08 abril 2008

Desde Granada...Messari escribió.


Espacio común, memorias distintas

El primer dato que determina las relaciones entre Marruecos y España es la vecindad. En la Edad Media formábamos El Occidente Musulmán, Algharb Al Islami, que se manifestaba como una entidad cultural, distinguida con su arquitectura, gastronomía, música, caligrafía y vestimenta. A veces hemos formado una misma entidad política. Sin embargo, ocupando el mismo espacio, hemos ido adquiriendo, cada uno su propia memoria.
Tuvimos contactos de toda índole, comercio, guerras y otras formas de intercambio de influencias y costumbres. Incluso se puede hablar de interrelaciones demográficas. A causa de todo esto, existe cierta ambigüedad, en nuestro relacionamiento, que es el producto de experiencias vividas en la modernidad, bajo el Protectorado, pasando por 1860.
El primer aspecto de esta ambigüedad se manifiesta en el hecho de que, Marruecos en España, no es meramente un tema de política exterior. En Marruecos, al contrario, si lo es. Empezaré a exponer la parte más simple de esta reflexión.
España para Marruecos, tanto como estado, o como sociedad, es un vecino con el cual hay que contar. Especialmente por que el cincuenta por ciento de los problemas externos que hay que resolver, son relacionados con el vecino del norte. Esto esta claro en lo que respecta a litigios territoriales, sobre todo hasta 1975. También esta muy claro en lo que respecta los problemas económicos, en diversos niveles, o lo que respecta a temas de seguridad, de diversa índole. Se trata de un socio, con el cual se prefiere estar en buenos términos. Más aun, se inclina a preconizar que haya una cierta complementariedad e incluso complicidad.
En una histórica entrevista, en abril de 1958, en Cintra, (Portugal), Ahmed Balafrej, entonces ministro de asuntos exteriores marroquí, expuso el siguiente raciocinio, a su homologo español, Fernando Castiella; el Marruecos independizado, seguirá teniendo imperativamente, unas relaciones muy especiales con las dos potencias que le colonizaron. Esta en la consciencia de todos sus mandatarios, el convencimiento de que, no le convenía estar en un “tete a tete” con Francia. Por eso Marruecos reivindicaba una marcada presencia de España, cultural y económicamente. Sabemos que esta exhortación no fue atendida.
A pesar de las turbulencias de la política de los anos sesenta y setenta, los marroquíes continuaron fieles a ese raciocinio. En efecto, por voluntad marroquí, España, del decimosegundo lugar de la lista de los socios económicos, en 1976, llego a ser hoy el segundo socio comercial y económico de Marruecos. Y por voluntad propia del gobierno de Marruecos, existen hoy en DIA, unos cincuenta mil alumnos, que estudian el castellano en la escuela pública marroquí, con manuales preparados por Marruecos, y un profesorado marroquí formado, por propios medios, para enseñar el castellano. Y esto no ocurre apenas en la zona del norte, sino en Benimellal, Agadir, u Oujda donde nunca llegaron las boinas de Millán Astray.
Ahora paso a la otra arte de este planteamiento. El tema de Marruecos es evocado en España, cargado de ambigüedades, de modo que raramente es tratado como un tema de política exterior.
La ex ministra Ana Palacio, hizo una declaración expresiva, en su primera comparecencia delante una sesión conjunta, de las comisiones de defensa y asuntos exteriores del parlamento español, en la mañana del 17 de julio de 2002, en plena crisis del Perejil. La ministro/a, había dicho que salvo el episodio de Covadonga, ella siempre, concebía positivamente un relacionamiento fluido con Marruecos. La fecha de 711 fue la única cita histórica que se le ocurrió mencionar, a la eminente jurista, en aquel momento, asociando así, a Don Pelayo y Lala Rahma de las siete cabras.
Para la elite y para el vulgo, Marruecos no es un tema normal de la política exterior. Desde hace mucho tiempo, existen en el imaginario español dos Marruecos, forjados desde dos Españas. Marruecos de Joaquín Costa, y el de Canovas del Castillo (quien consideraba que España acaba en el Atlas). El Marruecos de O’donell que recuerdan las calles Tetuán que abundan en toda la geografía española, y el Marruecos que evoca J. M. Zaldo, “averroísta” y jefe del lado español de la comisión de empresarios españoles y marroquíes, quien escribió meses después de la crisis de Perejil, que los empresarios españoles no se dieron cuenta, durante aquel episodio, de que había una crisis entre los gobiernos de los dos países.

En función de esta dualidad que se manifiesta paralelamente en dos Marruecos y dos Españas, existe en el fondo de la personalidad del español, un dilema de identidad, que supone que no se ha resuelto decisivamente el problema del Otro que esta en el interior. Es lo típico en países limítrofes. Los andalucistas han estudiado bastante, el problema de las situaciones fronterizas en la España anterior a 1492, donde se ve que los límites separan y unen a la vez.
Posteriormente, España avanzó hacia el sur, tal como hicieron otras naciones europeas, con la particularidad de que para España se trataba de concluir la Reconquista allende el mar.
En las acciones de España en las costas marroquíes en el Mediterráneo y el Atlántico, se buscaba, no apenas cumplir con una “misión histórica”, sino evitar que sean otros, los que se acaparen de la influencia, en el espacio marroquí.
Luego, con lo que supuso 1898, España se conforma en Algeciras (1906) de una presencia simbólica, en Marruecos, conservando durante todo un siglo, un resentimiento amargo, por la no equiparación de su propio status con el de Francia. Desde 1912, hasta la visita se Sarkozy (Noviembre 2007) se ha quejado a menudo de la prioridad adquirida por el país galo.
En la actualidad, los parámetros político estratégicos han transformado el concierto internacional y regional. Las fronteras han adquirido nuevas dimensiones. Con la globalización, la formación de grandes grupos de países y la interdependencia de los intereses y las preocupaciones económicas y políticas, el mundo entero esta atravesando un periodo transitorio. Tenemos que adaptar nuestras relaciones a las realidades del momento. La vecindad adquiere nuevas dimensiones.
El relacionamiento entre España y Marruecos esta obedeciendo a esta nueva dinámica. Las transformaciones acaecidas en los últimos tiempos, han ayudado a cambiar la lógica de las cosas. Cada vez las relaciones bilaterales han ido cobrando más dosis de racionalidad, al compás del proceso de la integración europea.
En los anos ochenta, cuando Miguel Aldasoro, entonces, secretario de estado de pesca, había aclarado a las cofradías de pesca andaluzas y gallegas, que las aguas territoriales marroquíes eran propiedad de un estado soberano, pareció como si tratase de un nuevo Lebrija, estableciendo bases de una gramática, que había que aprender.
El problema de la pesca, ahora, ha cambiado de parámetros, ha pasado de un carácter arcaico, de pretendidos “derechos históricos” en las aguas marroquíes, a un expediente que obedece a cálculos precisos, llevados a cabo a través de negociaciones entre Rabat y Bruselas.
Atravesamos de veras nuevos tiempos. Precisamente en lo que conciernen las relaciones entre Rabat y Bruselas, España esta obrando en las instituciones de la UE, en el sentido de defender el dossier de Marruecos, que pretende acceder a un estatus de socio avanzado.
De otro lado, sigue en vigor, una literatura exótica que habla de “país alauita” de “poder jerifiano” y también sigue en vigor una animosidad que no perdona a SM el Rey Juan Carlos sus palabras amables durante el entierro de SM Hasan II. Sin embargo se tiende a configurar unas relaciones impregnadas de modernidad, entre dos países que pertenecen al mundo de hoy.
Junto con el déficit de modernidad que ha sufrido nuestro relacionamiento hasta mediados de los anos ochenta, existe también el hecho de que ciertas fuerzas políticas españolas emplean el tema marroquí, como medio de intrigas partidistas, en el sentido de crear recíprocos embarazos políticos.
Sin embargo, actualmente, se puede decir que la tradicional carga de animosidad con respecto a Marruecos esta perdiendo agudeza. En los recientes programas electorales de los dos partidos mayoritarios, se observa que tanto el PSOE como el PP, se expresaban en términos tendientes a tratar el tema marroquí con objetividad y realismo. CiU se distinguió con semejante postura, en el ámbito autonómico
A nivel de las masas, muchas cosas se han corregido, prueba de ello, el comportamiento magnánimo de los españoles en general, a raíz del 11 M de 2004. La opinión publica y publicada en España, concibió aquella tragedia en su justo significado, como producto de un criminal terrorismo y no culpo a los miles de marroquíes que viven en el país.
En los cuatro anos pasados, la política exterior española, se ha percibido en Marruecos como una línea nueva trazada en el sentido de previligiar la concertación y el realismo, antípoda de la línea de los nuevocons, generadora de la desastrosa situación creada en el Irak, y en el OM en general.
Tras la retirada de las tropas españolas de Irak, escribí que aquello podía ser considerado como un paso, en el sentido de investir en una Europa más europea, que haga contrapeso al unilateralismo, y, como un presagio de la vuelta al multilateralismo, como método.
Puedo confirmar, ahora, que la línea política trazada y seguida en España durante los cuatro anos pasados adquirió mucho respeto por las fuerzas democráticas en Marruecos. Las actuales condiciones internacionales, llevaran a las principales fuerzas políticas en España, a concluir acuerdos de estado sobre la política exterior, cosa que sin duda, tendrá sus sanas consecuencias sobre la situación en nuestra región; y por supuesto sobre la relaciones hispano marroquíes.

Mohamd Larbi Messari
Granada 2 de Abril de 2008