14 marzo 2012


DON CRISTOBAL
Por: Ahmed Mgara

Siempre pensé que las ciudades se constituyen de dos elementos básicos, cemento y ruido aparte, su gente o conciudadanos y su bagaje intelectual. En el caso de don Cristóbal, puede decirse que fue y es toda una Institución dentro del panorama sociocultural de la reverdecida Algeciras pese a que nunca llegué a conocerle personalmente aunque, conversando con mi amigo Patricio González, siempre sale a relucir don Cristóbal como referente testimonial por la labor desempeñada como cronista oficial de la ciudad y como fuente del conocimiento. Gracias a Patricio, otro patriarca algecireño, llegué a admirar a nuestro personaje y a apreciar la bella localidad de la Bahía.
Confieso que “el cuaderno” de don Cristóbal me ha hecho vibrar durante el trayecto de su lectura y emocionarme a ráfagas varias. Me explico.
Desde la mítica década de los años cincuenta del siglo pasado he estado atravesando la tierra de Algeciras, de tránsito, sin detenerme nunca en ver y descubrir sus atractivos hasta que participé en un coloquio hispano-marroquí en el Aula del Estrecho, hace unos años, ya. Y me preocupé en buscar las plataformas que fueron escenario relativo a la Conferencia de Algeciras, acontecimiento referencial para mí en aquella época cuando se aludía a Algeciras. El Ayuntamiento y el Hotel Reina Cristina fueron mis dos centros de atención. Desde entonces, siempre que fui invitado a participar en alguna actividad cultural en Algeciras, tuve la suerte de pernoctar en ese símbolo de la Bahía. Un hotel que me resultó emblemático y que posee secretos extra naturales o fantasmagóricos entre sus dependencias. Sensaciones que me resultaron efectivas hasta en el olfato. Caminar por los pasillos del Cristina me daba la sensación de estar acompañado por algún espíritu invisible, inconfundiblemente mágico, lo que corroboran tanto Patricio González como don Cristóbal en éste trabajo, testimonio-homenaje.
Don Cristóbal alude a un algecireño de pro, un jesuita que dedicó su vida a la juventud malagueña y que tuve el honor de conocer y tener como Director y como jefe a la vez. Me refiero al Padre Francisco Mondéjar Cumpián. Un hombre curioso, trabajador y luchador por la juventud y el futuro que se podía encaminar. He vivido años cerca de él y aún me perdura su recuerdo con detalles dignos de ser reconocidos. Fue entre 1974 y 1979.
En el n° 2 de de la colección Cuadernos de la Barraca, editado por la Fundación Dos Orillas, de la Diputación de Cádiz, Patricio González ensalza a don Cristóbal diciendo que: “Perdí a un amigo en el camino de la amargura” como pórtico a un reconocimiento que emana desde las profundidades del alma, un merodear entre las olas del recuerdo y del reconocimiento propios, solamente, de almas no menos gentiles y valerosas. Patricio habla por Algeciras a la hora de poner a don Cristóbal sobre un pedestal de valores éticos llenos de afecto, respeto y consideración sublime.
El Cuaderno concluye con una conferencia, preparada y nunca pronunciada, de don Cristóbal sobre el Hotel Cristina. Una síntesis apasionada sobre el historial del emblemático Hotel desde su metamorfosis hasta sus momentos actuales, un relato sugestivo que resume la elegancia patrimonial de ese edificio y sus dependencias a través de diferentes épocas y vicisitudes. Datos y fechas adornan el texto gráfico de un establecimiento que se convirtió en un símbolo de una tierra lúcida y dádiva. Una ciudad que se asoma cada alborada desde el balcón fecundo de la Península, como una “mariposa vestida de iris”, para bendecirle el día al águila herido, que es el Hotel Cristina.
Gracias, Patricio González.
Descansa en la paz del Creador; don Cristóbal.

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