09 enero 2008

De Papel Literario

ÁNGELES DEL DESIERTO

José Sarria

ÁNGELES DEL DESIERTO
Paloma FERNÁNDEZ GOMÁ
Colección Ancha del Carmen
Ayuntamiento de Málaga, 2007

Tres citas me llegaron a la memoria después de haber leído los poemas de Paloma Fernández Gomá, incluidos en su más reciente poemario ÁNGELES DE DESIERTO (publicado por la Colección Ancha del Carmen, que dirige José García Pérez, en Málaga). “La Diosa Razón: ramera de la poesía" (Carlos Edmundo de Ory), “Poesía es el arte de la elipsis y la sugerencia” (José Luis García Martín), y la poesía es “El testimonio del autor elevado a categoría de símbolo plenamente estético, perdurable y universal, pues el poeta es quien, más que mira, ve y, más que ver, elabora lo que mira” (Antonio Enrique).

ÁNGELES DEL DESIERTO es un texto de honda belleza metafórica. Paloma Fernández Gomá ha querido mirar, ver y descubrir (y con ello fundar, desde la palabra) otro mundo posible más allá de los límites peninsulares. En su empeño, de larga trayectoria, por tender puentes y acercar las dos orillas, medita y reflexiona, en sus poemas, para reconstruir aquello que nos separa de los vecinos del sur “hasta hacer brotar el manantial de la razón … / … donde habite una luminaria de paz, / un Estrecho de esperanza / donde haya de germinar la vida”.

Sus poemas son mucho más que meras actas notariales. A pesar de hablarnos (con un lirismo reflexivo, de gran carga simbólica) de lugares tan sugerentes como las rutas del Magreb, Tánger (desde la antigua Tingis), Tetuán, los olivos del Rif, Alcazarquivir, la Avenida de las palmeras de Larache o la desembocadura del río Lucus, no hace mera descripción de hechos cotidianos, ni es el suyo un simple libro de viajes. No espere el lector encontrar aquí una recreación romántica de un itinerario exótico, pues el texto, tomando como pretexto emplazamientos o estancias conocidas, se desliza desde la sugerencia y el misterio, hacia un mensaje de profundización, a través de concepciones luminarias de un mundo cuya llama es perceptible gracias a la visión del poeta. Los versos de ÁNGELES DEL DESIERTO se convierten en arquitectura poliédrica, en lenguaje de la interiorización, en voz poética del conocimiento, y los lugares geográficos meros elementos donde se sustenta la figuración literaria para transmitir un mensaje de enorme calado como es la denuncia del desarraigo social, de la muerte real que existe en la zona subsahariana, de las peligrosas las rutas del Estrecho o de las dificultades por sobrevivir en cualquier ciudad del Magreb (“En la periferia pernoctan ángeles / a la sombra de los limbos; / allí la derrota de sus alas / quedará expuesta a la penuria / de los ocasos”). Desde sus primeros textos, en Paloma Fernández Gomá, se vislumbraba, tal y como decía Rafael Soto Vergés "una mirada abierta a lo invisible", una decidida apuesta por indagar desde los espacios naturales conocidos, otros mundos mucho más profundos que los ofrecidos por la inmediatez de nuestros conocimientos más cercanos. Y así vuelve a ocurrir con esta nueva entrega literaria.

Los ángeles, personajes mitológicos, seres oníricos, entelequias del inconsciente, van tomando cuerpo, se adueñan del poemario, se transmutan (por el milagro de la palabra) en náufragos del Estrecho, en una pequeña vendedora de soles, en comerciantes de la medina de Arcila, en los hombres sin esperanza que beben té en el Café Central de Larache o en aquellos otros que miran desde Tetuán hacia la ausencia. Así, poco a poco, los ángeles del desierto, llegan a ser, se convierten, sobre las murallas de sus ciudades antiguas, con el rezo de sus mezquitas, desde las dársenas de sus puertos, sentados en el brocal de sus pozos sin agua o caminando por la estrechez de sus medinas, en protagonistas que van a denunciar, a través de los poemas, el “sacro silencio” con que nuestro tiempo trata de acallar la muerte que se concita en la otra ribera.

Y éste será también el empeño de Fernández Gomá, quien (como ya es habitual en su propuesta estética) desde un discurso arriesgado, con una poesía cargada de simbolismos, que denota en algunos momentos matices surrealistas, va a desarrollar toda una iconografía de la otra orilla con el deseo de que “tendamos la palabra / para estrechar horizontes