El día que perdí aquello...


Julio, Ahmed, Annabel y Lharraz en el ensueño de Chauen.


EL DÍA QUE PERDÍ AQUELLO...
Para que lo lea mi amigo Julio Pavanetti... y que mejore su salud.
Por: Ahmed Mgara

Llegué a mi Málaga del alma a media tarde. Todo me resultó confuso mientras mis ojos me iban llenando de incredulidades fastuosas. Me costaba creer que estaba envuelto de recuerdos lejanos cuyos escenarios no podía visualizar.
Las calles que el autocar iba cruzando me resultaban nuevas desde que nos acercamos a la entrada de la ciudad. Llegar a San Julián y ver el cruce del aeropuerto fue mi primera referencia. Sería una de las últimas a la hora de localizar, en vano, los lugares pretendidos.
Y llegué a la antigua estación de la RENFE. Allí, muy cerca de la misma, estaba la nueva estación de autobuses. Calle Córdoba y aquella parada terminal del Portillo quedaban algo lejos aunque la del Alsina se quedaba un poco más lejos.
Carretería, Mariblanca, Mártires, Nosquera, Gigantes, La Alameda, Nueva, Compañía... nombres de calles que se vieron apagados en la pupila de mis ojos cada vez que procuraba hallar en sus aledaños los lugares que yo recordaba y las gentes que, en sus comercios, me atendían.
Me sentía apagado y callado en mi interior. ¿Dónde estaba mi Málaga? Me preguntaba, en vano. ¿Dónde estaba yo? Me volvía a preguntar, derrotado en la humillación de los años. Tres de las casas donde viví en alguna época, ya no estaban, ni tiendas, ni cafés donde solía comprar y consumir.
¿Dónde está aquel bar de la esquina, o aquel kiosco donde me compraba el periódico matutino? ¿Dónde estará aquel viejo ciego que vendía lotería prometiendo ganancias que nunca llegaban? ¿Dónde están la panadería que, en Carretería, abría los domingos en esa calle desvestida y la pastelería de la esquina de donde me compraba leche en tetra break piramidal?

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Querido Ahmed:

Te comprendo perfectamente porque tan triste es constatar la desaparición de cosas que tienen que ver con nuestra vida, como constatar que han aparecido otras con las que seguro que ya no podrás sentirte identificado nunca porque no estabas ahí cuando nacieron.
Hace pocos días, leyendo por internet un diario de Uruguay, tuve que buscar en Google el nombre de un pueblo o ciudad que nunca había oído.
Resultó que era una playa muy famosa (allí es verano) sobre el Océano Atlántico y que hace 8 años cuando dejé mi país no estaba.
Se llama "Antoniópolis" seguramente en homenaje a algún Antonio que se la sacó de la manga para atraer a jóvenes turistas deseosos de aventuras veraniegas.
En fin, querido amigo, que ya nada es lo que era.
Un abrazo
Annabel

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