03 junio 2009

Paloma en el Ateneo de Málaga

OTRA CALLE DEL AGUA


JOSÉ SARRIA

Acercando Orillas
Paloma Fernández Gomá
Fundación Dos Orillas (Diputación de Cádiz, 2008)


A su ya considerable producción poética: El ocaso del girasol (Algeciras, 1991), Calendas (Madrid, 1993), Sonata Floral (Algeciras, 1999), Paisajes íntimos (Málaga, 2000), Senderos de Sirio (Bornos, 2000), Umbral de vigilias (San Roque, 2002), Lucernas para Jericó (Algeciras, 2003), Tamiz del desasosiego (Sevilla, 2003), Cáliz amaranto (Madrid, 2005) y Ángeles del desierto (Málaga, 2007), la escritora algecireña Paloma Fernández Gomá incorpora un nuevo poemario, Acercando Orillas (Fundación Dos Orillas, Diputación de Cádiz, 2008).

Bajo el título del poemario (de por sí bastante sugerente) se esconde la verdadera intención del pulso creador de la autora: propiciar la aproximación de las culturas, desde una mirada contemplativa del “otro”. Con el avance de la lectura tres citas acudieron a mi mente, desde los poemas de Paloma Fernández Gomá, incluidos en este su más reciente texto: “La Diosa Razón: ramera de la poesía" (Carlos Edmundo de Ory), “Poesía es el arte de la elipsis y la sugerencia” (José Luis García Martín), y la poesía es “El testimonio del autor elevado a categoría de símbolo plenamente estético, perdurable y universal, pues el poeta es quien, más que mira, ve y, más que ver, elabora lo que mira” (Antonio Enrique).

En la poesía de Paloma Fernández Gomá se vislumbra, como había indicado sabiamente nuestro admirado y desaparecido Rafael Soto Vergés, "una mirada abierta a lo invisible", una decidida apuesta por indagar desde los espacios naturales conocidos, otros mundos mucho más profundos que los ofrecidos por la inmediatez de nuestros conocimientos más cercanos. Esta característica simbolista (esencial para entender la poética de Fernández Gomá), alegórica, impregnada de cierto regusto culturalista, con la que se acomodan sus poemas, es la que subyace mayoritariamente en todo el poemario. Por ello Acercando Orillas (que se compone de tres partes: Calle del Agua, Ángeles del desierto –texto casi íntegro tomado de su anterior entrega- y Única presencia) es un texto de honda belleza metafórica. Paloma Fernández Gomá ha querido mirar, ver y descubrir (y con ello fundar, desde la palabra) otro mundo posible más allá de los límites peninsulares. En su empeño, de larga trayectoria, por tender puentes y acercar las dos orillas (Marruecos y España), medita y reflexiona, en sus poemas, para deconstruir aquello que nos separa de los vecinos del sur “hasta hacer brotar el manantial de la razón … / … donde habite una luminaria de paz, / un Estrecho de esperanza / donde haya de germinar la vida”.

Se hace imprescindible conocer, en este punto, la intensa labor llevada a cabo, desde el año 2000 hasta nuestros días, por la escritora con el fin de propiciar el acercamiento geográfico (posiblemente motivado por el hecho de vivir en las cercanías del Estrecho) entre los países ribereños del Mediterráneo. De su primer trabajo con Arribar a la Bahía (una hermosa recopilación de poemas y textos de autores españoles, gibraltareños y marroquíes, presentados en castellano y en árabe) surgió la idea de fundar la prestigiosa revista Tres Orillas (actualmente editando su número 10/11) y que bajo la dirección de Paloma Fernández Gomá pretendía ser punto de encuentro de la creación y del libre pensamiento entre autores andaluces, magrebíes, sefardíes y gibraltareños. Este aspecto integrador de culturas, como decíamos, es esencial para descifrar y profundizar en su poesía.

Así, los poemas de Acercando Orillas son mucho más que meras actas notariales. A pesar de hablar (con un lirismo reflexivo, de gran carga simbólica) de lugares tan sugerentes como las rutas del Magreb, Tánger (desde la antigua Tingis), Tetuán, los olivos del Rif, Alcazarquivir, la Avenida de las palmeras de Larache o la desembocadura del río Lucus, no hace mera descripción de hechos cotidianos, ni es el suyo un simple libro de viajes. No espere el lector encontrar aquí una recreación romántica de un itinerario exótico, pues el texto, tomando como pretexto emplazamientos o estancias conocidas, se desliza desde la sugerencia y el misterio, hacia un mensaje de profundización, a través de concepciones luminarias de un mundo cuya llama es perceptible gracias a la visión del poeta. Los versos se convierten en arquitectura poliédrica, en lenguaje de la interiorización, en voz poética del conocimiento, y los lugares geográficos meros elementos donde se sustenta la figuración literaria para transmitir un mensaje de enorme calado como es la denuncia del desarraigo social que conduce a la muerte en el Estrecho, por un lado, y la necesidad de encontrar lugares comunes entre los ciudadanos de las dos riberas, por otro.

Acercando Orillas intensifica, con una mirada altamente contemplativa, el deseo por hacer del Estrecho una verdadera calle del agua (varias veces citado por la autora en el poemario), donde habitan todos los amigos a los que dedica un poema tan hermoso como el titulado Desde la amistad, una calle del agua por la que deambulan con disímil suerte los ángeles del desierto, algunos de los muchos náufragos del Estrecho, comerciantes de la medina de Arcila, la voz de los minaretes de Fez, el olor del mar de Al-Yaziral-al-Hadra (Algeciras), hombres sin esperanza que beben té en el Café Central de Larache o aquellos otros que miran desde Tetuán hacia la ausencia.

Y éste será también el empeño de Fernández Gomá, quien (como ya es habitual en su propuesta estética) desde un discurso arriesgado, con una poesía cargada de simbolismos, cuasimística, que denota en algunos momentos matices surrealistas, va a desarrollar toda una iconografía de la otra orilla con el deseo de que “tendamos la palabra / para estrechar horizontes”.

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