EL PREMIO DE LAS DOS ORILLAS


El Premio Nobel que se acaba de conceder a Mario Vargas Llosa me ha llenado de una gran satisfacción, porque estoy convencido de la excelente calidad que hay en la creación de su narrativa y la profunda inteligencia que ha puesto al servicio de la literatura. Pero también porque, de alguna manera, entiendo que este Nobel ha sido un reconocimiento a la lengua española.

Parece ser que a los únicos que no les ha gustado ha sido al ¿actor? Willy Toledo que suele estar en contra de todo y también al profesor que ya todos conocemos (muy conocido como “el gorrón” en Algeciras) y que quiere ser el novio en la boda, el niño en el bautizo y el muerto en el entierro y pensaría que el candidato debería haber sido él. Desgraciadamente para él mismo, vive amargado en esa su única labor en la vida que es la de criticar a todo el que no hace lo que él dice e, incluso, hasta al mismo Vargas Llosa.

Pero bueno a lo que iba porque no voy a perder mas tiempo con este personaje que lo único que es realmente suyo es su propio complejo de inferioridad que le hace creerse por encima del bien y del mal.

Este premio es también, como decía antes, un acto de reconocimiento a la lengua española, la lengua de las dos orillas, las dos orillas que hoy se sienten premiadas en la misma medida que debe sentirse Vargas llosa, que ha sabido acercarse no sólo a ellas con sus historias sino a todas las orillas de todos los países del mundo.

Pienso que este Nobel nos toca muy de cerca porque desde que en 1962 llegó a España para recibir el Premio Biblioteca Breve con su precioso libro “La ciudad y los perros” no ha dejado nunca de visitarnos y de recibir numerosas muestras de admiración y afecto por parte de instituciones oficiales o privadas y del público que se acostumbró a leerle en los periódicos y en las publicaciones españolas, a verle en televisión y, por supuesto, a leer sus libros que ha ido publicando en editoriales españolas a lo largo de todo este tiempo.

De alguna forma, mucho antes de conseguir la nacionalidad española, Mario Vargas Llosa ya era considerado por todos como un ciudadano más de este país que se ha sentido orgulloso de que nos hubiera elegido como compatriotas.

Peo como comentaba al principio de este artículo, este Nobel es también un reconocimiento a la lengua española. Y en este punto, quiero apostillar que es también un reconocimiento al Hispanismo de la otra orilla, de la de Marruecos, en la que durante muchos años un pequeño grupo de escritores conservaron el español como expresión de sus inquietudes literarias en unos momentos en los que escribir y publicar en español estaba casi perdido.
Hoy, afortunadamente, esto ha cambiado y existe un excelente plantel de escritores que escriben en español encabezados por mi amigo Ahmed Mohamed Mgara y por quienes le acompañan en esa antología hispano marroquí CALLE DEL AGUA, excelente trabajo de investigación en la que aparecen la mayoría de los hispanistas de Marruecos. Este Nobel es también un reconocimiento a ellos. El propio Vargas Llosa lo ha puntualizado: “Éste es un reconocimiento a la lengua que hablamos cientos de millones de personas”.

Pero si fuera de España no han faltado los elogios, en el interior hay zonas en las que la concesión del Nobel ha caído como un jarro de agua fría. “Los peores enemigos se encuentran entre los de nuestra sangre”, dijo alguien. El reconocimiento universal a Vargas Llosa, por ello, ha sido, además de justo, oportuno. El idioma español avanza triunfante. Los enanos sufren por esta grandeza. ¿Qué estarán pensando los que han sido multados, o corren peligro de serlo, por utilizar la lengua española en sus rótulos comerciales en Cataluña?
¿Qué papelón asumen los que utilizan intérpretes en el Senado? Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, “papelón” es la actuación ridícula de alguien.

Patricio González

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