ENCUENTRO EN EL FEDDÁN.
(Relato)
Del libro "El cine español y Marruecos" de su autor Ahmed Mohamed Mgata /Tamuda, 2004

Todos los pueblos poseen en las alforjas de sus usos y de sus costumbres un gracejo comprensible y repleto de astucias pese lo incrédulo e imposible de creer nada más oír sus episodios. El gracejo popular suele ser chistoso y, por ello, variopinto y multidimensional; a veces molesto y otras relajante.
Lo anterior se me ocurrió al recordar lo ocurrido en la terraza de un cafetín del Feddán Tetuán cuando se hallaron en mesas contiguas Layachi, un verdulero de Anyara, cerca de Tetuán, y Pocholo antiguo vendedor ambulante de helados en Río Martín y natural de Osuna, pueblo cercano a Sevilla.
Los dos eran jubilados y el encuentro los hizo rememorar vivencias lejanas llenas de imaginaciones y de ese gracejo inofensivo y que denota... una capacidad de inventiva infinitamente amplia.
Pocholo contó como, después de irse de Río Martín, volvió a su Osuna natal donde no tardó en acoplarse a la vida del pueblo en aquellos dulces y lejanos años cincuenta del siglo pasado. Dijo que cierta tarde y mientras escuchaban las noticias taurinas por la radio de uno de esos bares de buenas tapas y buen mosto, un concejal del Ayuntamiento expuso la idea a los ahí presentes de organizar una excursión para los jóvenes del pueblo que tengan más de sesenta años, hombres y mujeres de Osuna que tengan pasaporte aunque sean paletos. La excursión sería para Kampala o como se llame la ciudad en cuyo bosque se hallaba el amigo moral del pueblo, el señor Tarzán de los bosques, y su dulce señora Jane así como su “caniche” la mona Chita.
Al principio, dijo Pocholo, todo parecía raro y difícil de conseguir ya que el viaje iba a ser más largo que ir a Sevilla y que autocares para viajes más largos iban a resultar muy complicados porque eso de “bajen y empujen para que el autocar arranque” resulta siempre insoportable. Pero, el señor concejal lo arregló todo ya que habló con el boticario-hombre culto que incluso leyó el quijote íntegro- quién habló con un familiar suyo que vivía en Madrid para que el viaje fuera en un avión inglés que salía de Londres lleno de hijos de la Gran Bretaña que bajaban en Madrid para ir a África.
Se apuntaron los que lo quisieron aunque se les dio a los tricornios y al sereno la primacía de ocupar los primeros billetes del avión que los iba a llevar a África.
Más de treinta vecinos de Osuna se apuntaron y pagaron sus pasajes al concejal con salida de la plaza de la Iglesia en un autobús que los iba a llevar hasta el aeropuerto de Sevilla para ir a Madrid y de allí a Kampala para ir en autocar de safari a donde residía el señor Tarzán y su familia.
Tras llegar a África, con la expedición mareada y cansada de tanto viaje, cogieron camino en un autocar hacia la selva y, por fin, la gente del pueblo empezó a respirar aire limpio porque no tenía la costumbre de viajar como las sardinas aliñadas en sus latas. De sus bártulos empezaron a sacar sus morcillas, chorizos, longanizas, jamón y demás potingues que se habían llevado del pueblo para ahorrar en comida puesto que el viaje les costaba el transporte mientras que la comida y el dormir eran a cuenta de cada uno, o sea, dormir en tiendas de campaña y comer de la caza que le iban a proporcionar sus dos acompañantes nativos, Dugúdugú y Mandingo, que les iban a servir de guías y de cazadores y, caso de que les salga en el camino algún león, correr detrás de ellos para salvarse... el que pueda.
Efectivamente, llegó la expedición andaluza a la selva pletórica de euforia porque iba a ver al ídolo de los que van al cine para ver las aventuras de tan insigne personaje, y empezaron a caminar hasta llegar a un río en cuya ribera había un letrero que ponía “para ir a Tarzán city... cruza el río”. No había puente y no se podía regresar, siguió diciendo Pocholo. Incluso llegaron a creer los de Osuna que aquello era broma del alcalde de su pueblo porque no veía bien esa excursión y preferir ir a América para ver a Marlene Dietrich. De repente gritó, antes de desmayarse doña Emergilda, mujer del sereno del pueblo, don Eutanasio: “Un cocodrilo a la derecha, digo, a estribor, y parece ser de verdad”.
Todos empezaron a correr y a desperdigarse sin saber qué hacer ni a donde ir. El mismo cocodrilo, atónito, se quedó quieto ante tanto cateto a la vista y corriendo por doquier y, de repente y como obra del Cielo, se oyó a Tarzán gritar su universal grito, el cocodrilo volvió al río temblando de miedo y los treinta expedicionarios vieron llegar a Tarzán por encima de una rama de un árbol acompañado de Jane y de Chita. El rey de los bosques se les quedó mirando sorprendido por la inesperada visita a sus territorios y el concejal, don Baldomero, en nombre de la expedición, empezó a hablar para presentarse:
“Señor Tarzán, en nombre de Osuna, pueblo andaluz de pura cepa, mí, Baldomero Requena, en calidad de concejal, querer dar las gracias a usted y a las honorables Jane y Chita, por acompañarnos cada domingo en el cine la Eulalia, viuda de don Saturnino, que en paz descanse. Nosotros venir para veros porque, nosotros, querer mucho a Tarzán. Nosotros querer mucho a Jane y querer a Chita como nunca nosotros poder amar...”
Mientras Baldomero seguía enrollándose haciendo el indio, Tarzán le dijo a Jane en voz baja:
“Oye Jane, esta gente no puede ser de España, te has fijado en lo mal que habla el español... se parecen a nosotros”.
Layachi escuchaba atentamente lo que Pocholo le contaba enfervorecido, mientras sostenía un sebsí entre los dedos de su mano derecha y, entre risa y carcajada, Layachi quería demostrarle a su compañero accidental en el café que estaba escuchando y creyendo todo lo que escuchaba aunque sabía que Pocholo estaba seguro de que él, Layachi, no se creía ni una torta de lo que estaba relatándole.
El verdulero de Anyara decidió participar activamente en la farsa y, como si fuera a decir algo interesante le preguntó a Pocholo si sabía que la ciudad de Tetuán conoció la visita de profesionales de talla mundial para rodar "Zarak Kan" como Víctor Mature, quién estuvo acompañado por su amante Liz Taylor aunque ella no llegó a intervenir en el rodaje, Anita Ekberg, Eunice Gaynor, Rhonda Fleming…, y que gran parte del filme se rodó en Tetuán así como en algunas zonas de la región como Alcazarkebir.
Pocholo no sabía qué contestar por no saber nada de la película y por dudar de su compañero ya que lo mismo podía estar hablando en serio que de broma como lo hacía él desde que empezó a hablar con Layachi.
El verdulero de Anyara volvió a preguntar insistiendo en que quería una respuesta hasta que Pocholo respondió negativamente.
Layachi le dijo que esa película se había rodado después del viaje de la expedición de Osuna a Kampala y que Tarzán había estado presente en parte del rodaje por ser amigo de Víctor Mature afirmando que los dos actores, mientras estuvieron en Tetuán, estaban entre La Segoviana y La Parra de copas, momentos que él, Layachi, aprovechaba para acompañar a Liz Taylor por la Medina y por los sitios más exóticos y que la famosa actriz americana le dijo:
“Layachi, Tarzán de los monos había conocido a unos andaluces simpáticos porque no me llevas a ver una corrida de toros y pasamos el día de flamenqueo y de fandangos. A mí me gusta lo típicamente español y lo auténticamente andaluz.”
Layachi no tardó en contestar que en Tetuán no había plaza de toros, por falta de toreros y de cuernos aunque sí se montaban unas corridas en ferias y celebraciones en plazas desmontables pero, en cambio podían ir al restaurante Revertito donde se respiraba ambiente andaluz castizo.
Efectivamente, Liz Taylor aceptó la idea y se fueron al mencionado y ya desaparecido restaurante. Nada más entrar por la puerta grande fueron recibidos por un camarero con vestimenta flamenca quien les dio la bienvenida mientras hacía el jilipuertas con una bandeja llena de copas vacías que se le acabó yendo al suelo tras tropezar en una silla de cáñamo.
Layachi se puso a explicar a la ilustre invitada de la ciudad lo que había como elementos decorativos aunque, de repente, Liz Taylor interrumpió sus explicaciones para decirle:
“Perdona que te interrumpa, Layachi, ese camarero al que se le cayó antes la bandeja está llorando en esa esquina. ¿No será que los dueños le hayan hecho una bronca’?
Layachi, al ver el espectáculo referido por la actriz, se dirigió junto a ella hasta el camarero y le preguntó por la causa de su sollozo.
El camarero, mirando a los dos clientes respondió se había acordado de la trágica muerte de su padre por el toro cuya cabeza estaba disecada en lo alto de esa esquina como algo omnipotente.
Layachi y Liz, al unísono e intentando consolar al pobre camarero por el recuerdo de la muerte su padre, le preguntaron: “¿Su padre era torero?
“Que no, leñe, mi padre, que en paz descanse, tras agarrar una borrachera de campeonato tuvo la ocurrencia de sentarse debajo de ésta misma cabeza de toro justo cuando se cayó de su gancho... y lo mató”
Pocholo se rió de la anécdota y se despidió de Layachi mientras le decía: “Oye, Layachi, lo de la excursión para ver al señor Tarzán era una broma”:
A lo que Layachi contestó:
“Sí, hombre. Lo supe desde el primer momento porque Tarzán es muy amigo mío y nunca me hubiera ocultado un encuentro como el que tu me contaste.”
Los dos se rieron muchísimo cuando se disputaban el honor de pagar los dos thes que se habían tomado delante del camarero que, harto de esperar, les dijo: “señores, no es preciso que sigan ustedes discutiendo para pagar, vuestra consumición ya esta pagada. Les ha invitado el señor Tarzán.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Liz Taylor, asistió al rodaje de Zarak porque uno de los actores era su marido Michael Wilding y no poruqe fuera amante de Victor Mature.

Poseo dos fotos del rodaje; una de Vistor Mature y otra de Liz Taylor sentada y fumando un cigarrillo.

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