04 abril 2007

Los gritos y susurros de Ahmed Mohamed Mgara en
“Desde El Feddán”
Por: Abdellatif LIMAMI

Universidad Mohamed V, Facultad de Letras y Ciencias Humanas Agdal,
Departamento de Hispánica de Rabat

Romance del prisionero
Que por mayo era, por mayo,
Cuando hace el calor,
Cuando los trigos encañan
Y están los campos en flor,
Cuando canta la calandria
Y responde el ruiseñor,
Cuando los enamorados
Van a servir el amor;
Sino yo, triste, cuitado,
Que vivo en esta prisión;
Que ni sé cuándo es de día
Ni cuándo las noches son,
Sino por un avecilla
Que me cantaba al albor.
Matómela un ballestero;
Déle Dios mal galardón.
(Anónimo)
(Ramón Menéndez Pidal; Flor nueva de romances viejos; Espasa-calpe S.A.1973; Madrid; col. Austral; decimonovena edición; p.213)

Para nosotros, hispanistas y asiduos lectores del desaparecido periódico La Mañana, el espacio “Desde el Feddán” era realmente una ventana abierta por donde entraba una difusa luz norteña, y su autor, Ahmed Mohamed Mgara, un ave cuyo canto animaba a los espíritus más dormidos o resignados.
Por no sé por qué motivo, esta ventana, por la cual entraba el canto del ave, entonces de la vida, se cerró, privándonos de un canto en que la Paloma blanca (Tetuán), era la musa predilecta.
En este acto de homenaje al ave tetuaní, no nos importará ni porqué ni cómo el ave cesó de cantar en esta rúbrica, ni incluso porqué razón el semanario desapareció últimamente del paisaje periodístico de la Nación. Seguiremos tan sólo, paso a paso, sus gritos y lamentos, sus añoranzas y recuerdos nostálgicos, sus alegrías y rebeldías, todos ubicados y relacionados con la ciudad de Tetuán, y en un tono que no siempre agrada por salir de las entrañas. “Desde el Feddán” recoge más de un tema (la inmigración, el cine, los homenajes póstumos a hispanistas o arabistas fallecidos, el prestigioso club de fútbol de la ciudad, la relación hispanomarroquí,….). Nos contentaremos en esta comunicación con hacer resaltar los gritos y susurros del periodista en pro de una identidad cultural de la ciudad que, sin lugar a dudas, ha amado más que nadie.
Hagamos constar aquí y al respecto, las palabras del autor argentino Ernesto Sábato quien, con razón afirmó que “…o se escribe por juego, por entretenimiento propio y de los lectores, para pasar y hacer pasar el rato, para distraer o procurar unos momentos de agradable evasión; o se escribe para buscar la condición del hombre, empresa que no sirve de pasatiempo, ni es un juego, ni es agradable”.
En efecto, “Desde el Feddán”, concedida como tribuna libre al periodista Ahmed Mohamed MGARA en ……, tras otra, abierta en los años 90 bajo el título de “Desde Tetuán con amor”, no era un mero ejercicio de estilo. Era la voz crítica que procuraba salvar la ciudad de Tetuán de su letargo y contribuir en cierta medida a una conciencia colectiva.
Escuchemos al mismo articulista expresarse acerca del significado de estas dos tribunas libres en su trayectoria, confesión que nos ha hecho llegar vía Internet con motivo de este homenaje:
“Desde Tetuán con amor” y “Desde el Feddán” fueron dos columnas de diferentes épocas de mi ejercicio en la prensa nacional. El Nuevo Puente, periódico que creó el hispanista Latifo Kassidy ya conoció algunas de esas columnas, La Mañana, Tamuda y otros suplementos en español. “Desde el Feddán" tiene su explicación. El Feddán es el alma del pueblo tetuaní. La plaza donde el alma se hacía magia y los sueños se perdían para hacerse realidades. En el Feddán resolvíamos los conflictos tomando un poco de té bajo el vuelo de las abejas más visibles del lugar. En el Feddán crecimos, mientras nos resistíamos a abandonar nuestra infancia y, después, nuestra juventud. Sin el Feddán no tenemos nada... sólo el recuerdo de esa genialidad única en el tiempo y en el mapa a través de las eras. Por eso fue desde el Feddán... desde el alma”
Desde este mismo espacio es desde donde toma nacimiento una de las primeras, sin lugar a dudas, una de las principales constantes en la escritura periodística de Ahmed Mohamed Mgara: el soplo nostálgico. “Fue –afirma el articulista refiriéndose a este espacio- nido de nuestra niñez y atalaya para nuestros sueños. Lo recorríamos o andábamos con tanto cuidado para no estropear su alfombra” (La Mañana; núm. 65; 4-10 de febrero de 2003).
El empleo tanto del pretérito indefinido como del imperfecto de indicativo contrastan aquí con la desolación del momento presente. Quizá por ser la vuelta atrás el único susurro posible para mantener viva la memoria, siendo ya los gritos casi inoportunos:
“Sobre las ocho palmeras del Feddán se extendía un policromo abanico de anaranjadas sinfonías que anunciaban un nuevo ocaso. Las golondrinas sobrevolaban la inmensidad del espacio atravesando la plaza de norte a sur en sincronizados vuelos que dibujaban angelicales vuelos llenos de alma y paz” (La Mañana; núm. 65; 4-10 de febrero de 2003).
“De aquel viejo Feddán sólo quedan las ocho palmeras que llevan, cada una de ellas, el nombre de una ciudad andalusí y los recuerdos en las alforjas de cada vividor y de cada ave que aún sobrevuela el lugar” (La Mañana; núm. 65; 4-10 de febrero de 2003).
Con los mismos parámetros nostálgicos se recorre también un Río Martín, “aún envuelto en la fascinante manta que cada alborada lo envuelve con el rocío de la mar salada” y que parecía, desde la Chumbera, pero también desde los latidos del corazón del autor, como “una joya engalanada de estelas y saetas que bailaban su sinfonía más singular”. (La Mañana; núm. 63; 21-27 de enero de 2003)
“Aquella mañana, -dirá el articulista conjugando otra vez su presente en pasado- tenía mi alma ganas de regocijarse y emprendí el camino más soñoliento que los mundanos podíamos cruzar en aquellas épocas de nostalgia y del humanismo más omnipresente” ”. (La Mañana; núm. 63; 21-27 de enero de 2003)
Pero, a veces, pasado y presente se confunden en una entidad que se inscribe fuera del tiempo de los hombres para convertirse en un utópico sueño que cabe tan sólo en el poderoso mundo de las palabras. Como el conmovedor principito, era legítimo para el periodista alzar esta bella ciudad a la altura del sueño: soñar por ejemplo con el teleférico que proyectaba unir el monte Dersa con unos paraje de la Torreta “para disfrutar de las panorámicas variopintas que ofrece la zona”… o soñar con la reimplantación “del trolebús de circunvalación/…/ y volever a trazar una línea férrea como la que había antes” (La Mañana; núm.49; 8-14 de octubre de 20 02). Poco importa si a nadie le importa el sueño si lo más importante es el soñar.
Y es muy sugerente al respecto que uno de los artículos del periodista, titulado “Los poetas que nunca publicarán sus genialidades”-diríamos nosotros sus sueños-, artículo consagrado al poeta romántico español Gustavo Adolfo Bécquer, que los dos romanticismos se confunden.
En su peregrinaje hacia el Sur, que supone en cierta medida una separación con el espacio inicial y el de siempre, el autor busca compañía: “un libro-talismán que me evade del entorno hostil”. Se trata de Rimas y Leyendas del mencionado poeta; el libro que le alivia de su “exilio obligado de Tetuán·” y que apacigua las tensiones que supone la separación:
“Me siento andalusí leyendo tanto amor y me relajo de las tensiones sufridas por la inaptitud y por el desconocimiento de las éticas y de la negligencia”. La llama que se desprende de los versos de este poeta, será incluso un arma que despierta el silencio:
“La llama de tu amor será una oportunidad para criticar el silencio de los poetas marroquíes que callan sus emociones y “que se confunden con los semáforos por su falta de movimiento”. ( La Mañana; núm. 93; 20-26 de agosto de 2003)
Pero el susurro se transforma a veces en grito cuando lo contemplado inspira la desolación, en una ciudad rica en potencialidades, y cuyos hijos, como Tarik Ibn Ziad, concebido como el “primer harrag”(La Mañana; núm.49; 15-21, octubre de 2002), dejan el país en busca de una vida mejor.
De allí la necesidad, tratándose por ejemplo de las artes plásticas, de “volver a replantear el momento de las artes plásticas de Tetuán como cúspide de la pintura nacional y enlazar la historia reciente de las últimas seis décadas con el presente para mantener la llamarada artística viva y poder pasar el testigo a la generación venidera” (La Mañana; núm.58; 17-23 de diciembre de 2002)
Frente a una realidad que hace de Tetuán la ciudad donde hay más pintores, donde se pinta más, pero que es la más pobre en ventas por no encontrar el producto una salida, la administración, pero también las marcas y entidades comerciales e industriales de la ciudad deben tomar sus responsabilidades y cumplir con su deber de mantener el histórico brillo de la ciudad.
Pero por otra parte, el creador en esta ciudad no tiene que contentarse tan sólo con la creación, sino mojarse y comprometerse para implicar al otro y sobrepasar así la mediocridad en los gustos que “resalta con cegadores brillos propios”. Ser pintor, poeta o escritor, afirma Ahmed Mohamed Mgara, es “ser desafiante con las circunstancias socioculturales de la ciudad y estar en permanente enfrentamiento con la crudeza de la indiferencia y de la constante negación” (La Mañana; núm. 75; 22-28 de abril de 2003)
Esta misma indiferencia y dejadez caracteriza hoy el mundo de la publicación y de la edición.
Con motivo del homenaje a la revista Al Moatamid y a su directora Trinidad Sánchez Mercader (conocida por Trina Mercader), el periodista denuncia la situación de la revista “arrinconada entre los mugrientos baúles del olvido”…. Y de la cual sólo siguen hablando unos cuantos “carrozas”. Ahmed Mohamed Mgara añora aquí su contenido “que era una auténtica eclosión poética, significando un trampolín para dar a conocer a muchos poetas en diferentes sitios y catapultar a otros en la fecundidad de la fama y del reconocimiento”. Es una revista –dirá el autor- que supuso “un almacenamiento de sentimientos y de ilusiones”, pero que se ha incrustado en “la tenebrosidad de la negación y del olvido para quienes no conciben la poesía como la llama que alimenta el fogueo de la intelectualidad de cualquier sociedad” (La Mañana; núm. 82; 3-9 de junio de 2003).
Esto nos sitúa de pleno en el problema agudo de la edición del texto en español en Marruecos que fue siempre, según las propias palabras del autor: “un poema idílico con final triste”. Como testigo presencial de todo cuanto pasa en la zona norte, Ahmed Mohamed Mgara hablará de periódicos que salen para desaparecer luego “dentro de un paraninfo de negativismos y suspiros”….y de una ciudad (Tetuán) que “está en la convalecencia de esa “expresión” que lleva siglos de arraigo” (La Mañana; núm. 67; 18-24 de febrero de 2003)
“Los pocos poetas que han conseguido publicar sus obras- subraya el periodista en un tono de denuncia de la situación cultural en la zona- lo han hecho desmantelando sus ahorros o ahorcándose con un desafiante crédito que sus ediciones nunca pueden pagar”. Conservan así “sus versos en carcomas de papel y escritos con tinta de dolor y quejidos en espera de que sus herederos cuiden de ellos o los depositen en el contenedor más próximo; si es que no acaban en las manos de esos vendedores de pipas y cacahuetes” (La Mañana; núm. 75; 22-28 de abril de 2003)
En un tono sarcástico, teñido de un humor negro, y pese a la tristeza de la afirmación que quiere ser realista y ser fidedigna a la realidad, Ahmed Mohamed Mgara termina diciendo:
“Es triste decirlo pero no deja de ser carismático el hecho de que, muchos pintores y literatos de Tetuán acabarán pintando y escribiendo en “papel higiénico” para que su obra pueda ser sentida y palpada” (La Mañana; núm. 75; 22-28 de abril de 2003)
Terminamos con estos mismos versos de Bécquer, que el articulista cita en el artículo anteriormente citado, y que son a nuestro parecer, un claro homenaje y una verdadera declaración de amor por la paloma blanca. Haciendo suyos en cierta medida estos versos, Ahmed Mohamed Mgara, mezclando sus gritos y susurros, le dirige a la paloma de su infancia un vibrante homenaje que la memoria de esta ciudad tiene que recordar y agradecer:
“¡Todo sucederá! Podrá la muerte
Cubrirme con su fúnebre crespón;
Pero jamás en mí podrá apagarse
La llama de tu amor”
( La Mañana; núm. 93; 20-26 de agosto de 2003)

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