05 junio 2009

Morales Lomas y Paloma Fernández Gomá

ACERCANDO ORILLAS
DE PALOMA FERNÁNDEZ GOMÁ

F. MORALES LOMAS


La lírica de “Acercando orillas” (Fundación Dos Orillas, Diputación de Cádiz, 2008) posee una voluntad de lenguaje y estilo, amén de un evidente proceso de comprensión de dos realidades, a veces tan cercanas y otras tan lejanas: la realidad del norte de África y la del Sur de España, que también conoce la escritora madrileña afincada en Algeciras desde hace muchos años. Fernández Goma hace tiempo que dirige una de las revistas más importantes de las que se publican en Andalucía, Tres orillas, y ha apostado decididamente por la poesía arábigo-andaluza, por la poesía en español que se escribe en Marruecos y otros países del Magreb. Hay, en consecuencia, una perspectiva histórica de comprensión que, sin duda, se ve recompensada en este poemario, que se adentra por la imagen y las realidades de esa calle llamada del agua, para referirse al Estrecho, que nos une y nos separa.
En “Acercando orillas” desde el título existe una voluntad ética. En su escritura se evidencia. Pero no como discurso retórico-social, hueco. El acompañamiento de una estética sonora, apoyada sobre la estructura del sintagma nominal y el adjetivo es determinante en su lírica. La imagen y la sonoridad son dos elementos que realzan este poemario en el que uno y otro están determinados por el paisaje y la adjetivación respectivamente. Esto se puede observar en los siguientes sintagmas nominales: filamentos astrales, tímpano ocioso, orillas núbiles, dólmenes fosilizados, ancho estertor, vigor exaltado, mirada cobriza...
Se trata de una poesía cargada de símbolos y, sobre todo, inserta en una literatura profundamente emotiva que trasciende la naturaleza y el paisaje, muy presentes en esta obra, para derivar hacia el cultivo de una poesía que trata de embellecer el lenguaje y acercarlo a su sonoridad prístina. Fez, Algeciras o el Río de la Miel son algunos de esos paisajes en los que los detalles más nimios, como la tórtola en su nido, denotan esa profundidad de observación que tiene la lírica de Fernández Gomá. Rehúye lo circunstancial y, cuando se adentra en los elementos paisajísticos o históricos procura darle una nueva voz, prestarle una nueva visión. Existe también un aire nostálgico de cosas o valores, o elementos de la naturaleza que el deterioro ha conformado. La presencia del agua, del mar como elemento trascendente tiene una presencia supina como en “Castillo de las cigüeñas”: “Delata el salitre su rastro en el olor”, unos versos donde la aliteración de vibrantes constata esa voluntad de estilo sonora que hay en su lírica.
El poemario está conformado en tres partes: Calle del agua (13 poemas), Ángeles del desierto (22 poemas), un poemario que se publicó en Málaga en el 2007 y ahora aparece de nuevo recogido en este poemario más amplio; y Única presencia (3 poemas).
El ángel como elemento simbólico donde los haya se adentra en el segundo apartado en el que se oye la voz de los pueblos oprimidos y su esperanza parece rota incluso cuando se presentan esas orillas fracturadas. Pero el espíritu es el mismo en todos los poemas, la necesidad de la descripción y la presencia de sonidos, luces, oscuridades y el agua como una simiente que ha de fructificar. La tarde también es motivo es muchos poemas y esos estertores decadentes junto a esa agua que se va a dormir en nostalgia y testimonios: “En sus márgenes se cobija el viento/ y devuelve su voz sonora”. Pero Paloma cree en la palabra como elemento indiciario para aunar esfuerzos, para devolver la aparente pérdida. A veces son paisajes recobrados, postales que se van imantando al alma con una fuerza inusitada y la excusa de los colores para adentrarnos en el ámbito de la denuncia social: “De nuevo el náufrago intentará/ alcanzar la playa”. Una poesía también doliente, nostálgica, muy juanrramoniana, que reposa sobre la sugerencia del verbo y su raíz de agua.
El pasado vuelve una y otra vez, la memoria y las esquinas del viento, la savia del sándalo o las llagas de la espuma. Entonces surgen los ángeles, los ángeles azules, los ángeles cromados, ángeles que lloran nocturnos y son custodios del vértigo de las sombras. Una poesía que llama al corazón, a la nostalgia y a la reflexión; también a la amistad, como el poema titulado “Desde la amistad”. Y finalmente Al-Andalus, el poema finisecular que de nuevo se adentra en ese juego de luces y sombras de la existencia, ese juego humano de heridas, de ausencias y reconstrucciones de la memoria, de la naturaleza y sus paisajes interiores.
En definitiva, un poemario profundo, cercano y doliente, que busca la conciliación con la palabra, con su sonoridad a través del encanto del paisaje vivido y un encuentro sentimental con el norte de África.

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