20 enero 2010

Lejos del Albaizín

LEJOS DEL ALBAIZIN.

Por : ahmed mgara



Aún recuerdo el rocío del amanecer reposando sobre los húmedos adoquines que cubrían la mágica alfombra del Albaizín de aquellos mágicos años setenta. Aún florece en mi alrededor el olor a jazmines y a damas de noche envolviéndome de sueños que nunca llegué a vislumbrar.

El invierno invitaba a disfrutar de esas olas de viento que galopaban a grupas de nieblas venidas de la Sierra ; daba la impresión de que el sol se resistía a coronar el día con la ira de sus luces.

Un naranjo, escarbado y semi podado, descansaba cerca de una farola oxidada por la edad. Estaba cansado de tantos años vividos… yo diría que rehusaba despertar.

La cal que vestía los exteriores de las casas estaba triste y apagada, cansada de tantos siglos de elegancia, sin poder abrazar la Alhambra que le guiñaba un ojo cada alborada. De tanta cal, las calles se iban estrachando cada vez más…

Una gitana me quiso leer la mano y predecir el futuro. Su faz era agreste y llena de surcos propinados por las décadas de vivencias. Me dijo que, en su Albaizín, aún ruge el clamor de un ser de mis antecesores y que, buscando entre el musgo de las eras, hallaría la estrofa perdida de los versos nunca terminados que escribiera.

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