12 junio 2016

Tetuán, suspiro morisco.
Del libro "Réquiem en Tetuán"
de Ahmed Mgara.

Mi tierra es como todas las ciudades. Es alma  y espíritu viviente, raíces que crecen en las profundidades y ramas que se alzan en las  alturas…semillas esparcidas por todos lares y en lo más lejano del cuero mundano.
Tetuán tuvo hijos ilustres que ahora tiene diseminados en minifundios distantes. Muchos de ellos salieron jóvenes en busca del saber, otros en busca del sustento y de un futuro menos cruel    y más prometedor. Otros salieron de Tetuán ya maduros para ocuparse de cuestiones concretas o misiones determinadas. Pocos vuelven a las callejas y plazoletas del lugar, por olvido o por imperativos, no sé; pero dejan tras de sí una ciudad que les vio nacer y que les dio el surgir…que los necesita.

Tetuán se vio desahuciar por quienes ella amamantó desde la más temprana edad…y no pensaron en volver porque adquirieron su nueva identidad. Cambiaron de aspectos y de rasgos faciales, sus cuerdas bucales endurecieron su tino sin acierto y, del Feddán, pasaron a tomar su té con menta en otros lugares - tal vez - más exóticos, pero menos espirituales, menos altivos.
Ellos se fueron atravesando los asfaltos casi sin equipaje y en busca de tierras nunca prometidas; se instalaron en la mar del olvido. Unos más lejos que otros, pero lejos de la magia y del encanto secular de la ciudad que, harta de esperar, se desplomó sobre el pinar del Dersa con desparpajo y, en excelso descansar, creció en su extensión con desproporción; y otros seres de otros lugares poblaron sus arrabales gozando de los encantos de esta ciudad fértil que ve pudrirse sus frutos después de su madurez.
Cansada, intenta descansar mientras contempla los renglones de la historia recitar su nombre con largas reverencias, llenas de espiritualidad y aflorando entrañas.
Tetuán intenta descansar olvidando los olvidos sufridos por sus hijos  y acostumbrándose, paulatinamente, a su desesperación.
Las tempestades que cubren el verdor de los encantos de paz y de sosiego alumbran desde el Dersa la sensualidad del Gorgues enviando a todas las cumbres su sensualidad desde Tetuán con amor.

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