de que la poesía aglutine a tan pocos realmente interesados.
También son hermosas las tertulias del final de la jornada. Ya con todos más relajados. Hay c
antidad de gente grande intelectualmente por estos lares, que sabe, además, charlar sin prisas.
Otra cosa es lo más o menos afortunado que pueda estar uno a la hora de hablar y contar, lo más o menos divertido. Hoy estoy como el día. Gris.
Este ensayo nos fue enviado por nuestro amigo Latifo Kassidy desde Estados Unidos.
Muy tetuaní ... y amable.
Gracias, Latifo

20 julio 2006

EL HISPANISMO MARROQUI EN JIMENA DE LA FRONTERA

EUROPA SUR Escribió:

La poesía une las culturas de las dos orillas del Estrecho

Jimena.
El claustro de la Iglesia de la Victoria de Jimena fue el hermoso escenario elegido para celebrar el encuentro literario hispano marroquí, programado por el Instituto de Empleo y Desarrollo Tecnológico (IEDT) y el Ayuntamiento de Jimena la noche del lunes en el marco de la celebración del VI Festival Internacional de Música dedicado a África.
La relajante música de Boubacar Djiabaté sirvió de prólogo a un encuentro que comenzó con la presentación de la revista literaria Tres orillas a cargo del escritor, crítico literario y poeta, José Sarria, que la definió como "una oportunidad para el mutuo conocimiento, que es la base para el futuro entendimiento". Sarria también destacó la labor de su directora Paloma Fernández Gomá, que incubó la idea de generar un texto que uniera las tres orillas como "punto de encuentro para la creación y el libre pensamiento".
El editor y gestor de temas hispano-marroquíes, Salvador López Becerra, disculpó la ausencia del decano de los hispanistas marroquíes, arabista, periodista, poeta y narrador, Mohamed Chakor, que finalmente no puso asistir el encuentro y cuyo libro, Diván sufí, no pudo ser presentado. López Becerra destacó la importancia del potencial intelectual de Marruecos en todos los terrenos, tanto el literario como el científico o el cinematográfico y señaló que "al hablar de fronteras, los únicos que son capaces de hacerlas desaparecer son los artistas". Salvador López regaló a los presentes la lectura de un texto suyo sobre África e informó que sus reflexiones las publica en la página web www.webislam.com.
Por su parte, el redactor jefe de Europa Sur y poeta José Luis Tobalina, presentó el libro Divagaciones del periodista y fotógrafo de Río Martín, Ahmed Mohamed Mgara. Tobalina informó que la primera parte del libro es un durísimo alegato contra el hispanismo actual en Marruecos, mientras que la segunda se compone de una serie de relatos sobre Tetuán, Río Martín o las bodas reales en Europa, y señaló que Mgara es un hombre absolutamente crítico con la realidad del país y un luchador que tiende los brazos en vez de cruzarlos.
El escritor tetuaní puso voz a sus reflexiones escritas y explicó que "Divagaciones es una huida de la agonía del presente de un tetuaní nacido a orillas del Mediterráneo con vocación de altruismo" y añadió que escribe en español "para hacer llegar un mensaje altivo, sincero, alejado de artificios y sin compromiso superficial, sólo el cultural arraigado".
Ahmed Mohamed Mgara desgranó las dificultades de los escritores marroquíes en español pero, a pesar de ello, manifestó su defensa del hispanismo a toda costa, sin importar las consecuencias.
El encuentro literario hispano marroquí concluyó con la presentación de la obra del poeta marroquí Ahmed Tribal por parte de Mezouare El Idrissi, escritor y traductor hispano-árabe de nivel internacional, profesor de Secundaria y miembro de la Asociación de Escritores Marroquíes. El Idrissi lanzó al aire reflexiones alusivas a la pasión como "el sustituto que abraza a las dos orillas" o como "aquello que ordena la belleza en el universo".
El encuentro estuvo moderado por el concejal de Cultura, Pascual Collado, y contó con la presencia del alcalde de Jimena, Ildefonso Gómez, que se mostró encantado con la puesta en común de las letras hispano marroquíes y defendió el sentido positivo de la frontera que aparece en el apellido de Jimena.

25 junio 2006

EL JARDIN DE LOS ENAMORADOS


Dedicado a Mohamed Chakor.

Estando a solas conmigo mismo y buscando mi ser, me hallé, de repente, entre enrejados matorrales y enredadas ramas. Soñé que empezaba a despertar.
La timidez de los rayos del alba invitaba a soñar aún envuelta en un frescor púrpura que - poco a mucho - se acercaba a la mar en fulminantes e inciertos pasos.
La ciudad dormía aún mientras se revolvía entre las espinadas sábanas de la desesperanza en su lecho de orgullo y nostalgias. Aún dormía mi ciudad, embriagada de jazmines y de damas de noche; los gallos exornaban el silencio con su oración…y la última cena aún no se había acabado.
La ciudad dormía, y yo, más dormido que despierto, paseaba mi soledad herida por el desamor del Jardín de los Enamorados.
Aquel jardín, antaño amuleto de idilios y arco de Cupido, era todo un templo de sensuales sensibilidades; en él, el tiempo corría con la velocidad de la gacela que lo recorría y, con la mente vagando en los suspiros de la infancia alejada, se me ocurrió soltar preguntas al entorno del Jardín de Cagigas que me envolvía de humedad callada.
Dime, centurión disfrazado de primavera, jardín donde las fuentes humedecidas eran verso; dime, diminuto edén donde la orquídea tutea al ciprés, ¿donde están los mirtos de la ilusión que cubrían tus aledaños?
Dime, cinturón de Tetuán y ajuar del Dersa, ¿qué pasó con las migas pétreas por las que luchaban los áuricos peces del dorado estanque que antecede la cueva - cafetín primitivo - donde los sutiles susurros se dejaban desvanecer?
Algo tendrían tus aguas por tanto bendecir los surcos y los surtidores que humedecían las mejillas de las flores.
Dime, jardín entristecido por el alba, ¿dónde pueden hallar cobijo esas hojas arborescas que se dejaron arrancar y desplomar sobre tus embarradas y rociadas sendas? Dime, flor grana que de Campanillas tiene la semilla, ¿porqué arraigas escalofrío en quienes te propinan una piadosa mirada? ¿Porqué, flor cruel que me hiere el alma, vas agonizando tu contorno marchitando tu silueta, mitad espina y mitad gloria?
Oh Jardín de los Enamorados, vivero de hierbajos y de restos efímeros; eternidad de Cagigas herida por el abandono y por el olvido, inspira mi alma para que pueda tejerte un mosaico de alegrías en mis venas. Fortifica mi pensar en ti para poder regar tu nombre con ataviada prosa del alma y hacer de ti un junco de amor para Tetuán, tierra donde se riega al sol.
El boxeador
Por: Moufid Atimou

La luz del alba penetraba gélida en sus ojos, y el aire, difícilmente respirado, llenaba sus pulmones pasando después a calentar sus manos con los varios soplos que él hacía para evitar que se congelase.
Pan con aceite de oliva, café con leche y un vaso de zumo de naranja eran el desayuno que le tenía que mantener dos horas en movimiento, en sincronizados movimientos; esquivando e intentando evitar golpes, los fuertes golpes del entrenador o los azarosos golpes de algún principiante o de algún amigo.
El camino entre el gimnasio y su casa era él de entre la vida y la muerte, o la vida y la Vida…Eran unos veinticuatro minutos que él tenía que recorrer, a veces, sin ver a ninguna persona, a pesar de que Tetuán ya se contaba de entre las ciudades pobladas del país.
Sólo perros que no sabían si atacarle o no, porque no sabían si era de noche o ya era de día.
El miedo se acechaba en las cercanías del « jardín de los enamorados », una descuidada zona que, como contaban, habitada por tres mil demonios, pero su amor al boxeo y su edad eran ingredientes más que suficientes para ahuyentar todo miedo y embellecer toda asquerosidad.
El boxeo para él era el equivalente del amor, era el equivalente del poder para otros o el placer o la riqueza. Estar frente al entrenador viendo los primeros rayos de sol deslizándose por entre las oxidadas rejas de las viejísimas ventanas, en las mañanas de enero; era toda la felicidad.
A veces, debido al frío y a la lluvia, ninguno de los boxeadores venía y la sala se hacía gigantesca a pesar de su pequeñez. Oscura, húmeda y polvorienta hacía que cada movimiento fuese el doble de difícil y casi siempre tenían que mojar el suelo para que el polvo no les asfixiase.
Quince minutos corriendo, diez haciendo movimientos a la marcha; haciendo la sombra una media hora, el saco una media hora también; la cuerda de « salta » unos diez minutos y el entrenamiento a combate unos veinte minutos o lo que hiciera falta.
« Adiós, maestro. » Se despedía.
« Adiós, hijo, y dile a los demás que vengan mañana. »
« Inchalah, maestro. »
Los alumnos con sus caras de sueño indicaban que eran casi las ocho de la mañana. El ambiente se hacía cada vez menos hostil y más familiar, la luz de los tibios rayos del sol sobre esta ciudad mediterránea concreta la felicidad.
La luz del alba penetraba gélida en sus pulmones, y el aire difícilmente respirado llenaba sus cansados pulmones haciéndole ver obligatorio el volver atrás, retroceder en el tiempo.
« No tengas miedo, es sólo un loco que hace movimientos como los boxeadores. » Dijo una madre a su niña.

EL OLIVO SECO... DE TANTOS SIGLOS / AHMED MGARA

EL OLIVO SECO
Por: Ahmed Mohamed Mgara

Postrado ante la majestuosidad del Dersa y del Gorguez se diluyen mis lágrimas ancestrales, se vierten en mis lacrimales los destellos de tiempos lejanos de siglos desfasados.
Con mis raíces abrazando los rayos del sol, vivo mis recuerdos más lejanos, recuerdos en los que yo, aún no me podía despegar de mis suelos profanos.
Recuerdo, vagamente, cómo seres altivos me regaban con los sudores de sus frentes y con las lluvias de sus rezos y de sus blasfemias.... Hasta que me pude mantener en pié y alzar mi vuelo hacia nubes andalusíes y alpujarreñas que sobrevolaban el techo de mis nostalgias.
Y ahora, cansado de ires y de venires de aires inclementes, abdico del trono de mis alturas y dejo humedecer mis costillas con los vientos del Poniente mediterráneo que sopla como alas de magia benigna sobre los costados embalsamados de mi cuerpo.
La sequedad me embarga cada entraña. Me cubre de negrura amarillenta y de mohos espectrales. Secos llevo los restos de mi cuerpo, antaño lleno de jolgorio y de alegrías bailadas cerca del Darro y bajo la sombra de mi Alambra soñada.
No sé si muerto estoy o muriéndome voy sobre la aridez de esta tierra de cenizas y perfidias sanas, pero siento una polvareda desprenderse de mis pocas ramas pobladas, derrotadas por la sequedad de los años. Sin frutos en sus entrañas, tan sólo contemplan los vuelos de las aves migratorias sin ilusión ni esperanzas.
Seca y muerta está la tierra que me entorna. Casi estoy muerto de tanta ausencia de brisa y de vida... y eso que no dejo de ver el color celeste de la mar que bailotea al son de las olas y sus plácidas caricias al llegar a la orilla de la mar.
Partirán mis restos a mejor vida, pero las cenizas que heredé de los siglos se quedarán aquí esparcidas, rimando en la poesía de los olvidos y de los olvidados.
Nadie querrá escribir en mi epitafio una letra mayúscula. Dirán que no fui más que un árbol sin carisma y sin frutos haciéndoles sombras a mis ramas.
Me dejarán vivir en paz.
El Monte Dersa acoge a la Medina andalusí de Tetuán en su regazo y la montaña del Gorguez la protege de los fríos del este.

KABILEÑO, O EL DERSOU OUZALA DEL MEDIO ATLAS MARROQUI
de Salvador López Becerra

Abdellatif LIMAMI
Universidad de Rabat

Cuando empecé la lectura de esta obra, en una de estas INOLVIDABLES noches malagueñas, en compañía de entrañables amigos, cada uno con sus altibajos, no pude dejar de pensar en mi época de estudiante en la Universidad de Toulouse Le-Mirail en Francia….Fue allí, en el cine club de St. Agne, donde descubrí los grandes del cine mundial, y las obras maestras cinematográficas de todos los tiempos.
Entonces, la lectura de Kabileño, en aquella noche nochera, no cesó de traerme al recuerdo constantemente la película Dersou Ouzala, del director japonés Akira Kurosawa. Había dejado mesa y manjar, para acomodarme al suelo, como un feliz convidado, sobre una alfombrita del medio Atlas, y con la prosa poética de Kabileño.
Volviendo a este paralelismo establecido al principio entre Kabileño y Dersou Ouzala, noto, como notará el lector advertido, que en ambos contextos culturales (tanto el cinematográfico como el escritural), lo que prevalece finalmente es antes de todo, el encuentro entre el humanista intelectual y el humilde y sabio (Amriaz/Salvador por un lado, Dersou y el topógrafo militar por el otro).
Nada ni nadie en aquel entonces podía desprender de mi imaginación aquel sutil, pero cuán significativo paralelismo, que me hizo desembocar incluso en el otro extremo: el idílico encuentro entre la bella y la bestia.
Dersou Ouzala, como queda señalado, es una película del productor japonés Akira Kurosawa, rodeada en 1974, pero que relata acontecimientos que transcurren a principios de la década de los años 20. La historia recoge cómo un topógrafo militar, que exploraba la región de Ossouri en la Taiga, conoció a un viejo y bajito hombre de la zona (Dersou) que, poco a poca, le irá transmitiendo el saber y la grandeza de temas tales como: la transmisión de la herencia y del saber, la muerte, el amor, la naturaleza, la conciencia, …. Y es en esta misma y concreta vertiente que se sitúa Kabileño, de Salvador López Becerra, o el encuentro entre el narrador y Amriaz.
Según José María Camacho, en un artículo publicado recientemente en el periódico español ABC, Kabileño es “un libro de poemas en prosa que versa sobre un campesino ilustrado por la naturaleza y la vida, un gurú original que habita en el corazón del atlas marroquí”[i]. Y según el propio autor, es una historia “que surge de una búsqueda personal” y que “Trata sobre las enseñanzas que recibimos de las personas que menos esperamos, personas corrientes que nos encontramos en nuestra vida cotidiana”[ii].
Los dos testimonios, tanto del articulista como del propio autor, van en la misma dirección, o sea que la sabiduría no es en absoluto monopolio del mundo “accidentalizado”[iii], y que en los lugares más apartados del mundo, podemos encontrar sabiduría, sensatez y profundidad de visión.
Por eso, para el autor, como para nosotros como lectores, esta obra es un soplo de libertad; aquella libertad que se consigue más allá de las tribunas oficiales, sobre todo las religiosas, pero también lejos de cualquier que otra organización, secta, cofradía o liga…. (El autor no vacila aquí en citar la famosa frase de Ghandi “Dios no tiene religión”, para librarse de algunos prejuicios, o para presentar simplemente, y de entrada, una seña o carta de presentación. La libertad, termina afirmando el autor, no es más que un don que “sólo pertenece a aquellos que la ansiaron y fueron en pos de ella hasta alcanzarla.”[iv]
Tratándose de su distribución en cuanto a estructura, Kabileño se presenta bajo forma de estrofas poéticas en prosa de diferente extensión. Es lo que Salvador López Becerra califica con el neologismo “proesía”, es decir “un libro de poesía en prosa, que recoge pequeñas historias o grandes poemas”[v]; “una forma de ser, una forma de estar en la vida[vi]” –sintetizará el autor.
En su presentación general, atraen de entrada la atención del lector dos epígrafes que arrancan de un mismo origen cultural hindú:
1. “El pájaro preso vivía en la jaula y el pájaro libre en el campo. Mas su destino era encontrarse y había llegado la hora” de Rabindranaz Tagore (1861-1941.); poeta, narrador, filósofo, pedagogo, músico y pintor hindú, autor de este lindo verso que nos convida a disfrutar de la vida "Si lloras por haber perdido el sol, las lágrimas no te dejarán ver las estrellas";
2. “Aquel que en verdad desea el conocimiento va más allá de las palabras de los libros”, dicho sacado de El Bhagavad Guita; conocido también como El Canto del Señor; uno de los principales episodios de la maravillosa epopeya hindú que se conoce con el nombre de Maha-barata y cuya filosofía encierran las doctrinas hinduistas más importantes. En este sentido, y más allá de la proyección literaria, derivada de la imaginación oriental, lo maravilloso queda esta posibilidad de trascender o ir más allá del velo que cubre las escrituras esotéricas.

Las dos citas quedan fuertemente vinculadas con lo que es la sustancia misma de la obra: el saber está en la sencillez, más allá de la retórica de las palabras; lo que conduce el pájaro en la jaula (Salvador), a juntarse con el pájaro del campo, libre de todas trabas (Amriaz).
En cuanto a las ilustraciones que ornan las páginas de la publicación, son también bastante reveladoras: un esbozo de estructura de un pueblo del Medio Atlas, elementos inherentes a la vida del campo (un árbol, un perro, un caracol, un pozo, niños…), pero también elementos que remiten con facilidad a un mundo geográfico determinado (babuchas, tetera, pipa, kife….). Se trata en realidad de asentar el pensamiento en un espacio virgen (Medio Atlas marroquí), y en un país de grandes y fuertes vínculos amorosos, que se tiene que conocer y abordar en la totalidad de sus dimensiones que no encierran sólo lo trágico: “Marruecos –dirá Salvador López Becerra- no es sólo babuchas y pateras, hay un alto nivel intelectual que la gente desconoce. Además hay muchos tópicos por ambos lados del Estrecho”[vii]
Para terminar con esta carta de presentación de la obra, vale la pena aludir a la dedicatoria, dirigida en primer lugar a los dos hijos del autor (Angel Amín y Salvador Karim ), “en la confianza de que apreciarán el magisterio que se halla en la humildad” (p.7); Y luego, espacio en blanco más abajo a “Mina”…. Conociendo personalmente al autor, y a su familia, no cabe duda para nosotros que se dirige a quién conocimos, mi mujer y yo, de manera muy entrañable, como AMINA: su esposa, hija legítima del medio Atlas.
Amriaz es un personaje nacido en el Douar Ait Jarasfa, provincia de Errachidia, “con domicilio conocido desde 1975 en cavila Mohamed El Hassan, vecina de los Ait Madunma” (p. 11), precisa el narrador. De su retrato físico, que no importa en realidad en este contexto, sólo sobresalen sus “adustas manos” (p.41), y sus “despojadas encías” (p.43). Pero lo más seguro, es que es un personaje sufrido.
Según los mal intencionados rumores, para los alejados del espíritu (“que suelen ser los más adheridos a los templos” (p.13)) así como para la empobrecida mente juzgadora, la incógnita historia de Amriaz no puede ser más que el resultado de una fechoría (“llegó a esta kabila –dicen- huyendo de alguna fechoría realizada en la suya” (p.13); cuando en realidad, y según confesó al narrador, el motivo no era ni más ni menos que “un roto en el corazón, un mal amor de hembra, un pretérito imperfecto, una leyenda imposible “ (p.13).
Más que el aspecto físico, lo que prevalece del personaje es finalmente su retrato moral: una suma de cualidades, principios y comportamientos que son cada vez más escasos. Si el personaje parece sencillo y humilde, es, sin embargo, dirá el narrador, “el hombre más rico que conozco: cada gesto suyo hacia quienes le circundan es un diamante, una extraordinaria enseñanza ofrecida y que él siquiera insinúa ha de pagársele” (p.11); una persona que “no tiene dudas de la ecuanimidad del creador”, y “habitada por un espíritu bueno” (véase p.16).
En su silencio reflexivo, el personaje parece captar lo más fugaz, invisible y silencioso, carcajeándose sin juzgar de las actitudes de los hipócritas; pero ni siquiera es capaz de “herir los alimentos que ingiere” (p.25):
“parece –dirá el narrador- que busca la estela fugaz de algo invisible, una sombra silenciosa que ha vislumbrado” (p.15).
A nivel religioso, y más allá de todo dogmatismo, el personaje queda definido como un minero, “deshabituado a los rituales” cuyo templo es pura y simplemente “su corazón” (p.16). Nada –dirá el narrador, refiriéndose a las distancias que separan el personaje de toda utilización dogmática o utilitaria de la religión, “tiene de dudoso su pacífico comportamiento, ni semejanza alguna con los barbudos autoritarios, ni por ficción, con los kamikazes de la religión de sus predecesores” (pp. 16-17)
Hijo legítimo de “la soledad purificante del campo” ( p.35), el personaje parece así como una entidad atemporal, es decir un ser que se inscribe fuera del tiempo social que nos condiciona y que medimos con nuestros aparatos, y que, de tanto roernos, se no convierte en tiempo psicológico, de angustias y soledades:
“nada solicita del pasado, ni toma en cuenta esa ilusión apodada futuro: un metafísico, un sabio natural, uno de los que de forma originaria, kármica, comprendió, sin necesidad de estudios ni espirituales retiros, que los gentilicios de la Vida son: “aquí” y “ahora”, única eternidad” (p.19)
“¿Qué es el tiempo sino una invención del hombre? A los pies del Creador Todo es Siendo. Ahora estás aquí, mañana allá. Y “Aquí” y “Allá” son simples palabras, pues lo único que existe es lo que imaginar puedas” (p.33)
Amriaz se le presenta al autor entonces como este ser angelical, de “inmenso Ser Interior” (p.19), cuya purificación vislumbra, y del cual saca una cálida enseñanza (véase respectivamente pp. 24 y 29). Una de estas cálidas enseñanzas, siendo el respeto por la vida:
“Sí, aprecio el respeto que por la vida posee Amriaz, a quien nunca vi matar alimaña alguna; ni concebir prejuicio a nadie; ni tan siquiera hacerle daño al daño” (p. 21).
Más que un ideal, el personaje se transforma en un espejo que funciona doblemente:
como una conciencia que despierta el autor de sus incertidumbres para dejar de mirar con “los ojos del cuerpo” y prestar atención tan sólo a “las falsedades de los espejismos” (p. 24);
y como explosor de una clara conciencia que le hace diferenciar a uno la auténtica belleza de la superficial cosmética:
“la roña externa, la patria de la piel de los forzados ascetas y ermitaños, de los huérfanos de la tierra, mucho más limpia, a mi parecer, que los corazones de quienes la critican” (p. 24)
Ante mí, dirá el autor en un intento sintético de resumir y expresar la grandeza del personaje, “tengo a un humilde discípulo de Krisna, del Nazareno, de Mahoma, de Rumi, de Ibn Arabi…” (p.31).
El personaje es sin lugar a dudas humilde, pero capaz de protagonizar un profundo discurso sobre la vida “perra” del urbano, a imagen de la vida “Accidentalizada” de Mesoud, un joven cuya educación universitaria e inmersión en el nuevo mundo civilizado de la tecnología (parabólica, Internet, chat…) (véase p. 26), aparece como un ser desorientado:
“Como soy pobre tú eres pobre –le dice Amriaz a “Budda”- pero como soy libre tú eres libre. En cambio si fueras acomodado –porque fueres de ciudad y de amo hacendado o creso- yo me apiadaría de ti por llevar una vida bien nutrida pero perra: sin genuina libertad, sin mis caricias, sin mi compañía ni la del reflejo de los brillos nocturnos en el arroyo” (p.39).
Al término de la lectura de esta reflexión poético-filosófica, y al igual que la película Dersou Ouzala de Akira Kurosawa, nos damos cuenta que el autor nos convida a apreciar y disfrutar plenamente nuestra autenticidad que yace donde uno menos espera: la humildad, la simplicidad, la paz interior y la acertada simbiosis con el mundo de la naturaleza.
“Sí, que en el humilde contento y en el colmado vacío del instante presente, mora la felicidad” (p.29)
[1] Salvador López Becerra, Kabileño; Centro Cultural de la Generación del 27; Maneras de vivir, 15, Málaga, 2005, 50 p. (Todas las referencias entre paréntesis corresponden a esta misma edición)
[1] “Salvador López Becerra, escritor y poeta presenta “Kalibeño (sic); ABC, 30 de noviembre de 2005, España
[1] Ibid
[1] Una errata “regalada” por los responsables de la imprenta (originalmente, era “occientalizado), y que el autor ha conservado por expresar lo que realmente “el personaje quiso decir” (p.49)
[1] Ibid.
[1] Ibid
[1] El mundo, 13 de diciembre de 2005, España
[1] Ibid.
[i] “Salvador López Becerra, escritor y poeta presenta “Kalibeño (sic); ABC, 30 de noviembre de 2005, España
[ii] Ibid
[iii] Una errata “regalada” por los responsables de la imprenta (originalmente, era “occientalizado), y que el autor ha conservado por expresar lo que realmente “el personaje quiso decir” (p.49)
[iv] Ibid.
[v] Ibid
[vi] El mundo, 13 de diciembre de 2005, España
[vii] Ibid.


24 junio 2006

DOS POEMAS Y UN POETA

ÉRASE UNA VEZ LA PRENSA
Dedicado a Tissir Allouni, en su soledad.
Por: Mouhcine Aroudame.

Cuando se calle la voz de la conciencia
Cuando se agote la ciencia de la paciencia

Cuando los justos tiren la toalla
Y la verdad esté arrestada
Vaya a donde vaya

Cuando la incertidumbre
Se convierta en costumbre
Y los animales superen
En bondad al hombre

Cuando vean la verdad censurada
Y la mentira aplaudida
Sepan ustedes que es entonces
Cuando se quema la esperanza
Que es entonces
Cuando la humanidad pueda decir:
Érase una vez la prensa.



El agua y la serpiente

Yo fui el agua
Pura y transparente
Tú fuiste la serpiente fría y ardua
En mi inocencia te bañaste
De mi dulzura te aprovechaste
Y a tus oscuras entrañas me enviaste
Me olvidé de que tú eres una serpiente
De sangre fría no caliente
Mas aún estando en tu vientre
Mi corazón seguirá latente.

RELATO

¿ME QUERIAS O NO?
Por Moufid Atimou.

No podía levantarse de su cama sin antes quedarse unos quince minutos pensando en él, en lo que estaría haciendo, en los metros y los milímetros por donde caminaba.
El no se interesaba por ella, verla o pasar meses sin saber nada de ella le daba totalmente igual; para él ella era algo así como amiga, vecina o un poco menos.
« Eres como la luz que ilumina mi camino, ya no me puedo fijar en nadie, quedarme contigo es lo que busco y buscaré. » Le decía a él cuando le visitaba en su campo.
El, sin dejar de interesarse por la tierra y sin perder el tiempo, le contestaba para no quedarse callado: « Tú también eres una joya, eres una gran persona…eres una chica especial. »
El pueblo era casi una ciudad, ya se veían más coches que vacas y caballos, ya se rompía el silencio por el ruido de lo motores, pero los cantos de los gallos seguían en el aire, altos y bajos según el tiempo.
Desde la ventana de la clase donde estudiaba ella se veía el campo, se veían los becerros y las cabras de su padre saltando y jugueteando entre el ramaje. Ella no podía dejar de pensar en él, en sus palabras, en sus manos, en su manera de ver el mundo, en todo lo relacionado con él.
« ¿Qué tal me ves? » le preguntó ella un día enseñándole un bonito vestido verde.
« No sé porqué no me ha gustado » contestó él.
Enseguida la niña se fue a casa y quemó el vestido.
Su nombre estaba escrito en todas partes, en las mesas de las clases, en el techo de su habitación, en las paredes de la casa, en los troncos y las hojas de los árboles, y lo llevaba como tatuaje en su muñeca…
« La chica está loca por ti, y todos creemos que es la más adecuada para ti porque es la que más te ama y es como la ves… guapísima. » le dijo un primo suyo.
« Es una niña, y hay unos catorce años de diferencia entre nosotros. »
« Sabes que eso de la edad no es pretexto para dejarla, aquí en el pueblo eso es muy normal. »
Pensó. Verdaderamente era una de las chicas más hermosas, más educadas y más fuertes del pueblo. Sí, era ella y con ella no iba a encontrar dificultad ninguna.
Tenía planeado esperarla al salir del instituto con un ramito de flores en la mano pero aquella tarde ella no vino ni vino el día siguiente, haciéndole enviar un mensaje con su pequeña hermana.
Cuando se encontraron, ella notó en él cierto desconcierto y cierta timidez.
« Me dijeron las compañeras que viniste al instituto con flores para mí, es raro, nunca lo pensaste en regalarme algo aunque en mis cumpleaños. »
« La verdad es que vi que eres la chica más adecuada para ser mi pareja…te quiero. »
La chica le dejó y se fue corriendo hacia su casa. El, confuso y frustrado, no supo cómo reaccionar.
El día siguiente apareció ella, maquillada por vez primera en su vida, con sus mejores y más atractivos vestidos. El y sin poder evitarlo se empequeñeció delante de ella y balbuciendo:
« No me dijiste nada acerca de mi propuesta. » dijo.
« Es que no tengo nada que decir…eres una persona muy especial para mí pero nada más y por favor no vuelvas a hablarme de esto ¿vale? »
« ¿Entonces si o no? »
« No ».
No podía levantarse de la cama sin pensar en ella, no podía dormir sin pensar en ella; todo le recordaba a ella.
« Hablad con ella, por favor. »Suplicaba a sus conocidos.
« Lo hacemos pero ella dice que no. »
Enfermo y un poco delirante se acercó un día a ella y le pidió que le contestase solamente a una pregunta.
« Deja, por favor de acosarme, no quiero tener nada contigo, las compañeras se burlan de mí. Anda pregunta, pero que sea la última palabra entre nosotros. »
« ¿Me querías o no? »
« Ya has preguntado…Cuida de ti ». Respondió alejándose la muchacha.

La berbéritude païenne du roman maghrébin de langue française.

La berbéritude païenne du roman maghrébin de langue française contestée
dans l’essai doctoral de Mohammed-Saâd Zemmouri
Par: SOSSE ALAOUI MOHAMMED

“Les genres littéraires, écrit Yves Mabin, sont universels. Certains ont leur origine dans un pays précis. L’essai est un genre d’origine française.”- In Eric Vigne, L’Essai, Ed. MAEF, 1997, p.7. Quant à l’essai doctoral de Mohammed Saâd Zemmouri dont nous abordons “la lecture théorique rétrospective” – Louis Altusser et al., Lire le Capital I, Ed. Maspéro, Paris, 1973, p.16 - , il constitue un sous-genre du premier, puisqu’il provient d’une thèse de doctorat d’Etat intitulée : Présence berbère et Nostalgie païenne dans la Littérature maghrébine de Langue française – Imp. Al Topress, Tanger, 2000, 185 p. Or, la problématique que soulève son corpus littéraire, en particulier romanesque, maghrébin de langue française, comporte une contestation explicite du fondement mythico-littéraire historisant du “mouvement culturel berbère” (la “berbéritude” en filigrane), épigone innommé dans le texte de l’ancien “mouvement culturel nègre” (la “négritude”comme archétype non-dit) et dont l’introduction de l’auteur en esquisse la revendication ethnique identitaire,mythico-littéraire historisant ainsi:
“ Le berbérisme a priori est lié à l‘engagement des Berbères défendant leur identité (ou encore “berbéritude”). Cependant nous devons souligner ici que les textes (ou romans du corpus) sur lesquels nous avons tavaillé ne sont pas le fait uniquement d’écrivains d’ascendance amazighe. Certains le sont, comme le Marocain Mohammed Khaïr-Eddine et l’Algérien Nabile Farès. Driss Chraïbi, lui, est Arabe et a écrit d’une manière désintéressée sur un sujet d’actualité. Même situation pour Kateb Yacine, perçu en Algérie comme un farouche berbériste, qui a toujours entretenu l’ambiguïté sur ses origines mais qui n’est pas à notre connaissance d’origine berbère.” – Présence berbère et Nostalgie païenne…, Op. cit., p. 11.
Selon cette perspective, cet essai sur “la berbérité”(p.44), disons “la berbéritude”, épouse curieusement les traits fondamentaux caractéristiques de son archétype culturel inavoué “la négritude”, défini à travers cette remarque de Laurent Sabbah: “ Les deux hommes (Aimé Césaire et Léopold Sédar Senghor), accompagnés du poète guyanais Léon-Gontran Damas, créent le mouvement de la négritude. Ils affirment haut et fort la grandeur de l’histoire et de la civilisation noire face au monde occidental qui les avait jusque-là dévalorisées. Ils refusent l’existence d’une essence noire, mais veulent faire de leur identité nègre et de l’ensemble des valeurs culturelles du monde noir une source de fierté.” – Ecrivains français d’Outre-Mer, Ed. Adpf, Paris, 1997, p. 33. D’où le recours à:
I- Une lecture théorique rétrospective d’une “berbéritude” en filigrane contestatrice:
Une lecture théorique rétrospective d’une “berbéritude” en filigrane comme reflet historisant de “la négritude” dans cet essai”, permet d’y repérer à la fois une contestation explicite multiforme par l’essayiste de sa représentation mythico-littéraire (tant par les militants berbères que par les romanciers hétéro-ethniques étudiés, partisans actuels d’une revendication nostalgique d’une identité berbère païenne en Afrique du Nord), ainsi qu’une reconnaissance de la limite mythico-historisante littéraire du corpus (romanesque) de cette “berbéritude” identitaire païenne en filigrane. Certes, on peut y relever au moins six contestations de l’essayiste retrançant les limites de cette historisation romanesque de “la berbéritude”en filigrane, innommée en question, à savoir:
(1)- La contestation dans ce travail de la revendication du paganisme par les Berbères dans les sociétés maghrébines actuelles fait écrire à l’auteur dans son introduction: “ On ne doit pas comprendre de notre travail que les Berbères revendiquent le paganisme. Celui qui connaît véritablement les sociétés maghrébines sait qu’elle sont un creuset où se sont fondues les deux ethnies, Berbères et Arabes, pour constituer ensemble une communauté soudée par les liens solides créés entre eux par l’islam depuis le VIIè siècle. C’est pourquoi il convient de dire que nos écrivains ne représentent qu’eux-mêmes, même si par ailleurs leurs prises de positions rejoignent sur certains points le combat du mouvement culturel berbère.” – Présence berbère et nostalgie païenne, Op.cit., p. 13.
(2)- La contestation par celui-ci de la revendication par les écrivains des romans étudiés d’une identité mythico-historisante d’un peuple berbère autochtone. “ Certes, ils (les Berbères ou Imazighen) en sont (des populations de la région de siwa) les habitants les plus anciens, mais eux-mêmes trouvèrent sur les terres qu’il conquirent, d’autres populations, qu’ils ont bousculées, voire asservies. Les Berbères ont eux-mêmes suivi la loi des migrations et des conquêtes de terres. Ainsi l’argument du peuple berbère autochtone, souvent avancé par certains berbéristes et par nos écrivains eux-mêmes nest pas fondé sur une connaissance objective de l’histoire de l’Afrique du Nord mais relève plus de conceptions mythiques.” – M-S Zemmouri, Op.cit., p. 18.
(3)- La contestation d’une origine géographique maghrébine des Berbères revendiqués dans les romans cités à travers ce passage de l’essai: “ Les historiens ne connaissent pas avec certitude l’origine des Berbères et plusieurs hypothèses sont avancées à ce propos, mais la plus solide et la plus plausible demeure celle d’une origine orientale.” – Op.cit., p.17.
(4)- La contestation de la revendication d’une langue et d’une graphie uniques berbères, standardisés, répondant aux sentiments identitaires (ou “berbéritude”) des concernés et dont l’essayiste dit proprement: “ Ainsi la renaissance berbère s’est traduite tout d’abord par les travaux réalisés par les berbérophones sur leur langue, ou plus exactement sur les divers dialectes qui s’y apparentent (…). Rappelons ici que le berbère a cessé de s’écrire depuis des temps immémoriaux. Les historiens pensent que cette langue avait une graphie propre que l’on appelle le tifinagh qui ressemblait à l’écriture utilisée aujourd’hui encore par les Touaregs.” - Présence berbère et nostalgie païenne, Op.cit., pp. 24-25.
Encore faut-il souligner (pour notre part) le nom “tifinagh” qui rappelle si bien phonétiquement le nom “Finiqia” (ou Phénicie) dont Bouarich dit notamment: “ Le Rif Occidental (Maroc) avait attiré les Phéniciens et les Carthaginois dès le 12ème siècle avant Jésus-Christ. Entre le 12ème et 7ème siècle, ils y fondèrent les comptoirs de: Lixus, Tingis, Zilis.” – “ Histoire: Le Rif”, Amazigh, N°8- 1982, Rabat, p. 10.
(5)- La contestation d’un diaspora berbère et d’un pan-berbérisme due uniquement au rôle joué par l’émigration surtout algérienne (kabyle) que M-S Zemmouri formule de la sorte: “ Signalons également le rôle joué par l’émigration surtout algérienne (kabyle), assez importante par son nombre et surtout assez efficace par sa contribution au développement du mouvement berbère (…). Cette dispora berbère a notamment joué un rôle déterminant dans la préparation et la tenue de la rencontre qui a abouti à la création du Congrès Mondial Amazighe qui ss’est tenu dans le sud de la France en septembre 1995.
Il existe aujourd’hui au Maghreb une véritable conscience identitaire berbère. Les militants berbéristes cherchent ainsi à coordonner leur action à l’échelle maghrébine et au-delà ( Maroc, Algérie, Lybie, Iles Canaries, Touaregs, etc.). Ils visent à développer les liens entre eux dans le cadre d’un pan-berbérisme qui leur permettrait de mettre en commun leur expérience et de renforcer une coopération entre des acteurs confrontés à des situations où ils affrontent des problèmes similaires.” – Op.cit., p. 27.
(6)- La contestation des origines hétéro-ethniques des écrivains (notamment romanciers) du corpus analysé et de leur identification imaginaire ou subversive (ou mythe littéraire) irréaliste du “berbérisme” au “pagananisme” (ou “berbéritude” païenne) outrepassant, pour certains d’entre eux, les protagonistes mêmes du mouvement culturel berbère actuel, est très visible dans ces passages de cet essai doctoral: “ Nul doute que ces importantes avancées pour la promotion de la langue et la culture amazighes ont satisfaits des écrivains comme l’Algérien Nabile Farès ou les Marocains Driss Chraïbi et Mohammed Khaïr-Eddine qui ont rêvé et écrit pour la reconnaissance de l’amazighité maghrébine et constituent une satisfaction posthume pour celui qui fut un des militants désintéressés de la cause berbère, n’étant peut-être pas lui-même berbère, Kateb Yacine (p.30).
Et plus loin dans: “ Ceux-ci (les romanciers) se sont attachés, chacun à sa manière, à défendre le berbérisme, allant même pour certain, plus loin que les protagonistes du mouvement culturel berbère, jusqu’à identifier celui-ci avec le paganisme. La littérature ne dépasse-t-elle pas la réalité en exprimant les rêves, les aspirations, l’imaginaire des écrivains dont la vocation est parfois de transcender et subverir le réel et les réalités au lieu de les copier?” – Ibid., p. 30.
De fait, la lecture théorique rétrospective a rendu visible cette contestation multiforme de M-S Zemmouri de la “berbéritude”, inscrite en filgrane dans son essai doctoral, dénommée par lui sous les termes de “ berbérité” (ou de “berbérisme”) dont la lisibilité ici comme reflet de son archétype historique innommée, “la négritude” dénonce la limite de sa représentation subversives du réel et des réalités objectives arabo-berbères revendiqués par les romans maghrébins de langue française choisis et celle de la reconnaissance de l’essai mythico-littéraire (romanesque) historisante de cette “berbéritude” païenne en filigrane innommée et par conséquent invisible et non-dite dans la thèse de l’essai.
II- Limites d’une représentation mythico-romanesque historisante d’une “berbéritude” en filigrane innommée:
Cette “berbéritude” innommée y a donc pour représentation historisante limitée une référence privilégiée, selon l’essayiste , à un mythe littéraire ayant pour configuration multiple “la Kahina”, en vue de légitimer une revendication identitaire berbère païenne et mettre en cause l’arabo-islamisme au Maghreb. Zemmouri en relate dit en l’occurrence: “ Nos écrivains bâtissent autour de Kahina un véritable mythe (…). Mais au delà du mythe, il reste que pour nos écrivains, et surtout pour les Algériens, Kahina est une référence privilégiée pour légétimer la revendication identitaire berbère et pour remettre en question l’idéologie officielle au Maghreb, à savoir l’arabo-islamisme. Affirmation du caractère amazighe de la région et nostalgie du passé païen, c’est ce qui est raconté ainsi à travers le mythe de la Kahina.” – Op.cit., pp. 119-120. De là, deux limites apparaissent de ce mythe romanesque de “la berbéritude” d’un point de vue théorique rétrosppectif à travers sa représentation et sa reconnaissance mythico-romanesque historisante en filigrane. De là devient visible la:
II.1- Limite de l’identité pluriethnique des romanciers de la “berbérittude” innommée en filigrane:
Selon cette lecture théorique rétrospective en tant que “relevé des concordances et des discordances, décompte de ce que l’essai a découvert” du “mouvemement culturel nègre” ( ou “négritude” innommée a priori ) comme archétype mythico-littéraire du “ mouvement culturel berbère” (ou “berbéritude ” en filigrane innommée a posteriori ) et “de ce qu’il a raté, de ses mérites et de ses défaillances, de ses présences et de ses absences”- Lire le Capital, Op.cit., p. 16 -, on peut relever quant à la configuration de cette “négritude” par les auteurs cités: une limite de l’identité pluriethnique de ses derniers et une limite mythico-littéraire (romanesque) de la représentation multiforme de sa figure mythique la Kahina.
Parallèlement à la limite de l’identité pluriethnique des romanciers partisans de cette “berbéritude” en filigrane, on pourrait évoquer l’identité pluricitoyenne des écrivains nègres comme limite mythico-littéraire de la “négritude” en son temps que décrit F. Fanon en ces termes: “ La culture nègre, la culture négro-africaine (la négritude) se morcelait parce que les hommes (écrivains pluricitoyens) qui se proposaient de l’incarner se rendaient compte que toute culture est d’abord nationale et que les problèmes qui maintenaient Richard Wright ou Langstone Hughes en éveil étaient fondamentalement différents (hétérogènes) de ceux que pouvaient affronter Léopold Senghor ou Jomo Kenyatta.” – Les damnés de la terre, Ed. Maspéro, Paris, 1970, p. 149.
A cette quasi similitude des auteurs de “la berbéritude” et de “la négritude ” répond cette remarque de Zemmouri dans son essai: “ Nul doute que ces importantes avancées (de l’amazighité de l’identité nationale ou “berbéritude”) pour la promotion de la langue et la culture amazighes ont satisfait des écrivains comme l’Algérien berbère Nabile Farès ou les Marocains Driss Chraïbi et Mohammed Khaïr-Eddine qui ont rêvé et écrit pour la reconnaissance de l’amazighité maghrébine et constituent une satisfaction posthume pour celui qui fut un des militants désintéssés de la cause berbère, n’étant peut-être pas lui-même berbère, Kateb Yacine.” – Op.cit., p. 30. Il les portraiture successivement ainsi:
(1)- Kateb Yacine: “ Kateb Yacine est connu pour son engagement en faveur des Berbères et son apologie de leur langue et de leur culture. Il est perçu comme un ardent militant berbériste qui a défendu cette cause avec passion, acharnement, et persévérance (…) Celui-ci serait-il berbère? La réponse n’est pas aisée quand on se réfère à ce que Kateb a écrit ou dit sur son ascendance (...) Dans une déclaration remontant à 1963 Kateb confirmait son ascendance arabe…” (p. 31).
(2)- Nabile Farès: “Farès écrit pour parler de sa communauté d’appartenance, les Berbères. Il écrit sur ses «compatriotes» qui sont non pas les Algériens, mais ceux qui appartiennent à la même ethnie que lui.” (p. 51).”
(3)- Driss Chraïbi: “ Si Chraïbi n’est pas berbère, à notre connaissance du moins, il a ainsi écrit sur les Imazighen, «les fils de la terre» comme il se plaît à les appeler, plusieurs romans d’affilé, ce qui témoigne de l’intérêt qu’il porte à ce sujet dont l’actualité n’échappe à personne au Maghreb.
(4)- Mohammed Khaïr-Eddine: “ Ecrivain d’ascendance berbère, Khaïr-Eddine conaîtra l’acculturation dès son enfance avec la scolarisation, et suite au contact avec la langue et la culture françaises (…). Car Khaïr-Eddine est l’enfant d’une terre, le Souss et le fils d’un peuple, lesBerbères du sud marocain, les Chleuhs.” (p. 84).
A cette limite de l’identité pluriethnique des romanciers maghrébins de langue française évoqués dans cet essai doctoral sur la “berbéritude” en filigrane partisans d’une revendication identitaire berbère païenne vient se joindre une seconde limite mytho-littéraire (romanesque) historisante, multiforme de la Kahina.
II.2- Limite mytho-romanesque historisante de la Kahina comme référence privilégiée multiforme d’une “berbéritude innommée” en filigrane:
Que ce soit “l’Afrique-Mère” pour “la négritude” ou “l’Afrique du Nord-Kahina-Païenne ” pour “la berbéritude” en filgrane, dévoilée par la lecture théorique rétrospective dans l’essai de M-S Zemmouri, il est à constater que l’une comme l’autre se prévaut d’une référence privilégiée à la fois mythitique et anthropomorphique uniforme dans un cas et multiforme dans l’autre.
“ On n’a donc pas pu parler d’une littérature négro-africaine, écrit Lylian Kesteloot, qu’au moment où les livres écrits par les Noirs ont exprimés leur propre culture (…). C’est ce qui explique le caractère agressif de leurs oeuvres et leur prédilection pour certains thèmes: l’analyse des souffrances antiques et multiformes que la race endure comme un destin (…), le retour enfin aux sources culturelles de l’Afrique-Mère, continent mythique certes, mais aussi très concrète matrice d’une Weltansschauung (vision du monde) qui a profondément déterminé l’âme des peuples éparpillés aujourd’hui dans le vaste diaspora nègre.” – Anthologie Négro-africaine, Ed. Marabout U, Paris, 1967, p. 123.
Et c’est également ce que dénote Zemmouri à propos de cette “berbéritude” innommée (ou selon lui “berbérité”) dans cette remarque synthétique relative au mythe historisant multiforme de la Kahina, chez les écrivains cités. “ En elle-même, écrit-il, la référence à un personnage tel que la Kahina ou Kocéïla par un écrivain maghrébin est déjà significative en ce qu’elle est anticonformiste. A fortiori cette évocation apparaît comme un engagement lorsqu’elle se fait louange, célébration, et lorsqu’elle s’inscrit dans une réappropriation explicite du passé berbère et païen de l’Afrique du Nord.” – Présence berbère et nostalgie païenne, Op.cit., p. 100. Or c’est ainsi que l’image mutiforme de la Kahina mythico-historisante prend sa forme synthétique chez chacun des écrivains considérés . A savoir pour:
(1)- Kateb Yacine: “ L’originalité de Kateb, suivant l’essayiste, est d’avoir fait de Kahina une païenne au sens non idolâtre ou polythéiste, mais dont le paganisme s’apparente à un matérialisme moderne. Dans la «femme sauvage» Kateb présente la Kahina comme une adoratrice de la terre, seule divinité qu’elle reconnaisse. Cette passion pour la terre est synonyme de patriotisme.” (p. 108). Kahina prend alors l’image de “la vierge aux abois” nommée la “Numidie”, abandonnée mourante par “Jugurtha”, comme l’évoque Rachid dans son roman Nedjma en se disant:
“ Et c’est moi, Rachid, nomade en résidence forcée, d’entrevoir l’irrésistible forme de la vierge aux abois (Kahina), mon sang et mon pays; à moi de voir grandir sous son premier nom arabe la Numidie que Jugurtha laissa pour morte. ” (p. 41).
(2)- Nabile Farès: “ Chez Farès, note-t-il, l’ogresse est associée également à une autre figure païenne, la Kahina (…). L’ogresse (vengeuse païenne) dont Farès raconte l’histoire dans son roman, Le Champ des Oliviers, apparaît plongée dans un sommeil séculaire dans la grotte d’Ikhashushen, village sutué (…) près d’Akbou (Algérie) ” (p. 125). On y lit: “ Moi. Jeune ogresse. Toute prête de dévorer, de faire connaître la douce dévoration de mes lèvres à cet homme (homme du Livre). Je dus m’enfuir. Descendre au plus profond des fonds de la terre et du jour (…). Oui. Pour que. Des hommes puissent grandir dans l’indépendance d’un livre (Le Coran) qui. A ce jour. Etonna bien du monde.” (p. 87).
(3)- Driss Chraïbi: “ C’est aussi l’image d’une «nationaliste» intransigeante et impitoyable que nous donne de la reine berbère le récit de D. Chraïbi. Il est vrai que chez lui la Kahina n’est pas au centre d’une mythologie comme chez Kateb ou Farès (…). Pour souligner son farouche patriotisme Chraïbi la décrit comme une ennemi impitoyable des autochtones traîtres, qu’il nomme les «Afariks».” Le narrateur en dit dans son roman La Mère du Printemps: “ Les partisans de la Kahina les décimaient sans merci, en premier, de préférence aux Arabes qui, eux, ne dénaturaient pas leur race et ne faisaient que leur devoir de conquérants. ” (pp. 58-59).
(4)- Mohammed Khaïr-Eddine: “ Khaïr-Eddine, selon Zemmouri, évoque Kahina dans ses textes comme une ancêtre emblématique (…). Dans Agadir le héros reconnaît comme divinité la «Déesse Sudique Rutilante» qui semble désigner à la fois Kahina et la terre du sud (…). L’histoire devient alors mythe. Mais alors que Farès et Kateb exaltent et célèbrent en elle la femme qui symbolise la résistance aux envahisseurs arabo-musulmans, Khaïr-Eddine, lui, préfère voir en elle le symbole de la révolte (contre l’ordre établi).” – Op.cit., p. 106. Dans ce même roman Kahina proclame: “ Je suis Kahina La Berbère. Les roumis m’appellent la Reine Serpent de Barbarie. Mais je suis communiste …” (p. 57).
De la sorte, la limite de l’identité pluriethnique des écrivains (romanciers) maghrébins de langue française cités et la limite mythico-romanesque historisante de leur mythe multiforme de la Kahina, comme référence privilégiée d’une “berbéritude” (païenne) en filigrane, innommée (non visible derrière les termes de: “berbérisme” et “berbérité” employés par l’essayiste), nous a permis, selon une lecture théorique rétrospective, de retracer au sein de l’essai doctoral de M-S Zemmouri les concordances, les discordances et la limite, , de la thèse d’une nostalgie concrète d’un mouvement culturel berbère païen (ou “berbérité” païenne) mythico-littéraire historisant par rapport à un parangon, mythico-littéraire non-dit de sa conception historique et culturelle, “le mouvement culturel nègre” antérieur (“la négritude”) d’une part et la réalité géo-historique pluriethnique et multiconfessionnelle objective des hommes peuplant le Maghreb actuel d’autre part.
En conclusion, il est possible de reconnaître, dans le cadre de cette lecture théorique rétrospective, avec F. Fanon, les limites de “la négritude”, comme archétype mythico-litéraire de “la berbéritude”, innommée en filigrane dans cet essai révlateur de M-S Zemmouri, comme le non-dit d’une revendication identitaire mythico-littéraire) historisante antérieur des hommes négro-africains, ayant pour substitut ici la revendication identitaire mythico-littéraire (romanesque) des berbéro-maghrébins , en affirmant: ‘”La négritude trouvait donc sa première limite dans les phénomènes qui rendent compte de l’historisation des hommes.” – Les damnés de la terre, Op.cit., p. 149. Et c’est ce que reconnaît en dernier lieu l’essayiste lui-même, en soulignant: “ Chose remarquable cependant, si tous (les romanciers cités) se réfèrent à la Kahina, l’image de celle-ci diffère d’un écrivain à l’autre. Ce qui confirme que nous sommes devant un vrai mythe. Le traitement de Kahina permet de mesurer l’originalité de chaque écrivain et de voir donc à l’oeuvre la part de l’imaginaire (la limite mythico-historisante) de chaque écrivain.”- Présence berbère et nostalgie païenne, Op.cit., p. 173.